Esta historia, situada en 1999, es contada en forma de recuerdo. Benjamín Espósito, secretario de un Juzgado de Instrucción de la Ciudad de Buenos Aires, está a punto de retirarse y decide escribir una novela basada en un caso que lo conmovió treinta años antes, del cual fue testigo y protagonista. Su obsesión con el brutal asesinato ocurrido en 1975 lo lleva a revivir aquellos años, trayendo al presente no sólo la violencia del crimen y de su perpetrador, sino también una profunda historia de amor con su compañera de trabajo, a quien ha deseado y amado fervorosamente y en silencio durante años. La novela que escribe Espósito nos hace recorrer los años 70, cuando en Argentina se vivían épocas turbulentas, el aire estaba enrarecido y nada era necesariamente lo que parecía ser. Una historia dramática donde se ponen a prueba muchas cosas, desde la decisión de tomar a la justicia por manos propias, hasta la lealtad, el poder, la amistad e incluso... el amor.
Me asincero, aún no la vi, pero con ver esto ya me entran ganas de ir al primer videoclub que encuentre y alquilarlo. Darín siempre me impresiona con sus interpretaciones. Para mí, lo más grande que tiene Argentina en el cine. ¡Gran valor! Y los actores que lo acompañan, basándome en la carrera televisiva de quienes sigo hace unos años (Rago, Francella), solo puedo decir que son muy buenos actores. Importantes soportes para que Juan José Campanella y Ricardo Darín puedan haberse ganado el Oscar.
viernes, 12 de marzo de 2010
Un Oscar más para América Latina
Nuevamente un Oscar vino a Sudamérica. Esta vez a Argentina y gracias a la estatuilla por Mejor Película Extranjera que se ganó El Secreto de sus Ojos, protagonizada por Ricardo Darín, estelarizada por Soledad Villamil y Pablo Rago y que cuenta con la participación especial de Guillermo Francella.
Su director, Juan José Campanella, que ya estuvo nominado por "El hijo de la novia" (2001), ha logrado la segunda estatuilla para su país tras "La historia oficial", que obtuvo en 1985.
Simplemente es un orgullo para toda esta parte de América que un premio de la Academia haya caído en estas tierras. Más allá de que la misma vaya por segunda vez a Argentina o a la parte que fuere de este pedazo del continente. Ya pasamos por un orgullo de esta dimensión durante la entrega de las estatuillas en el 2005, en que por primera vez en la historia de los Oscar, una canción en español era nominada y premiada, en esa ocasión quien se llevó el premio fue Uruguay, por la Mejor Canción Original tras la magnífica Al Otro Lado del Río, compuesta e interpretada por Jorge Drexler para la película Diarios de Motociclieta. Aunque fue una pena que haya generado tanta polémica porque como decían que Drexler no era tan conocido a nivel mundial, tuvieron que dejar que el tema lo interpretara Antonio Banderas en compañía del guitarrista Carlos Santana en plena ceremonia de entrega. Pese a que el cantautor uruguayo no estaba de acuerdo con esto, accedió y cuando pasó a recibir el premio en lugar de dar el respectivo discurso de agradecimiento interpretó un fragmento de su canción a capella, obteniendo de alguna manera su revancha. Bien, humilde y bastante digno, viniendo de un doctor en medicina que por amor al arte dedica parte de su vida a la composición e interpretación musical y todo un orgullo para Latinoamérica contar con este tipo de talentos (además de ser uno de mis músicos de cabecera), motivo por el cual quise recordar ese hecho en este apartado cibernético.
Esta vez cabe destacar la labor del señor Ricardo Darín dentro del mundo de la actuación. Actor, director y guionista argentino, que desde los 10 años dedica su vida a la actuación. Haciendo teatro, cine y televisión junto a importantes figuras del medio y de a poco, convirtiéndose en una de las más representativas imágenes del cine argentino, tras ponerse en la piel de incontables personajes demostrando su versatilidad y gran capacidad artística, debidamente sobrevalorada por la crítica internacional. Y finalmente llega a la consagración de su carrera con el Oscar a la Mejor Película Extranjera por encabezar El Secreto de sus Ojos, junto a otros importantes valores del cine argentino. Dirigida por Juan José Campanella y basada en la novela La pregunta de sus ojos, de Eduardo Sacheri. Tras compartir terna con Ajami (Israel), La Teta Asustada (Perú), Un Profeta (Francia) y La Cinta Blanca (Alemania). Sí, es cierto, el premio va directamente para Campanella, quien dirgió esta joya del cine argentino. Pero seamos sinceros, Darín lo venía buscando y hace años se lo tenía ya bien merecido por su incansable labor dentro del cine.
Esta estatuilla no es más que un incentivo de que cuando se quiere, se puede. No importan las distancias, los años que pasen ni el gran esfuerzo que hagamos, siempre se es recompensado. Una prueba más de que hay mucho talento por descubrir y de que el arte siempre provee, desde premios sólidos hasta gratificaciones, que son más que esenciales para no coartar un sueño y seguir remando para adelante. Porque como diría Drexler: "Porque sobre todo, creo que no todo está perdido. ¡Rema, rema, rema!". Felicidades hermanos argentinos, hoy nos enorgullecen.
¡Bien por Sudamérica!
A modo de cierre de este sencillo homenaje al gran talento latinoamericano reconocido internacionalmente y manteniendo mi principio de que la música es la mejor compañía, les dejo Al Otro Lado del Río -cantada por él mismo-, el tema que dio a Drexler una gran consagración musical a nivel mundial y que por sobre todo, tiene un fuerte mensaje positivo. Que lo disfruten, porque bien vale la pena.
Su director, Juan José Campanella, que ya estuvo nominado por "El hijo de la novia" (2001), ha logrado la segunda estatuilla para su país tras "La historia oficial", que obtuvo en 1985.
Simplemente es un orgullo para toda esta parte de América que un premio de la Academia haya caído en estas tierras. Más allá de que la misma vaya por segunda vez a Argentina o a la parte que fuere de este pedazo del continente. Ya pasamos por un orgullo de esta dimensión durante la entrega de las estatuillas en el 2005, en que por primera vez en la historia de los Oscar, una canción en español era nominada y premiada, en esa ocasión quien se llevó el premio fue Uruguay, por la Mejor Canción Original tras la magnífica Al Otro Lado del Río, compuesta e interpretada por Jorge Drexler para la película Diarios de Motociclieta. Aunque fue una pena que haya generado tanta polémica porque como decían que Drexler no era tan conocido a nivel mundial, tuvieron que dejar que el tema lo interpretara Antonio Banderas en compañía del guitarrista Carlos Santana en plena ceremonia de entrega. Pese a que el cantautor uruguayo no estaba de acuerdo con esto, accedió y cuando pasó a recibir el premio en lugar de dar el respectivo discurso de agradecimiento interpretó un fragmento de su canción a capella, obteniendo de alguna manera su revancha. Bien, humilde y bastante digno, viniendo de un doctor en medicina que por amor al arte dedica parte de su vida a la composición e interpretación musical y todo un orgullo para Latinoamérica contar con este tipo de talentos (además de ser uno de mis músicos de cabecera), motivo por el cual quise recordar ese hecho en este apartado cibernético.
Esta vez cabe destacar la labor del señor Ricardo Darín dentro del mundo de la actuación. Actor, director y guionista argentino, que desde los 10 años dedica su vida a la actuación. Haciendo teatro, cine y televisión junto a importantes figuras del medio y de a poco, convirtiéndose en una de las más representativas imágenes del cine argentino, tras ponerse en la piel de incontables personajes demostrando su versatilidad y gran capacidad artística, debidamente sobrevalorada por la crítica internacional. Y finalmente llega a la consagración de su carrera con el Oscar a la Mejor Película Extranjera por encabezar El Secreto de sus Ojos, junto a otros importantes valores del cine argentino. Dirigida por Juan José Campanella y basada en la novela La pregunta de sus ojos, de Eduardo Sacheri. Tras compartir terna con Ajami (Israel), La Teta Asustada (Perú), Un Profeta (Francia) y La Cinta Blanca (Alemania). Sí, es cierto, el premio va directamente para Campanella, quien dirgió esta joya del cine argentino. Pero seamos sinceros, Darín lo venía buscando y hace años se lo tenía ya bien merecido por su incansable labor dentro del cine.
Esta estatuilla no es más que un incentivo de que cuando se quiere, se puede. No importan las distancias, los años que pasen ni el gran esfuerzo que hagamos, siempre se es recompensado. Una prueba más de que hay mucho talento por descubrir y de que el arte siempre provee, desde premios sólidos hasta gratificaciones, que son más que esenciales para no coartar un sueño y seguir remando para adelante. Porque como diría Drexler: "Porque sobre todo, creo que no todo está perdido. ¡Rema, rema, rema!". Felicidades hermanos argentinos, hoy nos enorgullecen.
¡Bien por Sudamérica!
A modo de cierre de este sencillo homenaje al gran talento latinoamericano reconocido internacionalmente y manteniendo mi principio de que la música es la mejor compañía, les dejo Al Otro Lado del Río -cantada por él mismo-, el tema que dio a Drexler una gran consagración musical a nivel mundial y que por sobre todo, tiene un fuerte mensaje positivo. Que lo disfruten, porque bien vale la pena.
martes, 9 de marzo de 2010
Yo, mujer

"¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Yo que soñaba despierto ya no sueño dormido. No entendí si ibas a ser libre o esclava. No entendí si fui tu dueño o un borracho que pasaba. Soy grande pero tengo algo que aprender, es el día mundial de la mujer", verseaba Andrés Calamaro en uno de esos pasionales renglones costumbristas.
A lo largo de la historia, las mujeres hemos sido utilizadas y pisoteadas. Y no es puro feminismo lo mío. Nuestras antepasadas no tenían derecho al voto y solo debían dedicarse a traer hijos al mundo y servir al hombre haciendo las labores del hogar.
Enfocándonos más enteramente en nuestra sociedad paraguaya, seguimos siendo conservadores. Desde pequeña a la mujer le enseñan que debe ser ama de casa, cocinar, planchar, lavar, barrer y criar a los hijos. Pero en realidad la mujer es mucho más que eso dentro mismo de una sociedad. La época actual está degenerando a las mujeres. ¿Cómo esperar romanticismo de parte de ellos en pleno siglo XXI si el mundo de la publicidad, del cine, el teatro y la televisión se valen de la imagen de mujeres bellas para promocionar y hacer exitosos sus productos? Usan a las mujeres como objetos de deseo, no como piedras preciosas, que por más antifashion que podamos ser, podemos valer mil veces más que una imagen escultural.
Hoy día, la mujer sigue luchando por la igualdad de derechos. Bien, que en realidad tan ardua lucha nos trajo bastantes problemas. Ahora nos ponemos lindas, salimos a trabajar, nos ponemos lindas, llegamos a casa para cocinar, barrer, limpiar y ordenar, nos ponemos lindas para recoger a los hijos de la escuela, nos ponemos lindas para recibir al marido del trabajo, nos ponemos lindas para dormir y volver a despertar impecables... Y en realidad, ¿cuándo nos vemos en la libertad de ser nosotras mismas, tal cual, sin maquillaje de por medio? ¿A quién se le ocurrió la poca brillante idea de la liberación femenina? En fin. Por una parte lo comparto, pero por la otra creo que en parte nos equivocamos a causa de nuestro afán ese de rebelarnos ante una sociedad machista.
La idea de un día internacional de la mujer surgió al final del siglo XIX, en plena revolución industrial y durante el auge del movimiento obrero. La celebración recoge una lucha emprendida en la antigua Grecia por Lisístrata, quien empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra, y que se vio reflejada en la Revolución Francesa: las mujeres parisienses, que pedían "libertad, igualdad y fraternidad", marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino, pero no fue sino hasta los primeros años del siglo XX cuando se comenzó a proclamar, desde diferentes organizaciones internacionales de izquierda, la celebración de una jornada de lucha específica para la mujer y sus derechos.
Es así como celebramos la igualdad de derechos, la liberación femenina y parte de nuestra gran tortura. Somos independientes, cierto.
"No nos quedamos calvas.
Tenemos un día internacional y otro nacional.
Podemos usar tanto color rosado como azul.
Siempre sabemos que nuestro hijo es nuestro.
Tenemos prioridad en los naufragios".
Pero también es cierto que somos multifunción. Y que hacemos todo lo que hacen los hombres... Pero con tacones altos.

Ricardo Arjona es quien describe con tanta delicadeza a la mujer:
"No sé quién las inventó, no sé quién nos hizo ese favor tuvo que ser Dios, que vió al hombre tan solo y sin dudarlo pensó en dos... En dos. Dicen que fue una costilla, hubiese dado mi columna vertebral por verlas andar...".
La Madre Teresa también lo dijo:
"Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina".
Pero si tengo que elegir, les dejo con el que considero como único ídolo más grande del rock y de todos los tiempos, el señor John Lennon. De acuerdo o no, para celebrar el 8 de marzo, esa fiesta en que recordamos la lucha de la mujer por su participación en pie de igualdad con el hombre en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona, me despido con Woman, escrita por Lennon en 1980 como una oda a su esposa Yoko Ono, y que fue introducido por el cantante susurrando "Para la otra mitad del cielo...". Les dejo también su letra y traducción al español.
No sé si servirá de algo, pero este es mi pequeño y humilde aporte a la conciencia de quienes me leen.
¡Bis bald!
WOMAN I CAN HARDLY EXPRESS
Mujer, apenas puedo expresar
MY MIXED EMOTIONS AT MY THOUGHTLESSNESS
Mis contradictorias emociones en mis aturdimientos
AFTER ALL I´M FOREVER IN YOUR DEBT
Después de todo, estoy eternamente en deuda contigo
AND WOMAN I WILL TRY TO EXPRESS
Y mujer, intentaré expresar
MY INNER FEELINGS AND THANKFULNESS
Mis sentimientos íntimos y mi gratitud
FOR SHOWING ME THE MEANING OF SUCCESS
Por mostrarme el significado del éxito
WOMAN I KNOW YOU UNDERSTAND
Mujer, yo sé que tú comprendes
THE LITTLE CHILD INSIDE OF THE MAN
El niño que existe dentro de mí
PLEASE REMEMBER MY LIFE IS IN YOUR HANDS
Por favor, acuérdate: mi vida está en tus manos
AND WOMAN HOLD ME CLOSE TO YOUR HEART
Y mujer, llévame pegado a tu corazón
HOWEVER DISTANT DON´T KEEP US APART
Para que la distancia no nos mantenga alejados
AFTER ALL IT IS WRITTEN IN THE STARS
Después de todo, está escrito en las estrellas
WOMAN PLEASE LET ME EXPLAIN
Mujer, por favor déjame explicarte
I NEVER MEANT TO CAUSE YOU SORROW OR PAIN
Nunca quise causar tristeza o dolor
SO LET ME TELL YOU AGAIN AND AGAIN AND AGAIN
Por eso, déjame decirte otra vez, otra vez y otra vez
I LOVE YOU, YEAH, YEAH
Te amo, sí, sí
NOW AND FOREVER
Ahora y para siempre!
lunes, 8 de marzo de 2010
Noche de pasión amarilla a tecnicolor

No faltó quién diga que The Viva la Vida Tour era una gira más del montón, de una de esas tantas y brillantes bandas británicas que a tan buen rock nos tienen acostumbrados.
Pero en realidad, seamos sinceros. Para algunos, este fue mucho más que un recital de esos que da la impresión de que esa noche no sería otra distinta de las demás en la cual un artista extranjero llega a cumplir, pasa por caja y se va.
“Como en el amor, nos gusta ir de a poco, despacio”, decía Martin en aquella recordada conferencia de prensa realizada durante su primera visita a suelo argentino. Y con esto intentaba exponer la razón por la cual se presentaban en la intimidad de un teatro, como lo era el Gran Rex, en lugar de hacerlo en una típica arena rockera. Entonces, como diría un articulista porteño, "si aquel acercamiento inicial había sido un beso y alguna mano que bajó por la cintura, esta segunda visita fue pasión y sexo". De mejor manera no pudo describir lo insdescriptible de un show soñado para muchos, inesperado por pocos, pero definitivamente, indiferente para nadie.
Tal como dicen, lo bueno se hace esperar. Tras tantos vaivenes con que el estadio de River Plate se clausuraba debido a quejas de los vecinos por las vibraciones causadas, tras rumores del cambio de escenario y hasta de la cancelación del recital, era necesario ver un show con características espectaculares hasta pellizcarse y empezar a creer que no era un sueño. Que las mariposas coloridas, las pelotas amarillas y finalmente los impresionantes fuegos artificiales... Eran reales.
Rosal, un incipiente grupo de indie rock argentino abría el show a las 18:30 aproximadamente. Para dar lugar después y a modo de preámbulo a la Banda de Turistas, que deleitaron al público con pegadizas melodías y se marcharon ovacionados. En espera de las estrellas principales, aparecía Natasha Khan encarnada en Bat For Lashes, que danzó entre ritmos tribales y firmó un show tan etéreo como mágico.
La llovizna empezaba a caer tenuemente, lo que otorgó su toque emotivo y épico cuando sonaban los primeros acordes de esa Vida Tecnicolor eminentemente instrumental, que abría el show con las guitarras de Jon y Martin estableciendo la tónica melódica de lo que se venía. Y claro, a modo de preámbulo a la particular voz de Chris Martin para ensancharse con Violet Hill, demostrando de entrada que esa no sería una velada común y corriente en la historia de los conciertos multitudinarios de la metropólita ciudad de Buenos Aires.
En sus temas no tienen la potencia ni la prepotencia de Oasis, ni tampoco el carisma de Bono o de Tom Chaplin. En escena, tan solo pareciera que quieren caer bien a las ya de por sí entusiasmadas 63.000 almas que copaban el Monumental. Pero Coldplay no se conforma con eso. Sin más preámbulos, la banda quiso sorprendernos con un repentino amor amarillo, mientras una decena de globos gigantes y amarillos se abrían paso entre la multitud con el impactante sonido de Yellow, ya categorizada como himno de la banda, lo que generó uno de los picos más altos y alcanzando el clímax nocturno. Pero no. Una vez más Guy Berryman, Jon Buckland, Will Champion y Chris Martin intentaron asombrarnos (lográndolo en el intento, valga la aclaración). Y apuntaron al corazón con frases tan emblemáticas como "Las cuestiones de la ciencia, de la ciencia y del progreso no hablan tan alto como mi corazón", o "Las luces te guiarán a casa y se encenderán tus huesos y voy a tratar de arreglarte", o "La parte más difícil fue dejarlo ir, sin formar parte"... Con The Scientist, Fix you y The Hardest Part se magnificaba la postal más nítida de lo que fue, es y será el rock de estadios. Hasta que el mismo Martin pide que se realice la ola con todos los celulares encendidos al momento de homenajear al rey del pop, Michael Jackson, con un acústico a tres guitarras del memorable clásico Billie Jean. Emotivo.
La ausencia de clásicos como Trouble, Speed of Sound o Shiver era compensada con el lanzamiento de Don Quixote, canción compuesta en un hotel de Tokio y que formará parte de su próximo álbum. Y la ovación del "olé, olé, olé, oleeee... Coldplay... Coldplay" hicieron ver que por algo es una de las bandas británicas de mayor prestigio planetario.
Miles de maripositas de colores caían sobre las cabezas del campo y volaban alegremente hacia la mitad de la cancha. Para ese entonces, Coldplay ya había llegado a uno de los momentos más cumbres de la noche con "Lovers In Japan", ese himno dedicado a los enamorados, además del "Viva la Vida" y "Death Will Never Conquer". Y ya no había lugar para pensamientos oscuros. Esto era la vida en technicolor según Chris Martin y se sentía así: liviana, flotante y tornasolada como un cielo de barriletes.
El cielo parecía abrirse con los movimientos destartalados de Christopher Anthony John Martin, ese muchacho ambidiestro que cubrió cada rincón, transpiró, y que incluso intentó hablar español (con un acento y una dicción bastante errada por momentos, pero que nunca dejó de entrever su encanto natural) con frases apenas concluidas del tipo "¿Cómo estás, deresha?" y comentarios graciosos que hicieron del show más que un recital de una de las bandas más importantes de la actualidad, a un encuentro de cuatro universitarios apasionados y sensibles con la música.
Una versión remixada de "God Put a Smile upon your Face", con parte de "Talk" termina siendo una suerte de la aceleración del tiempo que es interrumpida, triunfalmente, por "Viva la Vida", un hit en estado de gracia, que a partir de ahí dejaba al show crecer en su forma y en su espíritu festivo.
Una gran pantalla de fondo, otras dos pantallas interactivas y pasarelas para adentrarse en el ojo de la multitud, además del excelente sonido y el vestuario inspirado en "La libertad guiando al pueblo", de Delacroix, y la propuesta liderada por la favorable voz de Chris Martin, hechizó a la audiencia. La pirotecnia y esa relectura cosmética de las grandes conquistas libertarias (los uniformes filo-legionarios) funcionan como elementos visuales para algo que parece flotar en el aire, en la sonrisa dibujada de Martin y en las épicas y poéticas melodías de este Juego Frío, que tanta alegría nos ha dado y que culminaba con el broche de oro de un impresionante estallido de fuegos artificiales que ponían fin a una de esas veladas más innolvidables de la mano de Life In Techicnolor II. Y que lamentablemente sabemos está muy lejos de llegar a nuestro país. Aún así, para los que vivimos la experiencia, esto fue más que un recital, un amor amarillo que transformó la vida en tecnicolor, reabriendo una gira sudamericana llena de energía y poemas transformados en bellas melodías, y, que como siempre, está predestinada al éxito.
En definitiva, Coldplay justificó cada centavo del valor de la entrada (a la salida incluso regalaban LeftRightLeftRight, un material con temas en vivo que meses atrás fue obsequio para sus fans, vía internet) con un espectáculo que será recordado durante muchos años. Sí, así mismo, como aquel amor que empieza despacio.

Ahora sí me tomo la libertad de la subjetividad que no me permite mi afán de periodista, pero que me da mi posición de espectadora: ¡Vale la pena estar vivo. Y ahora sí, ya me puedo morir tranquila!
Viernes 26-febrero-2010 / Buenos Aires - Argentina
lunes, 15 de febrero de 2010
Todo el año es Carnaval

¿Qué hay detrás del disfraz?
Hasta en eso la vida consigue ironizar. Febrero, el mes del amor, es también el tiempo de Carnaval, disfraces, máscaras… Ya pasó el día de los enanos morados, ahora es tiempo de hacernos los locos, de perder la vergüenza y caer en la desvergüenza. Atrevernos a ser los más francos posibles, a correr, bailar, cantar, gritar y hasta llorar como desesperados, con la simple excusa que trae consigo interpretar el personaje del disfraz que llevamos puesto.
Se nos permite suprimir la rutina, lo convencional y desterrar las farsas sociales. Tiempo de hacer fondo blanco a los dolores y las penas, para meternos en el cuerpo de otra persona y llenarnos de júbilo si fuese necesario. Y sí. Y es que en estos tiempos hasta la alegría parece de otro mundo. Es la excusa para ensayar la libertad, la práctica a futuro de una vida mejor.
No es triste, ni sombrío ni sórdido este carnaval. Aunque detrás de la máscara pueden esconderse sentimientos nunca develados. Puede esconderse la verdad sobre la soledad, el sueño y los miedos. Es interesante. La máscara puede tener un simbolismo más interesante que el poder humano, es un escudo. Bueno, no siempre necesitamos del carnaval para utilizar el escudo como defensa. A veces somos enmascarados sin máscaras. Pero claro, la máscara no se ruboriza, esa es la diferencia. Detrás se esconden ideas desenfrenadas, tal vez. Muy por detrás podemos ver el alma desnuda, el verdadero ser humano… Y develar el gran misterio.
Carnaval, como casi todas las fechas festivas, no es más que una pueril excusa para brindar y celebrar la vida, la gran diferencia es que Carnaval es todo el año. Y nos permite aparentar libremente algo que no somos. No exige regalar, entregar ni comprometerse. Solo exige disfrutarla, pasarla bien y atrevernos a ser locos, desquiciados y descontrolados. También podría considerarse al Carnaval como la sublime fiesta de la sinceridad, donde suelen ser revelados secretos nunca antes descubiertos. Incluso me atrevería a decir que estas fechas nos permiten convertirnos por unos instantes en lo que el subconsciente desea.
En fin. Lo que menos importa es el motivo por el cual no podemos darnos el lujo de convertirnos en lo que pudimos ser, pero que no fuimos. Lo importante es “no cerrar los ojos a la suciedad del mundo”, como diría Charles Chaplin. Lo importante es vivir, sonreír, creer, soñar, entender, escuchar, aceptar y buscar lo que hay de bueno detrás de cada máscara con la que nos cruzamos, detrás de cada espíritu deambulante que pasa frente a nuestras narices.

Solo buscando lo bueno en los demás, podremos descubrir lo bueno que hay dentro nuestro, procurando por encima de todo tener don de gente. No importa lo que pase, siempre hay que intentar. Porque la vida es una tentativa y no siempre hay que esconderse detrás de una sonrisa, hay que mostrarse tal cual, solo así podremos lograr que nos amen por ser quienes somos. Somos soldados, y a veces hasta lo correcto que hagamos puede estar mal, y con la cabeza gacha tendremos que saber lo que se siente. Porque existen momentos en que la vida nos exige quitarnos las caretas, las máscaras y mostrar la desnudez total del alma humana.
No está mal confrontarse, lo malo está cuando lo que hacemos atenta al amor propio y a la autoestima de quien está a nuestro lado. Lo simple es lo que nos apasiona, y lo que nos apasiona no envejece, por lo tanto siempre tenemos la oportunidad de luchar contra el dolor y la edad. Así, la máscara no es capaz de esconder del todo la fisonomía humana, pues por los agujeros se asoma la vida. Y por ello hay que pensar libremente, llevar poca carga y no aferrarse a nada, porque a fin de cuentas nada es para siempre.
Sin embargo, uno es más fuerte cuando ama las cosas simples, cuando se siente pleno, humilde… Y eso sí es saber vivir. Como diría una canción: “Celebra la vida, que nada se guarda, que todo te brinda”. Gritemos contra el odio y la mentira, que siempre habrá una estrella a la que tendremos como guía. Aunque sea con una máscara encima. Porque mientras más amemos… Más cerca del cielo estaremos. Y pese a todo, vamos a sonreír y dejar que el resto del mundo se pregunte por qué. Y así al final… Sí, nos van a aplaudir.
“No debemos tener miedo de confrontarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas”.
"La vida es una obra de teatro que no permite ensayos... Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida... antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos". Charles Chaplin.
miércoles, 10 de febrero de 2010
El amor en los tiempos de cri$i$
En unos días es San Valentín, o el día mundial de las cajas en forma de corazón, de las promociones para dos con velas en restaurantes o de la venta de rosas rojas en tooodas las esquinas. O como prefiera llamarlo. Y es que, aunque originalmente es el día de los enamorados, el 14 de febrero, es sobre todo, una fecha que los comerciantes hicieron suya (como la Navidad, el día del niño, el día del animal, de los amigos, de los abrazos, ere erea), imponiendo la exigencia de regalar… Y negociar, claro está.

Cuando le comenté a mamá mi duda existencial sobre los idiotizados, me pregunta de manera tajante: “¿qué tenés en contra de los enamorados?”. Y no es nada personal. O sí, un poco. Y es que esta fecha es la excusa perfecta para bombardearnos a las solteras y a los solteros el hecho de que no tengamos un medio limón que alimente nuestra autoestima. Aún así, con el romanticismo que conseguí proscribir con los años, en la inútil espera de aquel ideal de hombre ya desterrado por la época superficial en la que vivimos, me sigo encantando, desencantando y enamorando una y otra vez. La ley de la vida es vivir con ese placer culpable. Todos tenemos a nuestra mitad, dicen por ahí.
El asunto es que el día de los enamorados, así como el de las madres, los padres, el de los abuelos, los hermanos y el de los amigos, debería ser cada uno de los 365 días del año. Apostar a la lealtad, al amor y a la confianza cada amanecer y oscurecer. Y no solo un 14 de febrero, un 15 de mayo, un domingo de junio, un 30 de julio…
Tiempo de cambio, de dudas y de grandes confusiones es este siglo XXI. En que tenemos la vida automatizada en todos los sentidos. Más allá de todas las tecnologías nuevas que surgen y de lo haraganes que nos van convirtiendo, el amor se puso de huelga.
Estamos tan ocupados en el ciberespacio que tenemos tolerancia cero y por ello las relaciones ya no son tan fructíferas como antes y el amor pasó a ser puro masoquismo. La caja boba nos lava los sesos haciéndonos creer que todo lo que hagamos debe ser recíproco y ya no estamos acostumbrados a ceder y ser nobles por placer propio más que por interés.
Los sentimientos ya no juegan ni siquiera un papel subliminal dentro del fucking businness mediático en el que vivimos y que nos condena. Los valores se van perdiendo y las relaciones se deterioran día tras día, casi sin darnos cuenta.
La otra vez, entrando en charla profunda con un amigo, logramos quitar una conclusión a todo esto: en los tiempos remotos, la gente se casaba porque se quería. ¿Y hoy? Quizás es una moda.

Los embarazos y las familias disfuncionales se pusieron muy in últimamente. El amor ideal, la virginidad hasta el matrimonio y las relaciones formales, han pasado de moda. Y todo se ha reducido al disfrute del momento. El amor eterno dura tres meses. Los matrimonios se contraen no tan rápido como se deshacen. Y la mejor solución a este problema hoy día está en la convivencia, que es la prueba obligada –más bien, excusa perpetrada- de que el matrimonio puede durar más de lo que dura una primavera. Aquí es donde pasamos a la fase del pleno idealismo… Roto. Cuando aquel hombrecillo presentable que iba a marcar los días de visita, deja de ser ideal cuando lo vemos despertar cada mañana con aspecto desprolijo, los pelos parados y la barba sin afeitar. Y cuando ellos consiguen ‘apreciar’ a su ‘princesa’ recién levantada, despeinada y a cara lavada. La magia perdura hasta que vemos a nuestro hombre perfecto en camisilla y con notables kilitos de más. Y el amor muere cuando ‘la Ruti’ se instala en el medio sin avisar.
¿Estamos perdiendo los antiguos valores? ¿O sólo es cuestión de adaptarse a los nuevos amoríos doctrinales o como les llamen a las costumbres contemporáneas?
La duda existencial es simple: ¿se nos está acabando el amor? O es que las mujeres, en nuestro afán por conseguir la igualdad de derechos, estamos desterrando sin darnos cuenta aquellos detalles invaluables que nos ofrecían los verdaderos caballeros que antes nos abrían la puerta del auto, nos llevaban flores a casa y nos quitaban la silla de debajo de la mesa para que nos sentáramos.
Las publicidades se han encargado de que la mujer sea objeto de deseo, más que de respeto. Nos degeneran tras el prototipo ideal de las pulposas y sofisticadas damas de la noche. Mientras nosotras tenemos que lidiar con nuestros propios problemas y complejos personales sin dejar de cuidarnos, estando impecables adentro y afuera del trabajo, producidas y elegantemente vestidas, para seguir exigiendo a los hombres que nos traten como damas. La carne es débil y no es culpa de ellos. Sino nuestra. Por permitir que nos degraden a tan bajo nivel como dama de compañía y no de realeza. Por eso les digo a las solteras que ese día celebren la libertad, el amor llegará si sabemos valorarnos a nosotras mismas. Porque hombres buenos, sí que los hay, aunque muchas veces estén tan escondidos o nosotras estemos tan sumergidas en nuestro mundo que no llegamos a darnos cuenta.
El mundo empezó a funcionar al revés. No me queda la menor duda. ¿Se nos acaba el amor o se nos fue de vacaciones nomás?
No, se modernizó había sido.

Y me pregunto yo, si hay un 14 de febrero en que se festeja el día de los enamorados, ¿por qué no puede ser el 13 de febrero el día de los enamorados que festejamos el Anti-San Valentín? De todas formas también sería una excusa para comprarnos cosas y mimarnos a nosotros mismos. ¿Qué más da?

Cuando le comenté a mamá mi duda existencial sobre los idiotizados, me pregunta de manera tajante: “¿qué tenés en contra de los enamorados?”. Y no es nada personal. O sí, un poco. Y es que esta fecha es la excusa perfecta para bombardearnos a las solteras y a los solteros el hecho de que no tengamos un medio limón que alimente nuestra autoestima. Aún así, con el romanticismo que conseguí proscribir con los años, en la inútil espera de aquel ideal de hombre ya desterrado por la época superficial en la que vivimos, me sigo encantando, desencantando y enamorando una y otra vez. La ley de la vida es vivir con ese placer culpable. Todos tenemos a nuestra mitad, dicen por ahí.
El asunto es que el día de los enamorados, así como el de las madres, los padres, el de los abuelos, los hermanos y el de los amigos, debería ser cada uno de los 365 días del año. Apostar a la lealtad, al amor y a la confianza cada amanecer y oscurecer. Y no solo un 14 de febrero, un 15 de mayo, un domingo de junio, un 30 de julio…
Tiempo de cambio, de dudas y de grandes confusiones es este siglo XXI. En que tenemos la vida automatizada en todos los sentidos. Más allá de todas las tecnologías nuevas que surgen y de lo haraganes que nos van convirtiendo, el amor se puso de huelga.
Estamos tan ocupados en el ciberespacio que tenemos tolerancia cero y por ello las relaciones ya no son tan fructíferas como antes y el amor pasó a ser puro masoquismo. La caja boba nos lava los sesos haciéndonos creer que todo lo que hagamos debe ser recíproco y ya no estamos acostumbrados a ceder y ser nobles por placer propio más que por interés.
Los sentimientos ya no juegan ni siquiera un papel subliminal dentro del fucking businness mediático en el que vivimos y que nos condena. Los valores se van perdiendo y las relaciones se deterioran día tras día, casi sin darnos cuenta.
La otra vez, entrando en charla profunda con un amigo, logramos quitar una conclusión a todo esto: en los tiempos remotos, la gente se casaba porque se quería. ¿Y hoy? Quizás es una moda.

Los embarazos y las familias disfuncionales se pusieron muy in últimamente. El amor ideal, la virginidad hasta el matrimonio y las relaciones formales, han pasado de moda. Y todo se ha reducido al disfrute del momento. El amor eterno dura tres meses. Los matrimonios se contraen no tan rápido como se deshacen. Y la mejor solución a este problema hoy día está en la convivencia, que es la prueba obligada –más bien, excusa perpetrada- de que el matrimonio puede durar más de lo que dura una primavera. Aquí es donde pasamos a la fase del pleno idealismo… Roto. Cuando aquel hombrecillo presentable que iba a marcar los días de visita, deja de ser ideal cuando lo vemos despertar cada mañana con aspecto desprolijo, los pelos parados y la barba sin afeitar. Y cuando ellos consiguen ‘apreciar’ a su ‘princesa’ recién levantada, despeinada y a cara lavada. La magia perdura hasta que vemos a nuestro hombre perfecto en camisilla y con notables kilitos de más. Y el amor muere cuando ‘la Ruti’ se instala en el medio sin avisar.
¿Estamos perdiendo los antiguos valores? ¿O sólo es cuestión de adaptarse a los nuevos amoríos doctrinales o como les llamen a las costumbres contemporáneas?
La duda existencial es simple: ¿se nos está acabando el amor? O es que las mujeres, en nuestro afán por conseguir la igualdad de derechos, estamos desterrando sin darnos cuenta aquellos detalles invaluables que nos ofrecían los verdaderos caballeros que antes nos abrían la puerta del auto, nos llevaban flores a casa y nos quitaban la silla de debajo de la mesa para que nos sentáramos.
Las publicidades se han encargado de que la mujer sea objeto de deseo, más que de respeto. Nos degeneran tras el prototipo ideal de las pulposas y sofisticadas damas de la noche. Mientras nosotras tenemos que lidiar con nuestros propios problemas y complejos personales sin dejar de cuidarnos, estando impecables adentro y afuera del trabajo, producidas y elegantemente vestidas, para seguir exigiendo a los hombres que nos traten como damas. La carne es débil y no es culpa de ellos. Sino nuestra. Por permitir que nos degraden a tan bajo nivel como dama de compañía y no de realeza. Por eso les digo a las solteras que ese día celebren la libertad, el amor llegará si sabemos valorarnos a nosotras mismas. Porque hombres buenos, sí que los hay, aunque muchas veces estén tan escondidos o nosotras estemos tan sumergidas en nuestro mundo que no llegamos a darnos cuenta.
El mundo empezó a funcionar al revés. No me queda la menor duda. ¿Se nos acaba el amor o se nos fue de vacaciones nomás?
No, se modernizó había sido.

Y me pregunto yo, si hay un 14 de febrero en que se festeja el día de los enamorados, ¿por qué no puede ser el 13 de febrero el día de los enamorados que festejamos el Anti-San Valentín? De todas formas también sería una excusa para comprarnos cosas y mimarnos a nosotros mismos. ¿Qué más da?
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