lunes, 3 de septiembre de 2012

PAM: Una fiesta de alta moda


Como una verdadera fiesta se vivió la gran vidriera de la temporada 2012-2013, Paraguay Alta Moda.

Este encuentro de moda reunió a diseñadores, analistas de moda y modelos que demostraron en pasarela los mejores trabajos y diseños, lo que se viene para la nueva temporada. El evento se destaca no solo por la diversidad de marcas y desfiles, sino también por las demostraciones, lanzamientos, charlas y debates sobre diseño, moda y estilismo, en su más amplia gama.

En esta nueva edición, Paraguay Alta Moda decidió cambiar el concepto de lo que es un evento de moda, presentando un abanico amplio de innovación y diseño con las distintas marcas que colaboran en el ciclo de workshops con referentes de la moda regional.

El lanzamiento se llevó a cabo el pasado 31 de agosto en Larissa Jiménez Planta Alta, durante una gran fiesta con DJs invitados. Mientras que el 1 y 2 de setiembre, el Centro de Convenciones Mariscal López fue escenario de dos noches chic y de puro glamour, con la presentación de colecciones bien a la moda, apto para vestir en cualquier momento a la mujer actual.

La inspiración de esta campaña fue celebrar la moda del día, la moda que se ve a diario en la calle como un discurso libre. Una explosión de colores estampados, con espíritu joven y resplandeciente lleno de contenido urbano. En pasarela estuvieron Ocre, Ilse Jara, Nasa, Enrique Rivas, Namaste, Las Cubas, Florencia, Ad Astra, Acyary (vestidos) y Ohlalá (accesorios), Caburé, Joseph, Ofelia, y muchos más.

Desde el 2008, Paraguay Alta Moda (PAM Producciones) forma parte del calendario matutino de nuestro país en cada inicio de temporada, a fin de fomentar y estimular los talentos nacionales, congregando a los mejores diseñadores del medio en un evento de Alta Moda.


sábado, 25 de agosto de 2012

La noche mágica que solo nosotros conocimos




Definitivamente, ver y escuchar en vivo y en directo un concierto de KEANE es asistir a una sesión de karaoke colectivo, con maestros profesionales. No es de extrañar: "Hopes and Fears" contenía algunos de los singles más coreables de la última década, además de haber ganado dos Premios Brit por Mejor Álbum y por Banda del Año. Los siguientes discos corrieron casi casi con la misma suerte. No quedan dudas de que a una banda, músico o solista nunca les falta un himno en el soundtrack de canciones que marcan determinadas épocas y que llegan a ser coreadas por multitudes. Y los cuatro caballeros de Battle saben perfectamente cómo hacerlo.

Una vez más, Asunción fue testigo de una de esas conquistas memorables en suelo paraguayo, esta vez por británicos que combinando una perfecta simetría lograron seducir y transportar a las alrededor de 20.000 personas de esta Tierra Extraña que se congregaron a escuchar, en vivo y en directo, por primera vez a KEANE en una maratón de éxitos, cada uno de ellos cargados con emoción, la misma que demostraba el público y que instantes después era devuelta por la banda.

Se hicieron esperar, contrariamente a la vieja y fiel costumbre inglesa de puntualidad. Pero ya no importaba. Finalmente, la loca odisea comenzó minutos antes de las 22:00 horas con “You are young”, una hermosa balada de su más reciente álbum “Strangeland”, y el asombro de Tom Chaplin no se hizo esperar: “¡Gente de Paraguay, hola! Hay tanta gente, es genial poder conocerlos. ¡Va a ser un gran show!”, saludando a sus acérrimos fans paraguayos que ansiosos esperamos este encuentro, o mejor dicho, esta conquista, por largos meses desde la confirmación de su show, y por 8 años, desde el surgimiento de la banda. De la que pocos realmente saben que se ganó fama actuando como teloneros de U2 en la gira mundial del grupo irlandés, durante el 2005.



Afortunadamente la noche recién empezaba. Al son del “un, dos, tres…” de la marca del compás con los platillos de la batería del enérgico Richard Hughes, sonaba “Bend and break”, que presagiaba el calentamiento de motores para lo que se venía. Y el público paraguayo, que será todo menos apático, no dejaba de gritar, vibrar, aplaudir y corear ni un solo momento. Mucho menos… ni un solo éxito.

Y para este segundo tema ya nacía la duda existencial: No en vano Chaplin es considerado una de las mejores voces del Reino Unido y del mundo de la música en general, ¡en vivo sonaba exactamente con la misma calidad como si pusiéramos un disco del grupo! Pero no. Es que el mismo Tom que nos estaba cantando allá arriba era el mismísimo que sonaba todo el tiempo en la radio. Casi no había diferencia.

Y así, sin mediar palabra siguieron los éxitos, conjugando una justa mezcla de lo nuevo a lo clásico y viceversa, hacían enloquecer al público. Y siguieron temas como “Day will come”, que si bien hizo colapsar a las casi 20.000 almas que coparon el Jockey Club, permitió disfrutar y apreciar el magistral trabajo de Tim Rice-Oxley al mando del teclado, instrumento que según contó el propio Chaplin, suple a la perfección el rol de la guitarra inexistente en el grupo.

A esta canción le siguió la tan bella balada que cuenta la historia de ‘dos amantes en una gran separación’, más conocida como “Nothing in my way”, uno de los sencillos más populares de su aclamado segundo álbum “Under the iron sea”. Y este fue el puntapié inicial para poner a bailar a todos los presentes, sin excepción, volviendo a la locura y a la vigorosa alegría de algo que sonaba como una bailable ochentosa de la mano de “Spiralling”, desprendido de su tercer álbum de estudio “Perfect Symmetry”, lo que con solo un sintetizador de Tim bastó para alcanzar el grado onírico de la banda y del público, transportando nuestros sentidos. Y a partir de aquí, todo se volvió una fiesta.


Entre agradecimientos al público por hacerlos ‘sentir tan especiales’, sin dejar de idolatrar el gran lugar donde estaban, Chaplin dejaba entrever todo su carisma, mientras un estruendo de montones de voces pedían otra canción. Lo único que queríamos era que esa noche fuese interminable.

Y así fue. “We might as well be strangers”, bella balada de su primer disco que en su primera parte iba acompañada solamente por el teclado del maravilloso Tim Rice-Oxley, piedra angular, prácticamente cerebro de toda esa máquina hacedora de grandiosos hits denominada KEANE. Y Chaplin, una vez más, no tardó en asombrarse por el ‘hermoso’ canto de los fans. Y como una máquina del tiempo, de nuevo nos teletransportamos a la actualidad con el que fuese primer sencillo de su último disco “Silenced by the night”, que al contrario del título de la canción, no fue testigo de un público silenciado por la noche ni por la música, todo lo contrario. El público ya estaba extasiado, con ganas de más.

Se veía venir el clímax pleno. ‘Si les gustó la canción anterior, esta les va a gustar aún más’, nos adelantaba el frontman de la banda. Y solo bastaron unos instantes para que el Jockey explotara en su máxima expresión y con sólo escuchar los primeros acordes de “Everybody’s Changing”, el público empezó a delirar. Ese era el mejor momento para, tal y como dice “Sunshine” –una maravillosa cancioncita que estuvo ausente esa noche, también de “Hopes and Fears”- ‘perdernos en el sol’ –o en la luna, en este caso-. ¿Se podía pedir algo más?

Sí. El show de karaoke, hit tras hit, con los mejores maestros estaba recién en la mitad de todo su despliegue. Tom Chaplin, al igual que Richard Hughes, Jesse Quin y Tim Rice-Oxley estaban contentos. Y no dejaban de demostrarlo dando lo mejor de sí en cada nota. No importaba qué tema venía después. La consigna era disfrutar el presente. “The starting line” y “Again and again” dieron continuidad al show.

Después de esa última canción, un tímido Chaplin se quedaría solo en el escenario, entre pícaro y aterrado, él vestido de remera negra y chaqueta de jean, la minimalista escenografía, las luces tenues, de manera correcta se cargó con una guitarra acústica en las manos y se marcó un acústico. Todo en su justa medida, nada sobraba… Nada faltaba. “Your eyes open” empezaba a sonar y el público fue testigo de una atmósfera única, dando la impresión de estar de igual a igual y no con un artista que lleva cientos de éxitos encima.

Y así volvieron sus compañeros para acompañarlo en una balada casi celestial, que describe coincidentemente y a la perfección su situación en este pedazo del planeta: “Strangeland”, título que da nombre además a su último trabajo de estudio. Un ritmo simple, casi como un salmo, una oración, un quebranto que salía desde lo más profundo… como de un suspiro.



Entre saludos y espontáneos flirteos, Chaplin maravilló –y enamoró, ¿por qué no?- a más de una con su fluidez, encanto y empatía. No importaba el ritmo: balada, rock, pop. Él estaba dispuesto a continuar. “On the road”, “A bad dream” y “Perfect Symmetry” fueron las elegidas, esta última tiene en su haber el mérito a un Premio a la Mejor Canción del Año 2008, y da nombre al disco que permitió a Jesse Quin ser, además de un gran músico multiinstrumentista para la banda, una fuente de ideas para ese álbum.

El público ya se sentía pleno, tornasolado. Pero todos sabíamos que faltaba algo. Y Keane no se conformó con el protagonismo que ya había ganado su público con temas anteriores y decidió darnos más. Con “This is the last time” sucedió la descarga de alto voltaje que todos habían esperado desde inicios de esa maravillosa noche. Y no sería la última vez, como reza la canción, porque Chaplin, como portavoz de la banda, prometió que regresarían. ¿Qué hace que no podamos tener fe de que así será? Prometieron un gran show. Y nos dieron más de lo que podíamos imaginar.

La increíble invasión inglesa no terminaría ahí. Ellos querían seguir. El público pedía más. Y lo que siguió, más que una descarga de éxitos, fue el ápice, la cumbre, el ‘too much’ de la cuestión. Y para que todos durmieran tranquilos esa noche, sonaba “Somewhere only we know”, uno de los esos himnos de los que hablábamos al principio de este relato. Una de esas canciones épicas, típicas de los grandes estadios, las grandes masas, y por sobre todas las cosas… De las grandes emociones. KEANE consiguió llevarnos a la cúspide y mantenernos flotando a la par de un ensordecedor coro capaz de apaciguar todas las guerras internas que existiesen.

A ratos eran Oasis, a ratos R.E.M., y con canciones como “On the road” demostraban que The Beatles fueron una gran inspiración para ellos. Pero a KEANE, que nunca fue una banda de moda, que no hizo lo que hicieron otras importantes bandas, como Coldplay de conquistar el mercado norteamericano, siempre algo lo delataba y es esa calidad musical de mostrar un sonido inconfundible que los hace inmediatamente reconocibles, rompiendo con la vieja tradición inglesa de guitarra-dependiente en su conformación.



Y ahí estaba Chaplin, alzando el pedestal del micrófono que actuó como mástil desde el momento en que al vocalista se le ocurrió colocar la bandera paraguaya mientras sentía la empatía del público paraguayo, que no dejaría de admirar su carisma y su gran caudal vocal.

La seguidilla de éxitos que vendrían después serían la eléctrica, rockera y pegadiza “Is it any wonder?”, para luego cerrar el bloque principal del concierto dando pie a otro de los platos fuertes de la noche, la siempre iluminada y bienvenida “Bedshaped”, cantada por los fans de principio a fin, ante un incrédulo pero feliz Chaplin, al que parecía que había que pellizcar para que pudiera creer lo que estaba ocurriendo en una tierra lejana y desconocida. Ese hit sonando, como una conjugación de un montón de sentimientos encontrados: miedo, amor, bronca, terror. Una pasión desenfrenada de cosas inexplicables que este tema logra de una manera tan simple, generando suspiros de aquí y de allá. Y así se lo veía a Tom en cada corte de la canción: “Convalesciente”. ¿Y al público? También.

Y el amague no tardó en llegar. Pocos creyeron en su ausencia, y mientras otros iban abandonando su lugar, los caballeros británicos regresaron a sus puestos de mando para ofrecer la dosis completa de una ‘noche mágica’, como el mismísimo Tom Chaplin lo había descripto en un momento de la velada, agregando: “This is one of the memorable moments of our career” (“Este es uno de los momentos más memorables de nuestra carrera”). Y ahí sonaron “Sea Frog”, “Soverign Light Café” y para cerrar, la extasiada y enérgica “Crystal Ball”. Era lo que faltaba, el último suspiro, la última bocanada de aire. Y luego de dos horas de show, la voz de Tom seguía intacta, sin un solo rastro de desafinación.

Se volvieron a ir. El público que iba alejándose tuvo que volver. ‘Ustedes se merecen una canción más’, decía Tom. Nadie se reservó un solo grito. Las gargantas que quedaban disponibles no dudaron en continuar el karaoke. Y solo para los fieles fanáticos, la banda regalaba una preciosa cancioncita de su EP “Night Train” del año 2010, “My shadow”, pareciera que para espantar fantasmas y no olvidarlos nunca. Con sólo mencionar la primera frase de la canción, es como para no borrarlos de la memoria jamás: “Es tiempo de hacer un comienzo…”. Y a medida que transcurrían los minutos de la última canción de la velada, se iba asomando más de un lagrimón...

Pudo faltar “Lovers are losing”, tema muy esperado por muchos fanáticos, pudieron faltar detalles ínfimos, pero nada hizo que el show de los cuatro caballeros de Battle dejara de ser impecable. Y es innegable la química entre ellos, y eso que es tan notable tanto arriba como abajo del escenario es lo que hace la diferencia separándolos de otras bandas. Tal vez sea esa la fórmula de su éxito, lo que los hace sonar tan precisos en todo momento. Incluso podríamos decir que eso que faltó, fue lo que hizo que KEANE consiga el equilibrio necesario para brillar como lo hizo.

Ahora solo nos queda mantenernos en esa nube a la que nos trasportaron aquella noche memorable, que nos dieron cátedra de cómo hacer un show impecable y nos permitieron poder soñar con su vuelta. “Gracias por hacernos sentir tan bienvenidos”, decía Tom, con su acento de señorito inglés antes de despedirse. Y prometieron regresar.

Amén, una y mil veces más.

martes, 20 de marzo de 2012

¡MISIÓN CUMPLIDA!


Ya estoy de regreso, después de recuperar mi vida. O bueno, todavía estoy en ese típico proceso de acostumbramiento después de tantos vaivenes.

En el pasado quedaron aquellas noches de insomnio, de tener 4 horas de sueño diario, de trabajar hasta las dos, a veces hasta las tres a.m., los minutos de incertidumbre constante, de querer borrarme, que me tragara la tierra, tirar la toalla y querer irme lo más lejos posible… Estoy en un proceso de asimilar mi nueva condición y darle al acelerador para continuar con el siguiente paso.

En la universidad quedó la Fati nerviosa, estresada y a destiempo. Y a mi presente me traje una que está en pausa, detenida, más tranquila y apaciguada.



Sí, defendí mi tan anhelada tesis, señores. Y debo reconocer que fueron las dos peores semanas de mi vida. Me rechazaron la tesis una y otra vez, hasta que me dijeron: “O lo hacés ahora, al costo que sea, o vas para agosto”. Ya sabrán mi decisión. En cuestión de dinero, me caracterizo por ser tacaña y a veces lo más ahorrativa posible. Esta vez me olvidé de la cámara profesional para la cual estaba ahorrando, y decidí postergar el curso de fotografía que quería empezar, porque por sobre todo había una prioridad en mi listita que superaba cualquier otra cosa.

Tomé un trabajo los dos fines de semanas previos a la defensa, sin saber o ingenua quizás de que ese lunes 5 de marzo, a las 10:40 horas, serían el día y la hora que tanto esperé por demasiado tiempo, cinco años de espera! Imagínense cómo estaba. tantos años esperando que llegara ese día para poder prepararme como se debía y yo trabajando hasta las 11 de la noche el día antes. Era tercera en la lista de espera.



Ocurrió la dicha de poder cambiar por fin el auto viejito por uno mejor y más nuevo, sobre todo. Pero mi mala suerte y mi frustración, llevó a que el móvil me deje en medio de la Avda. Choferes del Chaco y Eusebio Ayala parada. Y ahí estaba yo, con un auto nuevo, del que solo pude utilizar 17 km (porque ceré el kilometraje) y después nada. A las 5 debía estar en el trabajo que había aceptado y antes debía retirar los encuadernados y entregarlos a la facultad para la defensa del lunes. No me pregunten cómo conseguí hacer todo en una hora, con un tránsito caótico y un humor de perros después de que mi hermano me prestó su ayuda para poder concretar esa misión que parecía imposible.

Cuando pensaba que nada podría ser peor que la experiencia de aquel día, el lunes de la defensa todos los astros parecían conspirar en mi contra para que llegara tarde a la facultad. Pero dicen que nunca nada está perdido del todo, ahí llegué yo. Mi presentación se retrasó casi media hora porque el compañero que expuso antes se extendió en su defensa. Al fin todo estaba por pasar de largo. Y finalmente los nervios no me traicionaron y el pánico escénico (que padezco desde hace algunos años) al que tanto temía y rogara no apareciera ese día, no llegó nunca. Tuve una nota que alguna vez soñé con tenerla. Pero que debido a las circunstancias, la veía un poco lejana. Aun así, traté de irme con la frente alta. Y tal como una vez alguien de quien no recuerdo el nombre me dijo: “Aspirá a lo alto. Entonces si no alcanzás la luna, al menos alcanzarás una estrella”, me fui con esa mentalidad. Y solamente deseaba que pasara lo que debía pasar. Trabajé un año en mi tesis, me desvelé muchas noches, eran dos horas solamente llegar hasta la oficina del profesor donde hacía la tesis y otras 4 horas para trabajar en el contenido, que ya estaba dispuesta a aceptar lo que venga.



Al día siguiente, todo lo ocurrido anteriormente, ya tenía una explicación: Cuanto más difícil te sea conseguir algo, significa que lo que estás buscando es lo mejor, casi lo eterno. Y se volvió inexplicable levantarme el martes con la sensación de saber que una de las grandes materias pendientes, que el primer gran objetivo del año 2012 se cumplió. Eso no tuvo precio y no lo tendrá nunca. Nunca cambiaría por nada esa sensación de saber que 5 años de carrera, esfuerzo y sacrificio se cerraron de la mejor manera.

Y algo que jamás podría borrar de mi memoria es la primera reacción al conocer el 5 que me había ganado (porque me lo gané, nadie me regaló nada), fue salir de la Sala Magna, ver a mi papá acercarse, abrazarme a él y largarme a llorar. No tiene sentido explicar el motivo. O sí. Él no quería que yo sea periodista, quería que sea contadora, “te vas a morir de hambre”, me había recomendado. No sé si alguna vez dudó o creyó firmemente en mí. Pero ahí estaba, demostrándome en un abrazo, todo lo que no podía decirme con palabras. Fue lo más memorable de todo ese proceso, pre y post-tesis.



Hoy puedo decir con orgullo: ¡MISIÓN CUMPLIDA! Y el título de LICENCIADA EN PERIODISMO es primero que nada para papá, porque ese era tan sueño mío como suyo. Y por supuesto para mamá, que nunca dudó de mí, la que me impulsó a no bajar los brazos después de escucharme con ese temor una y otra vez.



Ahora puedo decir abiertamente que la pasé mal, muy mal. Cuando me preguntaban por el estrés, les decía que todo estaba normal, nunca noté nada raro más que insomnio e incertidumbre en mi persona. Hasta que al día siguiente me di cuenta de los 10 kilos (si no es más) que tenía de más, mi gripe se agravó, me quedé sin voz, con dolor de garganta, fiebre, una ausencia en el trabajo, fuego, dolores de cabeza, de muela, hasta que el dentista me diagnosticó bruxismo, un trastorno del sueño que consiste en morder los dientes mientras se duerme y que es causado debido al estrés.



Los nervios y el estrés me bajaron las defensas para adquirir todo lo que vino después. Sigo sin recuperarme del todo, pero la felicidad está latente. La emoción es incontrolable. Siento que cumplí como debía ser, que ya no le debo nada a nadie, que a partir de ahora la deuda solamente es conmigo misma.

Y solo me queda agradecer la buena onda y los deseos de éxito que me tiraron por mail, redes sociales, celular… Agradecer el apoyo incondicional de mi familia y de mis amigos. Y un agradecimiento especial a la gente de mi trabajo, porque no me reprocharon absolutamente nada y me dieron la oportunidad de cerrar esta etapa de semejante manera.

No tengo palabras para agradecer. Creo que el mayor objetivo pasó a la historia. Y en lugar de hacer la parada obligada y mirar para atrás, quiero dejar de revolver el pasado para seguir adelante. Y solo tomarme una breve licencia para recordar el punto de partida que me permitió llegar hasta acá.



Hoy soy consciente de que ya es tiempo de dar vuelta la página y de respirar un aire renovado. Aunque todavía tenga impregnadas de tinta las yemas de los dedos, necesito arrancar de nuevo, esta vez con más fuerza. Porque a partir de ahora mi tiempo ya no se mide en horas. Ahora me voy a tomar más tiempo conmigo para acomodar las técnicas que voy a usar de ahora en adelante, acomodando cada cosa en su casillero y mirando aspectos de mi vida que las situaciones pasadas me impedían ver.

A partir de ahora solamente voy a escuchar a mi vocecita interior, la que no me miente, la que me lleva adonde indica el instinto. Hoy ya no hay ataduras, siento como si estrenara una vida nueva, como si pudiera moldear la arcilla y darle forma a mi antojo. Sé que no es fácil, que en la tarea de dibujar y colorear un nuevo proyecto de vida, un nuevo objetivo, puedo llegar a tener más altibajos como los de aquellos días, en que pasaría de la inmensa felicidad a la triste congoja, de querer encerrarme en silencio, a poner música a todo volumen y elegir ropa para salir.



Pero ya no importa. Ese viento que venía soplando en forma de brisa, de pronto se convirtió en un huracán. Todo se movió así de repente y de manera sorpresiva me di cuenta que no tenía nada para rescatar ante la emergencia más que a mi persona.

Hoy me tengo a mí, a esta nueva yo. La que recuperó su vida y su libertad.

Gracias a todos por aguantarme en el proceso. De verdad que haber cerrado esa etapa tan linda, quedará entre los mayores retos y alegrías de mi vida.

Y gracias también por compartir conmigo esta alegría desbordante y liberadora.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Que sea lo que tenga que ser



Ya se está yendo y en su lugar viene un reemplazante.

Un principiante al que todo el mundo conoce de nombre, pero que nadie sabe de sus capacidades, sin embargo, no dejan de señalarlo como un candidato prometedor, capaz de serrucharle el puesto a cualquiera.

Llega apurado porque sabe que lo esperamos con ansias en el umbral de la puerta, con los bolsillos llenos de esperanza, de ilusiones y de sueños.

Clavando la mirada en la ilusión.

Todos apuestan por él, pese que no trae consigo ni certezas ni garantías.

Sin embargo, hay algo en él que nos hace creer esta vez sí será el indicado, el que vaya a cumplir nuestros propios pactos y compromisos internos, el que va a renovar los plazos de esos cambios postergados, de ese “el próximo año lo haré”, o “el lunes empiezo la dieta”.



Finalmente, el que viene volverá a mantenernos en la cuerda floja por otros 12 meses sin saber a qué abstenernos, es decir, con pena, pero sin gloria. O quién sabe.


Cuesta hacer un balance cuando no sabés ni por dónde empezar.

No gané millones en la quiniela ni en el binguito, tampoco viajé a algún lugar del mundo (ni siquiera al interior fui este año). No cambié el auto, no me compré el LCD, ni me gasté la plata en la cámara semiprofesional que tanto quería. Y aun así, creo debe haber otros motivos para que la balanza se incline hacia lo favorable.

Le veo la vuelta y me encuentro con tantas diferencias en lo personal, que ahora ya solo busco aprender que mis afectos ya no sean tan dependientes de alguien, reconocer que hoy por hoy, ya es momento solamente de pelear por eso que me propuse mucho antes de conocer a otras personas. Cuesta asimilarlo, pero estoy convencida de que es momento de poner las cartas sobre la mesa y saber que nadie es indispensable, aunque a veces duela reconocerlo.


En fin, el nuevo año tiene el vigor de la juventud, el ímpetu intacto y el deseo sin corromper. Se cree capaz de destruir la monotonía de los lunes e incrementar la alegría de los viernes. Insiste en hacerme creer que habrá poca niebla en un paisaje principalmente despejado.

Sí se empecina en advertirme que los logros no serán gratuitos y que de un mal trago obtendremos el zumo del aprendizaje y satisfacción del intento. Cree que es importante estar ávidos y atentos, dispuestos a que un día cualquiera la felicidad nos quite la venda y nos mire a los ojos hasta encandilarnos.

Que sea lo que sea. Que llegue de una vez y que extienda su mano en un cálido saludo, que me regale alguna frase para tatuar en mi memoria y recordar que las 8760 horas que empiezan a correr sin pausa desde mañana me permitan vivir cada día como si fuera el último. Sin saber ni querer entender que alguno de esos días, realmente va a ser el último.


Que al recibir este 2012, en que se premedita el famoso fin del mundo, con la sangre alborotada y con la profunda promesa con nosotros mismos de que no dejaremos pasar las oportunidades que el año nos regale para ser felices, podamos empezar con el pie derecho y las esperanza a flor de piel pensando que los sueños, siempre que se luchen por ellos, se podrán hacer realidad.

Y después, que sea lo que sea, lo que debe de ser.

A mí, Abuela me acompaña siempre y espero que ustedes también tengan alguien que los lleve de la mano desde algún lugar para protegerlos y guiarlos en cada paso que den.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Todo llega



No es que me haya propuesto hacer una revisión de fin de año sobre los logros y las materias pendientes, pero creo que estas fechas ayudan a que mentalmente repasara lo que fue este 2011.

Por inercia más que por razonamiento, lo primero que vino a mi mente fue lo malo: un trabajo que llegó a hartarme a más no poder, acompañada de una situación económica tan apretada que sólo me provocó recortes en esas cosas prescindibles, pero que a la vez me resultaban placenteras (cenas afuera no hubo ninguna, talleres literarios y de teatro que quedaron solamente para el recuerdo, viajes que no se concretaron y que más que nada, el año tuvo mucho shopping) O.o Y desde luego, días invernales para el olvido.

Los primeros meses del año estaba saturada, estresada, a punto de colapsar. Juraba y perjuraba que si llegaba a aguantar en ese laburo hasta mayo, era todo un logro más que meritorio. Ya no estaba para reproches, al menos sin valoraciones de por medio. Porque ante todo estaba el amor propio y ya no daba para más seguir tolerando que pisoteen mi integridad ni mi capacidad profesional (porque hasta tener que encargarme de la limpieza de mi oficina, lavar platos después de una producción y hasta tener que comprar yerba y preparar el mate de la autoridad, era digno de un colapso nervioso). Al salir de esos cuatro vidrios (porque ni paredes eran, hasta ellas hablaban), era motivo suficiente para ya no tener ganas de hacer absolutamente nada.
Y quizás ese desánimo que me produjo mi trabajo hizo aflorar mi verdadera vocación y me impulsó a dedicarle más tiempo a algún placer que estaba adormecido. La falta de plata me hizo buscar alternativas y poner a prueba mi ingenio tratando de sobrevivir en más de una oportunidad, por lo que decidí religiosamente salir a caminar casi todos los días al menos 45 minutos cada vez.

Mientras tomaba consciencia de que amaba mi trabajo, de que me gustaría morir produciendo, escribiendo, viviendo de esto, empecé a ser honesta conmigo misma tratando de convencerme de que eso en realidad no me llenaba, y que ni por amor ya no estaba dispuesta a sentirme tan humillada e incomprendida. Y eso pasó justo cuando me dieron el cheque de liquidación. En el momento justo en que estaba por estallar. Si ellos no me decían nada, lo habría hecho yo. Y ya lo veía venir, pero por cosas de la vida, me costó asimilarlo al comienzo. Hasta me hicieron sentir que como profesional no valía un céntimo. Cabe destacar que después de eso perdí un laburo importante. Perdí de vista todas las expectativas que tenía para este año que esperaba iniciara de una mejor manera. Dejé de pensar en lo que vendría después, creyendo que nada iba a ser mejor.

La tormenta pasó. Pero no dejé de llorar a moco tendido y lamentarme por el fracaso. Sí, a pesar de todo lo consideraba un fracaso. Yo estaba tan ensimismada mirando entercada esa puerta que se cerró sin querer fijarme en las que se me podrían estar abriendo. Dejé de lado la tesis, me encerré en mi termo y preferí cruzarme de brazos antes que actuar. Y ahí fue cuando cambió todo. Primero se abrió una ventana, después se cerró otra puerta, se volvió a abrir otra. Y así… Hasta llegar al día de hoy, en que nuevamente vuelvo a cargar mi mochila de ilusiones, proyectos y expectativas, además de un par de parches que guardo en un bolsillo para que esta vez una caída no me haga estancarme en el camino. Esta vez ya quiero estar prevenida.



Y ese es mi principal deseo de fin de año: mantener mi capacidad de sorprenderme, pero ya no ser tan impulsiva. Que reaccione a tiempo y salga a buscar respuestas, que me amigue con mi pasado y que acepte ver que nada fue en balde, que todo sirvió para que mis ilusiones hoy crezcan más, pensando que se viene un verdadero gran año. Ya tuve una noticia que si pasara a concretarse, sería una enorme y maravillosa oportunidad para mi carrera profesional. No sé si será así tal cual siempre lo esperé, pero sé que es esa oportunidad que tanto tiempo busqué, que llegué a decir “alguna vez va a llegar MI MOMENTO”. Y sé que en eso estoy, que Abuela quiso que todo lo anterior pasara para que estuviera preparada. Para que si sucediera, estuviera más que convencida que todo ocurrió por algo. Que absolutamente nada de lo pasado, fue por casualidad. Tenía que hacer camino antes y sé que así será. Lo voy a contar una vez que salga, sino, igual ya llevo el parche para evitar que la herida vuelva a sangrar y saber que si no pasa nada, mi camino será seguir andando. Como siempre, como hasta ahora. Así sin más.

Se va el 2011, un año difícil, que agoniza después de haber estado más tiempo ensimismado, como si se hubiera tragado una fábrica de sedantes, que lúcido.

Hace bien en irse. Su estadía no generó tantas complacencias y alegrías como el 2010, sin embargo no escatimó en generar complicaciones.

Desde un comienzo pensé que difícilmente sería tan bueno como el anterior, pero aun así nunca dejó de generar expectativas, falsas, pero expectativas al fin. De las cosas buenas que esperaba me regalara, sólo se limitó a hacer insinuaciones. Y salvo por algunos encuentros en la mitad y grandes noticias, casi al final, después se robó más de la cuenta.



Me abofeteó en más de una ocasión, me hizo pedir clemencia, me puso la soga al cuello, y ¡me cortó la inspiración! Y ese es el peor crimen para mí, digno de ejecución. Con eso esperó que me rindiera, lo deseó tanto hasta darse por vencido cuando lo insulté tratando de escribir cosas coherentes para no abandonar del todo este espacio virtual.



Se puede decir que fue jodidamente irrespetuoso, pero que espero mi revancha, siempre la hay en todo. Y ese desquite espero que lo traiga el 2012 que ya está bajando del avión y que viene en busca de un espacioso alojamiento, con un enorme armario donde pueda colgar los honores y regalías que espero me tenga preparado y que el primero sea en Marzo.

Si cumple con su promesa, en su valija habrá menos dudas y más certezas, más acercamientos que promesas y mucho más bienestar que miseria.

Siento e intuyo que este año finalmente traerá la bendición de sentirme libre desde la raíz hasta las puntas. Ya empiezo a sentir la sensación de plenitud que me pueda permitir disfrutar del baile, de los abrazos, de la emoción anudada en el pecho y atorada en la garganta. Siento que habrán momentos que tendré que pedir que se vuelvan eternos. Que veré las caras de siempre y unas cuantas nuevas. Que existirán silencios capaces de acreditar las verdades que me calle. Que tendré a mi familia más cerca que nunca y a los amigos y amigas que son familia. La esencia de la decencia de las presencias. Los amores creciendo de a poco y los espacios para mí.

El llanto al final de las películas que cuenten algo sobre la vida, pero no ese llanto para mi vida. El recuerdo y la memoria como hermosas maneras de revivir a los que se fueron, sobre todo a Abuela, que aunque ya no esté en cuerpo, la tengo presente a mi lado todos los días de mi vida.


El 2012 promete cuerpo sin nuevas cicatrices, alma con hambre de brillar, mente con ganas de inventar, manos con ganas de crear. Y un avioncito de papel que sea capaz de pasearme por todo el calendario, sin miedo.

Y eso es lo que quiero.

Para todos los que están del otro lado de la pantalla de monitor, pero que se encuentran en mi corazón, va el deseo de que el 2012 les de la revancha que se merecen.

Les prepongo brindar por lo inmejorable, que algo me dice que está ahí nomás, a punto de derribarnos la puerta.

Si bien el 2011 no fue el mejor año, en ningún sentido, tampoco puedo decir que fue un malísimo año. Supongo que uno nunca se siente satisfecho con lo que logra, mucho menos con lo que no. Y ese es el dilema.

Sin embargo, abajo, en mi mundo cotidiano, guardo una colección de afectos y recuerdos, que tienen un inmenso valor que no se compara ni a todo el oro del mundo.

Y como dije el año pasado y lo repito. Queda un lugar de privilegio para mi vocación y otro de estreno para los nuevos proyectos que se avecinan en el nuevo año.
Pero por sobre todas las cosas, quiero que la esperanza quede intacta y reluciente en todos y cada uno de nosotros y de ustedes, para que sepan que así como llegó la Noche Buena, llegue un año con otras 366 páginas nuevas para colorear.


Mi deseo para todos ustedes es que nunca pierdan la fe y la esperanza. Si quieren creer en Dios, en una religión, en una ideología, o en lo que sea, háganlo. Pero nunca se cierren a los nuevos designios. A veces lo mejor puede llegar a ser eso que nunca esperamos. Eso que consideramos “distinto” y ajeno a nosotros, muchas veces es la mejor de todas las sorpresas que podemos encontrar en un nuevo año.

Es muy común decirlo, de hecho ya es una frase un tanto gastada, pero creo que no hay nada como ¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO! para encerrar en una sola frase tantos buenos deseos.

Que sea un año lleno de proyectos, pero sobre todo de FELICIDAD. Lleno de todo lo bueno que podamos obtener con trabajo, esfuerzo y perseverancia.


Que nunca les falte la SONRISA, que es el regalo más económico y reconfortante que podemos entregar. No importa cuánto dinero tengamos, lo que importa es que sepamos ser felices en la posibilidad de lo que somos, de seguir peleando por alcanzar eso que queremos.

Este año tuve grandes ejemplos de superación personal y profesional gracias al trabajo que ocupa mi tiempo desde julio. Pude vivir en carne propia y aprender que gente que tiene menos que nosotros, tanto a nivel material como físico, es la que más ejemplo de vida puede darnos.

Y una experiencia personal en cuanto a eso es la nota que fui a hacer al Centro Educativo San Pedro y San Pablo de Lambaré, a trabajadoras domésticas que sueñan con terminar su Educación Básica, cuando una de ellas se acercó a preguntarme a quién deben dirigir una nota de agradecimiento por la oportunidad brindada para que puedan terminar sus estudios. No tengo cómo explicarles lo que significaron esas palabras. Ahí entendí lo importante de mi trabajo, que soy un simple nexo entre instituciones y programas sociales, sin embargo, el valor de nuestro trabajo solo lo sabremos nosotros, cuando veamos que no solo nos mueve el dinero, sino la dicha de hacer algo que quede después, que trascienda lo económico y que vaya mucho más allá de lo visible.

Y recuerden, el esfuerzo y el sacrificio, tarde o temprano es recompensado.
A veces tarda más, a veces menos. Pero siempre vale la pena esperar, porque todo llega.

Y una mención especial, no se olviden de sus mascotas en estas fiestas, no exploten petardos, por el bien de todos se los digo.

Y si van a tomar, no manejen.
Si van a manejar, no tomen.

Espero que hayan tenido la mejor de las Navidades y que el 2012 los lleve de paseo por los caminos de la felicidad.

De corazón: ¡Feliz TODO para ustedes!
Un abrazo y éxitos en cada emprendimiento.

¡Feliz nuevo año, adorados amigos del espacio virtual y real!

lunes, 26 de diciembre de 2011

Descalza


Me descalzo en la entrada, dejo volar los zapatos por el aire y me siento en el centro del sillón para contemplar cómo empieza a despedirse el año, dejando el vestigio de lo irrepetible, para bien o para mal.

Le digo chau, de pie y frente a un nuevo calendario, mientras sostengo tizas nuevas para empezar a escribir lo que va sucediendo. Trazo los planes tentativos en color amarillo, los pendientes en azul, los que resumen todas mis esperanzas en verde. Y ahora a seguir.

Tizas rojas para la persona capaz de prestarme los diez dedos para acariciar una promesa. Las violetas para los amigos y el café que arregla el mundo en una charla. Las naranjas para dibujar el sol que me recuerde a la playa en el invierno. Las negras para subrayar y resaltar lo impostergable. Y finalmente las tizas blancas para dejar espacio a la sorpresa y al asombro.

Me quiero ahogar de entusiasmo en un litro de champagne y sacudir la copa del árbol de Navidad hasta que caigan los mejores recuerdos de la infancia. Que de la mano de Abuela y colgada de una pandorga voladora, pueda ir de paseo hasta el Asteroide B 612 que colgó del cielo a Saint-Exupéry de la mano del Principito.



Para terminar este 2011 armo una listita de mentiritas piadosas que me permitan escapar al horario de trabajo para disfrutar la vida que transcurre más allá de la computadora, entre documentos, notas y mails. Para que a las 19:00 estemos todos presentes en un reencuentro ya sea en el cordón de una vereda, en el banquito de una plaza, en el tumulto de la parada de colectivo o en el relax total y absoluto de nuestros hogares.


Que este 2011 tratemos de ponerle onda y un toque de sabor a estos últimos días que nos quedan de lo que será año viejo el domingo y que tratemos de prolongarlo para el estreno del que está viniendo.

Que la consigna de cada uno de nosotros sea disfrutar, vivir a pleno e ir en busca de todo aquello que el tiempo va a transformar en grandes y gratos recuerdos.

Por un 2012 cargado de momentos de los que propone Coca-Cola: Momentos de Felicidad.

Feliz año a todos.
Y gracias por ser parte de este espacio.

jueves, 15 de diciembre de 2011

La víspera


Cuando era chica, como dos o tres meses antes ya empezaba la cuenta regresiva hasta llegar a mi cumpleaños, y allá por el 16 de noviembre –un mes antes-, ya empezaba a vivir todo como una fiesta.

Tachaba los días como esos presos que en sus celdas cuentan los días para ser liberados. Yo lo hacía anhelando que llegara el gran día, buscando sumar un año más, deseando crecer (¿?).

Quería que el tiempo pasara a toda velocidad, dejar de ser una niña, para no escuchar más ese “no estás en edad de saber”, que ya no me trataran como a una adolescente y me dijeran más “cuando seas grande vas a entender”, que me dejaran tomar mis propias decisiones sin juzgarme ni criticarme, y que finalmente pudiera hacerme cargo de mi vida de adulta. Ahora me doy cuenta que lo único bueno de “no estar en edad” es el hecho de no estarlo para manejar un auto.

Y ahora que estoy en ese proceso, ya camino a los 25, no me parece simpático que me crean mayor, sin embargo me enorgullece que algunas veces me crean una niña. Qué ironía.

Sigo sin usar crema anti-age, cosa que me prometí en lo posible no hacerlo nunca, quizás mi falta de glamour me juegue en contra, pero bueno. Si ni el maquillaje, ni los tacos, ni nada que se les parezca me caen bien, debería pensar que ya es tiempo de asimilar que soy de otro planeta.

Todo suena irónico, porque hay días en los que reniego de tener que hacerme cargo, y extraño –lo que estaba charlando con un amigo hace un rato-, épocas de colegio o de vagancia en que podía vivir siendo una mantenida total. Ahora ya no puedo poner las cartas sobre la mesa, vestirme el piyama y calzarme la pantuflas y decidir quedarme toda la mañana en la cama o tomarme una semana para estar al pedo. Ahora si lo hago, sufriría de insomnio una semana por saber que tengo responsabilidades y no las cumplo.

A fin de cuentas, alguien tiene que pagar mis cuentas. No reniego de lo que soy, es la ley de la vida. Solo que me da por extrañar esos años en que podía optar porque me lleven y me traigan de una fiesta, que nunca tuviera que manejar porque no “estaba en edad”, que podía explotar ajitos, fosforitos y prender estrellitas y pasearme por toda la casa, o en tiempo de carnaval tirar globitos de agua por la ventanilla del auto mientras papá se burlaba de nuestra “rebeldía”, no tener que organizar los 10% y 5% para poder pagar IVA a fin de mes, doce veces al año, ver la sonrisa de abuela y bueno… No tener que hacerme cargo de nada. En que las fiestas de fin de año no me deprimían para nada y resultaban ser las mejores épocas del año.

Hoy reniego de estas fechas, veintitrés años después, que están acá, dando vueltas en el almanaque, y que son como un semáforo amarillo intermitente, que me indica que es tiempo de… ¿de qué?

De hacer un repaso.

Siempre tuve sueños comunes para una niña, ser una súper estrella, terminar una carrera, formar una familia, recorrer el mundo, ser buena persona…

Y hoy, como en la Noche Buena que antecede a la Navidad, es la víspera de mi ingreso a una edad que se acerca cada vez más a o que debería ser el verdadero clímax de una vida adulta.

¿Desde cuándo cumplir años dejó de ser un motivo exclusivamente de festejos y empezó a convertirse en un motivo de más reflexión y planteos? A lo mejor desde que decidí que no me importan los años, mientras los sueños se mantengan y mientras todavía existan ganas de cumplirlos.

Tampoco me lamento. Cumplir años nunca significó una carga para mí, siempre fue placentero, divertido, sorpresivo y liberador.

Ya no me importa tanto si fulana o sultana no pueden venir… A fin de cuentas sé que todos tenemos una vida, a veces se puede, a veces no… Total, sé perfectamente quiénes son las personas que a la hora de la verdad me van a acompañar. Ya me lo demostraron una vez, y sé que lo volverían a hacer.

Hoy día no me preocupan más tantos los regalos, sí los globos, la torta y las palabras de aliento de gente que nunca me ha abandonado. No planifico grandes encuentros.

Solamente agradezco haber conocido a gente que hoy me ve cara a cara y me sigue dando su confianza.

Espero no seguir planificando un mes antes a decorar mentalmente la torta.

Ahora lo que me importa es crecer más que el año anterior. En experiencias, digo.

Estar mejor parada que el año pasado. Que las cifras nunca consigan marearme ni detenerme, que no me mantengan distraída, ni equivocada.

Sigo peleando porque alguna vez logre tachar todos los sueños de mi listita, pero decidí ya no apurarme. Que las cosas zarpen a su ritmo.

Hoy tengo un desafío, que si las cosas salen como las espero, será una misión cumplida. Y después puedo ponerme a preparar las maletas para continuar con los demás proyectos lo más lejos posible. Y ese es mi sueño desde hace años.

Nadie me saca de la cabeza que se puede.

Hay cosas que aprendí y que quisiera tatuármelo como el protagonista de Memento:
- Que los afectos verdaderos, solamente se cuentan con los dedos de una mano. Y los que me conocen y entienden de corazón, sin cuestionarme, podrán dar fe de esto.
- Los verdaderos amigos no aparecen y desaparecen, simplemente están ahí, física o mentalmente, pero están. Y no es muy difícil notarlo.
- La mitad de la gente que creés que va a estar ahí, es la que desaparece cuando la necesitás.
- Las esperas interminables no hacen más que desesperar, a veces cuando algo llega puede ser muy distinto a lo que esperás y al principio te termina desilusionando.
- Pero había sido las cosas “distintas” muchas veces terminan marcando nuestras vidas. Créanme, yo sé por qué se los digo.
- Nunca es tarde, pero el tiempo pasa rápido, así que no hay que tardar demasiado en decidir qué hacer, porque de pronto dejás de tener 18 años y cumplís 5 más.
- No hay que dar sin medida sin saber realmente quién es el que está recibiendo.
- Una pareja no es sinónimo de felicidad, pero tampoco de dominio. Una pareja es aquella que te da libertad de elegir, que no te deja caminar detrás ni adelante, sino la que te toma de la mano y deja que camines a su lado.
- El amor es algo complejo, requiere mucha dedicación, es una conjugación de las cosas más difíciles del universo, necesita paciencia, empatía y comprensión.
- Y sobre todo, el amor es como una plantita, hay que regarla todos los días y su peor enemiga es la rutina.
- Que por amor y de amor… Definitivamente no muere nadie.
- La vida no es tan básica como nos la contaron. Nacer, crecer, reproducirse y morir es para las plantas. Yo pretendo mucho más.

Me despido de mis veintidós. Pensando en sueños que todavía no cumplí. Decía que al terminar el colegio quería tirar la toalla, coger la mochila y largarme para ningún lado, y ya me ven. Pasó todo lo contrario. Estoy terminando una carrera, trabajo en lo que elegí y vivo de lo que escogí vivir. Pero juro que mi espíritu nómada y mi alma bohemia es mucho más fuerte. Y mi meta no pasa de los 30.

Por el momento, con la listita en la mano para leerla cada tanto y no olvidar un solo dato mientras la memorizo bien, el próximo año espero no arrepentirme de haber cometido algún error de esos que creía saberme de memoria.