jueves, 31 de marzo de 2011

Miranda Priestly WANNABE!

No sé de dónde partir para comenzar esta entrada. A lo mejor la falta de práctica hizo que mi instinto creativo se atrofiara un poco… Mucho… Bastante, mejor dicho. Un mes de ausencia... No, un mes y medio… Poco más de un mes y medio entonces, si tenemos en cuenta que febrero solo trae 28 días, no 30 o 31 como todos los demás.

Lo más extraño de todo es que pasaron tantas cosas, viví tantas situaciones que casi debería de escribir una entrada chasqueando los dedos nomás ya. Pero no es tan fácil.

Algunas situaciones no resultan tan dignas de enorgullecer, otras no terminan de dar bronca y cierto sentido homicida. Y otras… Y no otras no dejan de dar cierta nostalgia y cierta tristeza… Humana.

Pocos días antes de que mi ser completito explotara y antes de que me pusiera a pegar gritos y dar patadas por toda la oficina, y después de terminar trabajos que no me correspondían, terminar la edición de abril de la revista y entregarlo casi casi completita, solamente por una cosa ínfima, las publicidades que faltaban recibir de los respectivos clientes. Era el 11 de marzo.

Después de completar 198 de las 200 recetas ara un especial, la edición de mayo estaba totalmente servida en bandeja de plata. Eran las 17:30 del viernes 11. Atrás quedaron los seis meses de trabajo duro, de parecer un pulpo sin tentáculos, de laburar horas extras (pagadas una sola vez), madrugar los sábados, cerrar la oficina a las ocho y no a las seis y media como ‘dictaba’ el horario normal, perderme una hora de almuerzo, de la una hora y media correspondiente, para asistir a sesiones de fotos, para entregar a algún compañero free lance los materiales de producción o esperar, en vano, que él llegara con los mismos en mano. O simplemente para hacer cualquier otra cosa que una persona trabajadora normal que vive dentro de los cánones normales no haría en su hora de descanso. Y todo por priorizar la labor para la cual me contrataron: producir una revista mensual. Negarme a hacer inventarios, a cambio de calentar agua para el mate o ir a comprar yerba para la media mañana de Miranda Priestly, WANNABE (sí, el personaje de Meryl Streep en El Diablo viste a la Moda o The Devil wears Prada).

Así es ella. Todo para qué, se preguntarán. Para ‘reestructurar la empresa’ (primera yo y después quién sabe). Así, en seco. Y encima de todo, no se hace cargo. Lo manda decir por otro séquito esclavo de Miranda WANNABE. Tarea fácil, sabrán los que me conocen, no fue tragarme mi orgullo. Ese afán de perseguir y defender siempre la verdad y los principios de una… Quedaron asquerosamente pisoteados. Una hora antes del horario de salida. Lindo mecanismo para que hoy se nieguen a dar certificado de trabajo que por decreto, derecho, ley y Código Laboral corresponde. Pero bueno. La injusticia gana, una vez más. Qué lo que tanto. Ni de referencia laboral sirvieron.

Atrás, pero muuuuy atrás quedaron esos seis meses de intento y esfuerzo. De pasar de no tener idea a manejar todo casi por completo. De ser contratada como productora, pero terminar siendo ordenanza, experta en planillas y hojas de cálculo de Open Office, excelente preparadora de mates y por poco yuyera también!

Por suerte, o por desgracia, me gustaría expresar en este caso, papá, mamá y Don Creador no me hicieron una persona desagradecida. Al contrario, me enseñaron a ser agradecida hasta con lo más ínfimo de este universo, a no renegar de nada, a no hacer algo de lo que pueda arrepentirme, a poner frente y dar la cara a los desafíos. A entregar el pellejo para sentirme satisfecha conmigo misma.

Y acá estoy. Desempleada, pero feliz. Feliz y satisfecha con el trabajo que hice, con lo aprendido en estos meses de ajetreo laboral y existencial algunas veces. Completa, por la experiencia adquirida. Experiencia que me enseñó a amar aún más lo que hago, muy por encima de las críticas destructivas. Me enseñó a reconocer qué, cuáles y cómo vienen las críticas constructivas y sobre todo, de quiénes vienen. Me permitió conocer el otro amplio mundo de la comunicación y el periodismo, que había sido no son los medios masivos nomás, que hay mucho más detrás.

Que existen personas retorcidas y por supuesto, demasiada competencia, que te hacen exigirte alcanzar la perfección, y que fugazmente uno se vuelve capaz de reconocer a quienes valen la pena y que muy probablemente estarán, ya desde siempre, en el futuro.

No me arrepiento de no haber hecho algo ni de haberlo hecho siquiera. Di mucho más de lo que creía estar dispuesta a dar y bastante más de lo que podía. Me equivoqué, fallé. Obvio, soy humana, de carne y hueso. Y ellos también. No soy rencorosa, pero con esta clase de gente eso se vuelve inevitable. Miranda Priestly WANNABE queda completamente eliminada de mi disco duro, le doy Shift+Delete y fin de la historia. Pero la experiencia vivida en su equipo de trabajo, perdura.

Mientras tanto sigo demasiado esperanzada, más que nunca diría. Me jodieron una vez más después de salir del nido de lagartos, como le llamamos unas cuantas. Pero ya fue. Pillé que estresarse por gente que no vale la pena, enferma, destruye y agota.

Las demás experiencias vividas en estas semanas están relacionadas a las viditas de Mica y Linda. Y de eso no me es grato hablar, de la negligencia y del uso de la medicina veterinaria nada más que como medio lucrativo.

Así puedo llegar a la conclusión de que marzo quizás no fue el mejor mes de lo que va del año. Pero no me da ser del todo pesimista, y acá entran mis amigos y mi familia, que supieron apoyarme en momentos de tempestad.

Además empieza abril, continúa el otoño y como diría Paiko, es hora de poder barrer viejas historias de ayer, tiempo de poder cambiar, de caminar y de correr. Ya no hay hojas secas en mi cabeza. No, definitivamente. Ni Miranda Priestly WANNABE pasándonos Biblias y más Biblias ni mirándome con ojos de búho guardián, como ella creía.

BORRÓN Y CUENTA NUEVA!

Si tengo que empezar de cero, adelante. A cuatro meses de ser licenciada, los proyectos y las ideas siguen cocinándose en el horno de mi cocina. Y las ganas... Más campantes que nunca. Ya no le puedo decir que no a lo que elegí. No tengo ganas de decirle que no.




Por cierto, si quieren conocer más esta historia, vean The Devil Wears Prada. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.


P.D.: Gracias a la amiga Lupe, quien me hizo ver esta película (la historia de nuestras vidas amiga!). Se las recomiendo, por cierto! :D

P.D. 2: Desde hoy, espero conservar mi libertad en el lugar al que vaya a laburar para poder escribir más seguido.

lunes, 14 de febrero de 2011

Eso basta para mí


Los yankees no solo inventaron la Coca-Cola, los M&M y a Mickey Mouse. También fueron los creadores de fechas que a muchos y que a nadie les importan.

Y nosotros no nos contentamos con importar luces con forma de calabazas, sombreros de brujas y terroríficas máscaras, además de tediosas tradiciones como los renos de Santa Claus, Papá Noel, los munhecos de nieve y las fiestas de disfraces.

Ojalá todo hubiera quedado en el festejo de Halloween y la noche de brujas. Pero no. Ahí se fue otra vez nuestro afán y se nos ocurrió traer la celebración del día siempredetestadoporlossolteros: San Valentín.

San Violentín en muchos de los casos.



En estos días, en que tantos corazones con frases, tanto empalagamiento y tanta parejita merodeando las calles… Todavía me siguen incomodando un poco. Y supongo que no seré la única. No es mi caso. Pero la gran mayoría se siente fastidiada, quizás porque en el fondo anhore tener quien le dé una manifestación esporádica de amor, mientras intenta repeler la aparición del recuerdo de algún ex con un antídoto intravenoso, a la par de querer almacenar los últimos festejos de San Violentín en el baúl de los recuerdos.

Cuando una se acostumbra a la soltería y a la postura necesaria para mantenerse de frente ante los ataques de ésta, cuesta mucho volver a ponerse en el papel de novia o pareja.

Nos negamos a estar en pareja para no reconocernos frente al espejo imaginario que nos obliga a mirarnos una y otra vez para que maquillemos las ganas y retoquemos los errores.

De repente, vuelve el apetito, ese deseo irremediable de enamorarse, de abandonar la entranhable soledad que nos acurrucó en el invierno y de la que nos hicimos tan amigas que ahora cuesta abandonarla.

Extranhamos…Y volvemos a necesitar esos abrazos que trituran los huesos y que anudan las penas con igual intensidad, de esos que devuelven la sonrisa perdida en un vagón y que sacuden el cansancio con la misma intensidad.



De pronto nos encontramos planchando viejas arrugas del corazón y mintiéndole al oído, prometiendo que el próximo que llegara se ocuparía de regarle las arterias para que nunca más tuviera que pasar de nuevo por la sala de terapia intensiva. Y diciendo, además, que el corazón volvería a latir lleno de asombro frente a un ramo de rosas, a un par de velas encendidas o un beso robado bajo la luz de la luna.

Un anho atrás, nadie creería que yo, la chica rockera de carácter ciclotímico y temperamental, sería capaz de reconciliarse al menos en un 5% con Valentín (sino lean mis entradas de hace un anho, sigo siendo escéptica, no me gustan estas fechas, pero valoro la companhía, que es lo que hace que irremediablemente sea un día distinto).

Y es que llega un punto en que una se descree ya hasta del amor propio. Y el tema es el siguiente: una amó, creyó, se entregó y luego le rompieron el corazón. Suena lógico que la primera reacción ante un estímulo externo, que implique más compromiso que una noche de verano, sea cubrirse en el papel de soltera independiente, súper poderosa y sin sentimientos. Fría como un iceberg. Dura como un yunque. E inalcanzable como una montanha.

La realidad es que por dentro solemos morir de ganas de conocer a una persona que nos quiera como queremos que nos quiera, que nos cuide, que nos malcríe, que nos dé algo más que un par de abrazos y besos. Pero da miedo pues! Porque una aprendió y se prometió a sí misma nunca más volver a caer en esa trampa. Porque ya pasó por la de “te llamo’’, seguida por un silencio sepulcral. Porque ya conoce la historia de los amigos con derecho a roce, que terminan en amores no correspondidos. O esa relación que nunca fue más allá de un amigarche (con más garche que ami).

Entonces es cuando llega alguien diferente, que se juega por vos, que te dice que te quiere, y lo dice en serio, a la par de que te cuida y que de verdad se pone las pilas (sí, vos!) ;). Y es lógico que al principio una se niegue. Porque una se llega a acostumbrar a escuchar palabras vacías, que con el tiempo la hacen perder incluso el amor propio. Y cuesta volver a creer que haya alguien que realmente sienta todas esas cosas que dice que siente. Porque una ya tiene la autoestima lastimada. Pero aunque se resista, si el personaje en cuestión insiste un poquito más, puede llegar a romper esa cáscara y entrar como agua contenida que de golpe es liberada.

Y así pasa el tiempo. Y después de nueve meses y unos cuantos días, una se da cuenta de que valía la pena… Todo.

Desde vivir la soltería con los dolores y desenganhos que implica, hasta conocer a todas esas personas antes de elegir a una sola y disfrutar de las etapas a medida que suceden. Porque al final una encuentra esa persona que hace que su lugar esté en donde esté él. Porque los hombres no son todos iguales había sido. Porque ahora ya me agradan y ya puedo escuchar algunas músicas cursi sin remordimiento, porque ya me gustan las rosas rojas y me importan más los detalles. Porque una aprendió y ahora elige mejor. Porque los códigos internos que se generan, las risas que se comparten y las miradas que se conocen… Terminan siendo tesoros invaluables. Porque una comienza a comprender que a lo mejor no todos los cuentos tienen un final feliz, pero que no existe tiempo ni final cuando una vuelve a creer que el amor sí existe y que pese a los machaques internos, todavía está dispuesta a volverlo a intentar.
Quién diría. Yo posteando en honor a San Violentín, uno de esos días que nunca me parecieron muy gratos ni aptos para corazones abandonados, de duelo, en pleno llanto, desesperanzados… Ni para corazones como el mío, dolido, cero romántico, pero que eternamente se mantuvo esperanzado.

Aquellos que crean que el amor merece festejarse un solo día al anho, descorchen un buen vino y disfruten de los regalos.

Al resto, pensemos que finalmente hubo un 13 de febrero y que también llegará un 15 de febrero, en que volveremos a sentir que el mundo sigue siendo un lindo lugar para pasear nuestra libertad con o sin pareja, sin necesidad de sentirnos incompletos.

Y no, yo no festejo San Violentín. Prefiero no festejar sólo este día el hecho de estar enamorada de él. No espero un gesto grandilocuente de de su parte cada 14 de febrero. Me alcanza con los gestos chiquitos pero sinceros que tiene todos los días. Con que sepa instantáneamente cuando no estoy bien, que me abrace cuando lo necesito, que se conteste las preguntas cuando no me pasa ‘nada’, que juntos podamos remontarnos al pasado jugando como dos ninhos chiquitos, que baje mis músicas preferidas y más aún, que las cante con la guitarra en mano, me es suficiente.

Me alcanza con que se esfuerce todos los días por hacerme sonreír, al menos unos segundos. Porque con eso basta y con eso me hace feliz.

Eso basta, al menos para mí.



viernes, 4 de febrero de 2011

¿Algo en común?

A lo mejor nunca fuimos más que un puñado de palabras que iban de un lado a otro.
Tal vez revelamos más de lo que teníamos que decir, y nos contuvimos de confesar algunas cosas, refugiándonos en el silencio y sintiendo aún una leve intriga que nos asfixiaba.

Aún así, aún en mis silencios sos capaz de saber lo que estoy pensando y hasta de dar la mitad del paso que tengo planeado para después, acortándome el camino. Y sin querer, termino siendo totalmente predecible a tus pensamientos e injustamente anti romántica a tus acercamientos.

Asumamos que en nuestra ansiedad aplastamos el reloj, sin interpretar nuestros tiempos.

Reconozco que más de una vez abrí la puerta para buscarte y al andar dos pasos, retrocedí, muerta de miedo a algo incierto. Que algunas veces te sonreí en sueños y algunas tardes te llamé en voz alta para que me escucharas.

Que aunque aún no me hayas preguntado, inmediatamente ya te habías contestado. Que sin que lo insinuara, ya me habías besado.

Recién ahora empiezo a ver que las mismas calles vacías que estaba acostumbrada a transitar de repente tienen árboles, que donde había un baldío construyeron una casa de dos pisos con balcones desde los que se ve el atardecer, que los domingos a la tarde ya no me invitan al suicidio de las horas, sino a caminar descalza sobre el pasto.

Quiero plegar la cortina de la monotonía, descubrir un mundo distinto pero posible. Acelerar el paso… Detenerme… Volver a acelerar.
Meditar… Con la cara entre las manos, las rodillas flexionadas y los ojos llenos de brillo. Retroceder lo andado, con la mirada fija, mientras pienso: ¿Por qué no?
Sacudirme el polvo del pasado, intentar que sanen algunas heridas, levantar con cuidado los trozos de mi corazón tantas veces roto, sacudirlos y unirlos suavemente.

Caminar siguiendo el instinto, sin temor a equivocarme. Anotar en una libreta de colores cada aprendizaje, y subrayar de una sola vez que lo más importante es lo vivido. Aquí y ahora.

Almacenar todo aquello en fotografías viejas, amarillentas, que siempre estarán empolvadas en la memoria. Y finalmente llegar a tus brazos, cansada de andar, con mi pequeño equipaje, con ganas de contarte un cuento, de encontrar un árbol que nos regale alguna sombra a los dos… Juntos. Para recostarnos debajo de él y llorar sin vergüenza, con un par de manos que desarmen el nudo de las penas. Y donde pueda reír solamente al verte fijar tus ojos en mí.

Hoy quiero corromper las reglas. Quiero que alguien se robe mis inseguridades y me deje solamente mis certezas. Me cansé de este desencuentro inevitable, menos tolerable sola y en silencio.

Todavía no sé en qué momento decidí apoyar mi mirada en la tuya. No recuerdo cuándo fue la primera vez que empecé a verte en mi futuro ni la primera vez que agarré tu mano para aferrarme a tu pecho. Y ni siquiera consigo entender por qué te convertiste en parte de mi presente, esa parte que me hace bien, me hace fuerte, me hace feliz. Solo sé que quiero que estés ahí... Siempre.

No sé qué vi en tus ojos. No sé si te quiero porque sos lo que andaba buscando o porque justamente sos lo que jamás había imaginado encontrar. O porque apareciste en un momento en el que decidí suprimir toda ilusión e idealización de mis sentimientos. Tocaste a mi puerta justo cuando ya quería dejar de creer. Te dejé golpeando varios meses (como 5 o 6). Y al abrir, ahí mismo te encontré... Así, tal cual. Comprendiendo que no eras perfecto, pero sabiendo que valdría la pena. Me tomó tiempo entender lo que me estabas diciendo. No sé si lo llegué a hacer, hoy solo me importa lo que siento. Ni los motivos, ni las causas, ni los por qués.

Seamos realistas. Con nosotros no se da eso de estar hechos el uno para el otro, que no es más que un mito inventado por un par de enamorados para vendernos eso del alma gemela. No creemos en la media naranja, ni remotamente. ¿Será porque somos tan diferentes? Solo una cosa nos une, que fue lo que hizo que nos encontráramos (sí, Coldplay). Sin embargo entendí que es de tu mano de la que quiero tomarme cuando vaya caminando. Y quiero que sean nuestras diferencias las que nos fortalezcan. A fin de cuentas, no quiero dejar que todo esto que sentimos nos impida ver nuestros respectivos defectos. Por eso, te aprecio, te quiero así nomás. Tan distinto a mí, tan dispar a mi ser. Tan infantil, tan ocurrente, tan extraño, tan distraído... Tan vos.

Porque pese a mis inseguridades, estuviste ahí, esperando con la mano extendida. Atento, pendiente, firme. Escuchando mis silencios, respetando mi mal humor constante y creyendo en mí pese a mis fracasos. No, ¡no sos perfecto! Pero sos lo que yo necesito que seas: alguien con quien nunca pensé ni remotamente cruzarme en mi camino.

Y te agradezco, porque mediante eso cuelga de mi rostro esa sonrisita tonta cuando voy andando, sin mirar a ninguna parte, solo pensando en vos.

Todavía tengo la esperanza de que alguna vez encontremos eso que tenemos en común y que es incapaz de volverme inmune a tu sola presencia. Y que lo revelo… Con miedo, pero consciente de lo que pueda generar.

Te reconocí al final del camino, tan cansado de andar solo, con tu pequeño equipaje.
Reconocí a un otro con tantas ganas de contarle un cuento a alguien, así como yo.

Gracias por ese pedacito de felicidad que le hacía falta a mi vida. Nunca te lo dije, pero ¡gracias! Por quererme así... Tan distante, tan impulsiva, tan diferente, tan especial... Tan argel.

Gracias por ser ese equilibrio, ese subconciente que a veces me hace tanta falta para lidiar hasta conmigo misma. Y sobre todo gracias... Por enseñarme que todavía podía volver a creer.

Soy inoportuna: No pedí permiso al llegar, así que tampoco pretendas mis disculpas si me voy. Pero muero porque no dejes que lo haga.

Y si me voy, voy a estar donde siempre estuve. Ahí donde una vez me buscaste. Ahí mismo donde me volverás a encontrar.

Y así, de repente, me encontré pensando si tendremos algo en común...



P.D.: Dedicado a Él (EG), mi fuente de inspiración para muchas de estas entradas. No somos iguales y eso es lo que lo hace interesante. Sé que alguna vez vamos a lograr entendernos ;)




La misma cara y la misma suerte
las mismas ganas de siempre
un mismo rumbo a un mismo paso
dando tumbos, por el mundo,
del mismo lado.

¿Cómo preguntas
si tenemos algo en común?
¿Cómo preguntas
si tenemos algo en común?

Mismo silencio a un mismo tiempo
el mismo humor y descontento.
La misma tristeza y cansancio
acumulado y de la mano,
a una misma esperanza.

¿Cómo preguntas
si tenemos algo en común?
¿Cómo preguntas
si tenemos algo en común?

domingo, 9 de enero de 2011

Besos

Si nos cruzamos por la vida no me preguntes dónde voy. Mira mis ojos y adivina lo que busco y lo que soy.


Besos para expresar cariño o amistad.
Besos al aire, de esos que se dan por obligación.
Besos rápidos, vergonzosos y temerarios.

Besos apasionados, con lenguas que se deslizan, y dados solo por el placer que produce hacerlo.

Y besos lentos, delicados… De esos que se dan por puro sentimiento. ¡Uf! Estos son los mejores. Puesto que no esconden nada detrás de su apariencia.

Besos acompañados por un ramo de flores, una caja de bombones y una tarjeta que solo pone lo siento. Y ocurre ese momento en que uno se sienta a contemplar lo que dejó el vendaval y se entretiene juntando las partes de ese todo que supimos ser. Y nos preguntamos si será sano perdonar tanto, si es mejor perdonar que sentir rencor. Si no enojarse es sinónimo de falta de amor propio.

Besos que son el comienzo de algo, llenos de promesas, palabras, abrazos todavía a medio dar y besos que alguna vez podrían quedarse atragantados.

Besos rápidos, sobre los labios, para despedirse. Para evitar el dolor de una pérdida, el dolor irreparable que puede causar un adiós. Besos lánguidos que empiezan en los labios y que terminan con lenguas bailando a la mañana siguiente.

Besos interminables, que piden a gritos quédate esta noche. Que vienen acompañados de manos y caricias desenfrenadas. Que solo nos hacen girar lejos de la realidad.

Besos mezclados con vodka, vino y cafeína. Que no nos dejan dormir, esperando simplemente ese beso que nos haga sentir únicos, sin nadie alrededor, aunque estemos repletos.

Besos contra una pared, de pie, jadeantes, con los labios tan juntos que no se sabe dónde empiezan los de uno y dónde terminan los del otro. Besos por compromiso, con los labios fruncidos.

Besos que significan un adiós, pero que engañan y sólo dicen hasta luego. Besos largos, lentos y húmedos que duran 3 días.

Besos… Que con la gente adecuada… Lo cambian todo.
(¡Estos sí que son los mejores!) =)




No importa que cierres la puerta, me gusta entrar por el balcón. Al día siguiente dejo el hueco de mi huída en tu colchón.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Tiempo de balance


El balance de fin de año.
Uff.
Algo tan difícil como encontrar una aguja en un pajar.
Como cavar la tierra tratando de descubrir plata yvyguy.
Abrir el baúl tratando de rescatar esos recuerdos que alguna vez guardamos.
365 días más de vida y 8760 horas más frente al destino, en el camino.

No es fácil balancear un año que trajo consigo emociones demasiado fuertes. Que me hizo descubrir sentimientos encontrados para los cuales quizás aún no me sentía preparada.

Tuve que usar algún parche sobre alguna herida que volvió a sangrar. Viví encuentros familiares que fueron como un cable a tierra que me hicieron saber lo indispensables que son ellos. Y recibí uno que otro abrazo imprescindible, que llegó tarde, pero que llegó al fin. Desterré de mi vida dolores atragantados que me hacían un nudo en la garganta, me desprendí de ellos y traté de fijar la mirada en quien sí estaba caminando a mi lado.

Palabras entre amigas, charlas interminables y silencios entre amores, silencios cómodos que hicieron de ese instante algo innolvidable. Fotos amarillentas, en sepia, que viajaron al álbum de los recuerdos, pero que volvieron al más acá para ser impresos finalmente en papeles eternos.

Reciclé memorias y recuerdos. Los gestos cotidianos, las sonrisas renovadas, las melodías nuevas y los paisajes conocidos fueron mis entremeses preferidos. Días con el estómago anudado y otros llenos de mariposas. Manos vacías, o corazón pausado o moviéndose al ritmo del rock and roll.

Palabras oportunas, silencios necesarios, manos extendidas y abrazos que curan hasta cualquier dolor del alma.

Este año se fue como el tren. O mejor dicho, fue veloz como una liebre. Espero que el 2011 también se convierta en un nuevo almanaque en blanco, dispuesto a ser invadido nuevamente por la emoción.

Renovando ilusiones, sin necesidad de cruzar los dedos detrás de la espalda como cábala a la buena suerte. Deseo cerrar los puños para sostener fuerte las promesas y descalzarme una vez que amanezca.

Se acaba un año. De emociones fuertes y metas alcanzadas.


Un año en que viví encuentros invaluables. Más de un año atrás me puse una meta que en febrero del 2010 se cumplió (el concierto de Coldplay en Buenos Aires!).
Deduje que cuando uno menos lo espera, la vida te termina sorprendiendo hasta dejarte boquiabierta y con la emoción a cuestas.

Nunca esperé encontrar todo esto en 365 días. Amigos a los que adopté como invalorables (los coldhermanos, todos ellos, no nombro a nadie para no olvidar a ninguno, ellos ya saben). En algunos de ellos encontré una amistad más fraternal que en otros (Marce, Guille, Noli, Franco, Edu A.). Me gané dos hermanos (Christian y Fabián), y conocí a personas demasiado especiales (Eduuu!!!).

Perdí contacto con algunas personas (Fer, Vero, Vivian, Cálcena, Conejo), pero aprendí que la amistad, si es verdadera, no importa la cantidad del tiempo que compartamos, sino cuánto hayamos vivido (Vivian mi mejor amiga, Conejo mi hermano! Años de interminable amistad).

Creció la familia, le dimos la bienvenida oficial a una nueva integrante (Bienvenida Carol! Desde el 4 de diciembre ya es oficialmente de la familia!). Viví momentos de presión intensa, en que deseaba hacer un “trágame tierra!”, pero a la larga aprendí que todo era nada más que para dejar de ser una larva y convertirme en mariposa. Supongo que es un proceso de metamorfosis que a todos nos toca vivir a lo largo de la existencia.

Encontré laburo y conocí buena gente (Lupe, Liza, Clau y muchas más con quienes me crucé en ese lugar). Y finalmente mis alas aprendieron a volar y desplegar vuelo.

No fue un año color de rosa (sí, demasiados altibajos, llantos amargos, frustraciones y discusiones). Y la balanza sigue rondando el punto medio entre aciertos y desaciertos, entre encuentros y desencuentros, entre el No y el Si, entre el pasado y lo nuevo.

Aquella lista enmendada varias veces y que ya contaba con varias tachaduras y unos cuantos pendientes, la que resaltaba con letra cursiva, negrita y en imprenta. Esa lista se va haciendo bollo de papel para pasar al mundo del olvido y hacer un nuevo recuento de lo que se viene.

No fue la octava maravilla del mundo, pero fue un año que me permitió crecer y madurar para convertirme en lo que soy ahora y seguir el camino que me llevará a lo que finalmente llegaré a ser después.

Hoy, a través de este blog que es como mi diario virtual, siempre abierta a los amigos que quieran pasar y decir algo. De este año y de este pequeño gran mundo en que vivimos, me quedo con los amigos que trascendieron el nombre de la fantasía, los kilómetros que nos separaban de nuestros propios sueños y de hasta el silencio anónimo que más de una vez era debidamente urgente. Esta catarsis pasó a ser un grabador instantáneo de todo aquello que sentía, un espacio que me dio la posibilidad de escribir como si pensara en voz alta, pudiendo ser yo misma en cada letra, sin medirme, sin escatimar, sin inseguridades y sin miedos. Así, apasionada y leal, como ese ser que en mi mundo real me cuesta expresar.

A todos ustedes, GRACIAS! Porque estuvieron ahí sin ser llamados, porque pese a la distancia, muchos supieron darme ese abrazo imaginario, que supieron secar una lágrima cuando mis ojos se estaban ahogando. A ustedes que contribuyen a que yo pueda escribir el mejor capítulo de mi propia historia.

GRACIAS a los que hicieron que este año sea uno de los mejores. Por los malos momentos que me transformaron en lo que soy hoy. Y por los buenos momentos que me hicieron darme cuenta de cuánto valen ciertas personas que hasta ese momento eran invisibles a mis ojos.

GRACIAS a VOS, por ser parte de esta alegría. Por dejarme que este año brinde con copa en mano y el corazón cargado de más emoción y de mucho amor.

GRACIAS a ellos, mi familia (que la conforman papá, mamá, mis hermanos y mi abuelo), que son la piedra y el pilar fundamental, quienes me dieron la base para que hoy tenga las fuerzas necesarias para poder ir tras mis sueños. Y que pese a todas nuestras diferencias, son lo más grande e importante que tengo. Aunque me cueste tanto demostrarlo.

Hoy sé y puedo decir que siempre estaremos cerca, como hasta ahora... como hasta siempre.

Feliz 2011!
SALÚ!




Y qué mejor que cerrar el último post del año con un tema y un video de una banda que marcó parte de lo que fue lo mejor del año. ¡Gracias Chris, Jon, Will y Guy por tanta buena música que marcó tantos momentos innolvidables de este 2010!

sábado, 25 de diciembre de 2010

Navidad con cara de grinch achicopalada


Las señales son notorias. Cierto rechazo a los adornos multicolores que engalanan los negocios y las casas, el malestar que me provoca la fila de pan dulces exhibidos y la gente medio poseída por el virus de los villancicos navideños.

Ya les conté el cierto fastidio que me generan las fiestas. Desde que me di cuenta que cada año se achicaba el número de comensales para la cena de Nochebuena, desde que papá ya no festeja las fiestas con nosotros en casa, desde que cada uno ha tomado caminos diferentes, como el matrimonio, la familia política, etc. El único momento agradable de la velada pasaba a ser el final, cuando por fin cerraba los ojos para sumergirme en esa dosis de olvido que me regalaba el sueño. Y más todavía un mínimo de dos semanas después, cuando ya todo parecía volver a la normalidad de la rutina.

Desde aquellos días considero al 16 de diciembre el último día pleno del año, y deseé que los últimos días del año pasaran volando, que se fueran con el primer cohete y fuego artificial que fuera lanzado. Inevitablemente, siempre la Navidad me ganó el mano a mano y me terminaba resignando con ser una suerte de grinch achicopalada.


Yo anduve queriendo hacerme la desentendida desde temprano, en que veía a toda la gente desesperada corriendo de un lado a otro como si del fin del mundo se tratase. Pero no. Hacer oficina hasta el medio día, las felicitaciones “correspondientes”, la famosa pregunta obligada “¿dónde pasás hoy?” y toda la gente existente se ocupó de recordarme que “Oh, cielos, ¡es Navidad!”. Qué diver.

Los supermercados y negocios de barrio avisando el horario de atención “19:00 horas”, el grupo de mujeres, madres, hijas, abuelas buscando regalos para el arbolito diciendo que procedían de parte de un señor sonriente y panzón que vestía de rojo y tenía una larga barba blanca, todas buscando al menos alguna chuchería hasta en cualquier puesto ambulante de la calle. La bolsita con un pan dulce y dos botellitas de sidra que nos regalaron en la oficina, la infinidad de mensajes y mails llenos de renos y nieve (¡en verano, ¡qué oportuno! ¿no?) que me enviaban desde un día antes por miedo a que colapsaran las líneas, los arbolitos bailarines con deseos colgando de las ramas y la típica frase de cierre: “Feliz Navidad y próspero Año Nuevo” (y muchos le agregan el jojojo para hacerlo más atractivo).

Fiel a la tradición, pero pese al desgano, en casa está armado un firme árbol de Navidad y el frente lleno de foquitos blancos. No hay pesebre, ni víveres ni regalos debajo del pino navideño. Así que ante semejante panorama y escasez de ornamentos decorativos, me di cuenta que podía (y debía, en última opción) darle cuerda al desánimo y tratar al menos de cambiar el chip y poner en ON el optimismo.

A la hora del brindis, empecé a lagrimear. Más por inercia que por otra cosa. Las últimas Navidades (sin abuela y con mamá en una casa, papá en otra) no fueron de las mejores que he tenido. Pero esta vez procuré. Intenté que esta Navidad no opaque el gran año que tuve. Ese año que cantando bajito pero a pasos agigantados llegó y atravesó las hojas del calendario, que se paseó por las cuatro estaciones y finalmente llegó, algo cansada, pero conservando el mismo espíritu simpatiquito de siempre.

Esta Navidad, me obligó a tomar conciencia de que este año teñido de innumerables cosas (buenas, malas y no tan malas), se va, colgado de alguna bengala hasta perderse en algunas que otras luces multicolores o blancas.

Yo voy a empezar otro año con mucho camino recorrido y con más aprendizaje a cuestas. Me queda la sensación de que al menos le di batalla a casi doce meses de incertidumbre, de cierto letargo impuesto por la vida, pero que al final fue recompensado de alguna u otra manera. Tardó, pero finalmente llegó la recompensa. ¡Y vaya sorpresa!

No fue todo de las mil maravillas. Pero el 85% de las metas que me propuse a fines del año pasado, logré cumplirlas, el 15% restante, fueron y serán retrasadas por cierta dejadez de mi persona. Pero con el fin de cumplirlas al 100%, haciéndole frente a algo mucho más grande y a fin de superar un desafío mucho, pero mucho mayor.

Este 2010 que está a punto de irse, pasa a ocupar un lugar en el pasado, ese lugar en el que se encuentra gente con nombre, con rostro y con un lugar en mi memoria. Pese a que siempre habrá cierta gente a la que dejo enterrada junto a algunas que otras miserias fortuitas que me tocó vivir, gente que no tendrán el privilegio de ser mencionadas siquiera en mi lista de apegos desmedidos.

Acá, en mi mundo cotidiano, queda una colección de afectos con olor a nuevo y otros tantos añejados por el paso del tiempo que se convierten en reliquias de inmenso valor.

Por supuesto que queda también un lugar de privilegio para mi vocación, el periodismo. Que a fuerza de tolerancia pude llegar a cumplir los cuatro años y las 40 materias del plan curricular. No sé si se cumpla la predicción de papá respecto a eso, pero como lo dije, la elección me dio el mismo privilegio de la vocación, no solo de la profesión. De haber sido cualquier otra cosa (astronauta, ingeniera nuclear o matemática), en el fondo, siempre habría continuado siendo una buena periodista =D

Por sobre todo, y aún así, la esperanza sigue ahí intacta y reluciente, de saber que así como llegó la Nochebuena, va a llegar un nuevo año con trescientos sesenta y cinco páginas para colorear y emocionar.

Porque si hay algo que este año me quedó más claro que el agua, es que todo, absolutamente todo, llega. Que siempre vale la pena esperar.

Espero que hayan tenido la mejor de las Navidades y que el 2011 venga cargado de alegrías.

No les deseo una Nochebuena, sino una Buena noche. Espero que se haya extendido hasta el amanecer y que se prolongue hasta el INFINITO Y MÁS ALLÁ!

Sean felices, o al menos, inténtenlo.

De corazón: ¡Feliz Navidad a todos!

¡Y gracias, por ser parte siempre!

¡CHEERS!

viernes, 17 de diciembre de 2010

Deseos


Uno de mis mejores amigos me escribió al celular desde Argentina la noche anterior para felicitarme. La cena previa con papá y mis hermanos, el festejo con mamá, con amigos y con alguien especial. Fueron muchas emociones para un solo día. Pero lo disfruté plenamente.

Hubo grandes ausencias, pero también gente que me sorprendió. Cosas que en definitiva no esperaba que sucedieran. Lo que puedo creer es que esos que estuvieron, son los que siempre estarán. Y eso es lo que espero.

Veintidos años y 22 velitas imaginarias que soplé para pedir mis deseos.

1. Que la imaginación nunca se me quede en pausa, ni la voz muda.
2. Que pueda seguir aprendiendo de lo malo, desechando lo feo, atesorando lo bueno y recordando lo vivido.
3. Que pueda mantener mi capacidad de tolerar lo que a veces parece intolerable.
4. Que pueda prescindir de muchas cosas, pero nunca, jamás prescinda del amor.
5. Que ningún mal momento consiga opacar mi sonrisa.
6. Que los finales felices y las pequeñas cosas me sigan emocionando.
7. Que asimile que los padres nunca serán perfectos porque son humanos.
8. Que me sobren letras y me falten penas.
9. Que mi sexto sentido no me abandone.
10.Que encuentre la forma de decirle “gracias” a papá y mamá.
11.Que ninguno de los afectos que me rodean sean estacionales.
12.Que mi espíritu sea siempre nómada. Y que solo haga algo si es con pasión.
13.Que cuando llueva me moje el rostro pero que no se destiña mi alma.
14.Que nadie pueda robarme nunca la capacidad de seguir soñando.
15.Que pueda conservar la paz interior.
16.Que nunca venda mi conciencia al mejor postor.
17.Que pueda digerir las desilusiones y los fracasos con mucha esperanza.
18.Que las heridas propias dejen una marca que se llame experiencia. Y que esa experiencia venga acompañada de madurez.
19.Pero que esa madurez no me impida jamás ocultar mi espíritu infantil.
20.Que siempre haya alguien a quien pueda dar una mano.
21.Que pueda descubrir la forma de prolongar los momentos de felicidad.
22.Que lo efímero se convierta en duradero y que las lágrimas se transformen en un grato recuerdo.

Soplé las velitas y descubrí que siempre hay un motivo que nos impulsa a seguir… Sin perder la sonrisa.

Gracias a quienes compartieron conmigo un año más, a los que me llamaron, me escribieron y a los que contribuyeron a que recibiera en mi mail más de cien notificaciones de felicitaciones. No esperaba tantas sorpresas y tanta emoción. A mis amigos de fierro, que me aguantan aún en mis peores días. Y sobre todo a vos, por haberme mimado más de lo que a lo mejor merezco.

Gracias, por una vez más, pasar conmigo un maravilloso día. ¡Son lo más! =)

#Esonomásqueríadecirles.