sábado, 25 de diciembre de 2010

Navidad con cara de grinch achicopalada


Las señales son notorias. Cierto rechazo a los adornos multicolores que engalanan los negocios y las casas, el malestar que me provoca la fila de pan dulces exhibidos y la gente medio poseída por el virus de los villancicos navideños.

Ya les conté el cierto fastidio que me generan las fiestas. Desde que me di cuenta que cada año se achicaba el número de comensales para la cena de Nochebuena, desde que papá ya no festeja las fiestas con nosotros en casa, desde que cada uno ha tomado caminos diferentes, como el matrimonio, la familia política, etc. El único momento agradable de la velada pasaba a ser el final, cuando por fin cerraba los ojos para sumergirme en esa dosis de olvido que me regalaba el sueño. Y más todavía un mínimo de dos semanas después, cuando ya todo parecía volver a la normalidad de la rutina.

Desde aquellos días considero al 16 de diciembre el último día pleno del año, y deseé que los últimos días del año pasaran volando, que se fueran con el primer cohete y fuego artificial que fuera lanzado. Inevitablemente, siempre la Navidad me ganó el mano a mano y me terminaba resignando con ser una suerte de grinch achicopalada.


Yo anduve queriendo hacerme la desentendida desde temprano, en que veía a toda la gente desesperada corriendo de un lado a otro como si del fin del mundo se tratase. Pero no. Hacer oficina hasta el medio día, las felicitaciones “correspondientes”, la famosa pregunta obligada “¿dónde pasás hoy?” y toda la gente existente se ocupó de recordarme que “Oh, cielos, ¡es Navidad!”. Qué diver.

Los supermercados y negocios de barrio avisando el horario de atención “19:00 horas”, el grupo de mujeres, madres, hijas, abuelas buscando regalos para el arbolito diciendo que procedían de parte de un señor sonriente y panzón que vestía de rojo y tenía una larga barba blanca, todas buscando al menos alguna chuchería hasta en cualquier puesto ambulante de la calle. La bolsita con un pan dulce y dos botellitas de sidra que nos regalaron en la oficina, la infinidad de mensajes y mails llenos de renos y nieve (¡en verano, ¡qué oportuno! ¿no?) que me enviaban desde un día antes por miedo a que colapsaran las líneas, los arbolitos bailarines con deseos colgando de las ramas y la típica frase de cierre: “Feliz Navidad y próspero Año Nuevo” (y muchos le agregan el jojojo para hacerlo más atractivo).

Fiel a la tradición, pero pese al desgano, en casa está armado un firme árbol de Navidad y el frente lleno de foquitos blancos. No hay pesebre, ni víveres ni regalos debajo del pino navideño. Así que ante semejante panorama y escasez de ornamentos decorativos, me di cuenta que podía (y debía, en última opción) darle cuerda al desánimo y tratar al menos de cambiar el chip y poner en ON el optimismo.

A la hora del brindis, empecé a lagrimear. Más por inercia que por otra cosa. Las últimas Navidades (sin abuela y con mamá en una casa, papá en otra) no fueron de las mejores que he tenido. Pero esta vez procuré. Intenté que esta Navidad no opaque el gran año que tuve. Ese año que cantando bajito pero a pasos agigantados llegó y atravesó las hojas del calendario, que se paseó por las cuatro estaciones y finalmente llegó, algo cansada, pero conservando el mismo espíritu simpatiquito de siempre.

Esta Navidad, me obligó a tomar conciencia de que este año teñido de innumerables cosas (buenas, malas y no tan malas), se va, colgado de alguna bengala hasta perderse en algunas que otras luces multicolores o blancas.

Yo voy a empezar otro año con mucho camino recorrido y con más aprendizaje a cuestas. Me queda la sensación de que al menos le di batalla a casi doce meses de incertidumbre, de cierto letargo impuesto por la vida, pero que al final fue recompensado de alguna u otra manera. Tardó, pero finalmente llegó la recompensa. ¡Y vaya sorpresa!

No fue todo de las mil maravillas. Pero el 85% de las metas que me propuse a fines del año pasado, logré cumplirlas, el 15% restante, fueron y serán retrasadas por cierta dejadez de mi persona. Pero con el fin de cumplirlas al 100%, haciéndole frente a algo mucho más grande y a fin de superar un desafío mucho, pero mucho mayor.

Este 2010 que está a punto de irse, pasa a ocupar un lugar en el pasado, ese lugar en el que se encuentra gente con nombre, con rostro y con un lugar en mi memoria. Pese a que siempre habrá cierta gente a la que dejo enterrada junto a algunas que otras miserias fortuitas que me tocó vivir, gente que no tendrán el privilegio de ser mencionadas siquiera en mi lista de apegos desmedidos.

Acá, en mi mundo cotidiano, queda una colección de afectos con olor a nuevo y otros tantos añejados por el paso del tiempo que se convierten en reliquias de inmenso valor.

Por supuesto que queda también un lugar de privilegio para mi vocación, el periodismo. Que a fuerza de tolerancia pude llegar a cumplir los cuatro años y las 40 materias del plan curricular. No sé si se cumpla la predicción de papá respecto a eso, pero como lo dije, la elección me dio el mismo privilegio de la vocación, no solo de la profesión. De haber sido cualquier otra cosa (astronauta, ingeniera nuclear o matemática), en el fondo, siempre habría continuado siendo una buena periodista =D

Por sobre todo, y aún así, la esperanza sigue ahí intacta y reluciente, de saber que así como llegó la Nochebuena, va a llegar un nuevo año con trescientos sesenta y cinco páginas para colorear y emocionar.

Porque si hay algo que este año me quedó más claro que el agua, es que todo, absolutamente todo, llega. Que siempre vale la pena esperar.

Espero que hayan tenido la mejor de las Navidades y que el 2011 venga cargado de alegrías.

No les deseo una Nochebuena, sino una Buena noche. Espero que se haya extendido hasta el amanecer y que se prolongue hasta el INFINITO Y MÁS ALLÁ!

Sean felices, o al menos, inténtenlo.

De corazón: ¡Feliz Navidad a todos!

¡Y gracias, por ser parte siempre!

¡CHEERS!

viernes, 17 de diciembre de 2010

Deseos


Uno de mis mejores amigos me escribió al celular desde Argentina la noche anterior para felicitarme. La cena previa con papá y mis hermanos, el festejo con mamá, con amigos y con alguien especial. Fueron muchas emociones para un solo día. Pero lo disfruté plenamente.

Hubo grandes ausencias, pero también gente que me sorprendió. Cosas que en definitiva no esperaba que sucedieran. Lo que puedo creer es que esos que estuvieron, son los que siempre estarán. Y eso es lo que espero.

Veintidos años y 22 velitas imaginarias que soplé para pedir mis deseos.

1. Que la imaginación nunca se me quede en pausa, ni la voz muda.
2. Que pueda seguir aprendiendo de lo malo, desechando lo feo, atesorando lo bueno y recordando lo vivido.
3. Que pueda mantener mi capacidad de tolerar lo que a veces parece intolerable.
4. Que pueda prescindir de muchas cosas, pero nunca, jamás prescinda del amor.
5. Que ningún mal momento consiga opacar mi sonrisa.
6. Que los finales felices y las pequeñas cosas me sigan emocionando.
7. Que asimile que los padres nunca serán perfectos porque son humanos.
8. Que me sobren letras y me falten penas.
9. Que mi sexto sentido no me abandone.
10.Que encuentre la forma de decirle “gracias” a papá y mamá.
11.Que ninguno de los afectos que me rodean sean estacionales.
12.Que mi espíritu sea siempre nómada. Y que solo haga algo si es con pasión.
13.Que cuando llueva me moje el rostro pero que no se destiña mi alma.
14.Que nadie pueda robarme nunca la capacidad de seguir soñando.
15.Que pueda conservar la paz interior.
16.Que nunca venda mi conciencia al mejor postor.
17.Que pueda digerir las desilusiones y los fracasos con mucha esperanza.
18.Que las heridas propias dejen una marca que se llame experiencia. Y que esa experiencia venga acompañada de madurez.
19.Pero que esa madurez no me impida jamás ocultar mi espíritu infantil.
20.Que siempre haya alguien a quien pueda dar una mano.
21.Que pueda descubrir la forma de prolongar los momentos de felicidad.
22.Que lo efímero se convierta en duradero y que las lágrimas se transformen en un grato recuerdo.

Soplé las velitas y descubrí que siempre hay un motivo que nos impulsa a seguir… Sin perder la sonrisa.

Gracias a quienes compartieron conmigo un año más, a los que me llamaron, me escribieron y a los que contribuyeron a que recibiera en mi mail más de cien notificaciones de felicitaciones. No esperaba tantas sorpresas y tanta emoción. A mis amigos de fierro, que me aguantan aún en mis peores días. Y sobre todo a vos, por haberme mimado más de lo que a lo mejor merezco.

Gracias, por una vez más, pasar conmigo un maravilloso día. ¡Son lo más! =)

#Esonomásqueríadecirles.

jueves, 16 de diciembre de 2010

¡Feliz cumpleaños a mí!


Cada sonido del “ding ding dong… ding ding doooong…” y cada publicidad y cuántas promociones hayan en esta época del año, se convierten en una suerte de alarma que me advierten sobre la inminente llegada de mi cumpleaños. La venida de las fiestas, que a diferencia de las emociones que le causa a todo el mundo, a mí me deprimen, me bajonean totalmente al pensar que siendo parte de una familia eminentemente disfuncional, por estas fechas elegir pasar alguna de las fiestas me hace sentir como la elección de dividir sentimientos.

Quizás recién ahora empiezo a entender que no es tan así. Que mi cumpleaños no tiene por qué ser la última “fecha feliz” que encuentre en mi calendario anual.

Llegué al renglón número veintidós de esta página de mi vida a la que todavía le resta mucho por escribir.

En el bolsillo de mi jean sigue doblado ese papelito donde escribí una lista provisoria de proyectos que deseo cumplir, de las locuras que sueño vivir. Algunos de aquellos trazados hace varios años, ya fueron tachados y dejaron de ser asignaturas pendientes a estas alturas. Y a medida que iba tachando uno, volvía abajo a escribir el siguiente. Pensando que así funcionaba el ser humano. De por sí, se dice que somos seres eternamente insatisfechos. No quedan dudas.


Así también, todavía guardo una cajita con cosas y recuerdos inútiles de los que no me puedo desprender. Y en el alma aún llevo algunas experiencias que marcaron mi todavía breve existencia.

En las plantas de mis pies llevo un largo camino, postales de pasajes recorridos e historias que alguna vez traté de pisotearlas y olvidarlas. Algunas de ellas logré dejarlas en el pasado, otras me acompañan siempre, porque hasta hoy día siguen siendo dignas de ser contadas.

Por fin despojé de mi espalda ese pasado que me pesaba. “Pasado pisado”, como diría una de esas entrañables amigas de colegio. Los tragos amargos que dejó fueron opacados por incontables alegrías que llegaron después. El único recuerdo que queda de ellos, es el aprendizaje que dejaron. Ya no cargo culpa ni resentimientos, pero mi carga sigue siendo pesada, está llena de sueños y de sentimientos encontrados.

En mi garganta aún conservo palabras que nunca las dije, y que ya perdí la oportunidad de hacerlo. Otras que tengo intenciones de decir y algunas que están a un paso de salir y revelarse.
Hoy estoy acá, con recuerdos en sepia y alegrías multicolores. Con personas valiosas y momentos infinitos que ni un camión lleno de oro podría compensar. Pocas personas que en verdad hicieron tanto para que hoy pueda agradecer que estos apenas veintidós renglones hayan sido escritos de esta manera.


Con tanto para agradecer y con tanto para planear.
Con tantos sueños para seguir adelante.
Con los remos en las manos, acá me detengo un rato. Para que queden oficialmente inaugurados los 22.

Hasta el 21 de diciembre es primavera… Tanto adentro como afuera.

Estos 22 años, no son solo de vida, sino de MOMENTOS y de PERSONAS. Porque esos son los que llenan cada renglón de una nueva historia.

Feliz cumpleaños a mí y gracias a todos los que me hacen feliz.

Y gracias anticipadas a todos aquellos que harán que estas fiestas no sean dos más del montón.

martes, 14 de diciembre de 2010

Así soy yo


A horas de cumplir veintidos años, y como si ya fuera un balance de fin de año, me detengo a repasar ciertas cosas que me definen, que me dan esta identidad y que jamás usaría como carta de presentación.

Que soy de lágrima fácil. Que puedo llorar viendo el noticiero o escuchando cantar a un niño, con la misma intensidad con que lloraría por una enorme desilusión.

Soy demasiado ansiosa e impaciente. Prefiero recibir un horrible No por respuesta, antes que esperar a que la respuesta no llegue nunca. Soy capaz de revisar el mail o el celular mil veces al día hasta que se me acalambren los dedos, y pierdo fácilmente la capacidad de concentrarme en varias cosas a la vez, mientras mis horas se vuelven propiedad privada de la impaciencia.

Le tengo miedo a casi todo. Aunque la súper FaTi a veces intenta ser más fuerte que cualquier alimaña. No es fácil someterse al castigo del vértigo y menos cuando se trata de perder mi orgullo.

Ah y soy extremadamente orgullosa. Me cuesta pedir perdón y a veces me bloquea tener que dar el primer paso.

A veces puedo ser demasiado sincera. Lo que no solo es una virtud, también un defecto. Peco de inoportuna y soy capaz de escupir las peores verdades en el momento menos indicado. (Discúlpenme, pero si hay algo que no tolero es la mentira y la deshonestidad).

Si me preguntan qué cosas me ponen de mal humor o qué cosas me hacen enojar, siempre opto por cambiar la pregunta a qué cosas no me hacen enojar.

Soy acelerada. Me cuesta relajarme cuando me siento presionada. Mi afán de perfeccionismo es capaz de llevarme a cometer errores gigantes.

Suelo tener mal humor y hace poco en el laburo me tacharon de argel y exigente. Odio que me interrumpan cuando estoy concentrada, si estoy leyendo, o si estoy escribiendo. Si suena el teléfono puedo no atender, así como puedo atender con evidente voz de fastidio. Sí, ya sé, el que estaba del otro lado del tubo no tenía la culpa de nada.

Soy impulsiva. A veces puedo gritar como condenada cuando algo sale mal, y otras puedo bloquearme por completo como buscando un escaparate a lo ocurrido.

Soy escéptica pero me interesa la astrología. No la unificación ni división de los astros, sino la percepción de los signos. Sí, los considero una boludez, pero me llaman tanto la atención así como la aromaterapia, los perfumes y el paracaidismo.

Pese a todo esto, que espero que después de que lo lean, no lo anden divulgando por ahí, también tengo mi lado bueno.


Intento ser optimista. Puedo estar mal un rato… largo. Pero aún así presiono la tecla “on” del positivismo y puedo seguir sonriendo. Difícilmente me verán sin la sonrisa colgada. Al fin y al cabo, todo lo malo, pasará.

Soy comprensiva, o al menos lo intento. Prefiero escuchar a las personas antes que juzgarlas por su condición. Veintidos años bastaron para aprender que cada persona es un mundo aparte. Aunque no lo crean viví algunas cosas fuertes que me hicieron dejar a un lado el prejuicio por quienes se sienten aislados.

Soy perseverante (entiéndase por terca). Cuando algo se me mete en la cabeza, pongo todo de mí para lograrlo, aunque eso implique enfrentarme a millones de No existentes en el universo. Créanme, en tan pocos años ya me enfrenté a varios de esos. Y siempre supe que en algún momento iba a llegar al Sí. (Papá, abuelo… No contaban con mi astucia!).

Tengo intuición. Si mi sexto sentido me sopla algo al oído, o si por cosas de la vida me acuerdo de alguien, es casi un hecho que sucederá o que esa persona aparecerá por “casualidad”. La pelea entre razón y percepción no resulta nada sencilla a veces.

Me entretengo fácilmente, y me aburro mucho más fácil aún. Me gusta doblar papelitos (hacer origami) y me da sueño estar sin hacer nada. Y aunque cueste creer, sigo siendo la misma soñadora e idealista de siempre, solo que intento mantener firmes mis pies sobre la tierra. Ya dejé de creer varias veces, pero después me hicieron volver a creer.

Trato de justificar hasta las peores actitudes de la gente. Siempre pienso que un mal comportamiento se debe a algo específico. Soy muy confianzuda. Me jugó varias veces en contra, pero sigo creyendo que en el mundo todavía existen algunas personas que valen la pena. Y aunque no parezca, soy propensa a dar segundas y hasta terceras oportunidades.

Soy conciente de que tengo un mal carácter. Que a veces levanto la voz y los demás sienten como que les estoy gritando. Que digo cosas de broma que terminan por caer mal a la gente. Que frustré varias carreras por no haber visto a tiempo qué era lo que realmente motorizaba mi vida. Hasta que descubrí que mis tres únicas pasiones son mi carrera, la música y ciertas personas que iluminan mi vida, que en momentos de miseria, angustia y decepción me regalan cariños y sensaciones.

Soy un poco de todo esto, aunque hay muchas cosas más que me gustaría llegar a ser.



¡Nos vemos el jueves 16!

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El sueño de Lennon

Un ensayo que escribí para mi examen de Periodismo Digital, lo publiqué en un blog "El Sueño de Lennon", el día en que el mundo conmemoró 30 años de la muerte del único gran ídolo. El rebelde que marcó una historia musical. El único, fantástico e inimaginable John Lennon. Decidí reproducirlo aquí a falta de ingenio y creatividad luego de meses de desaparición, pero con la esperanza certera de que él siga siendo la inspiración de los que vendrán.


Un día como hoy, pero de 1980, alrededor de las once de la noche, Mark David Chapman disparaba cuatro veces contra la espalda del gran John Lennon en la entrada del Dakota, poco después de que volviera con Yoko Ono al departamento de Nueva York donde vivían. Inmediatamente fue llevado a la sala de emergencia del Hospital Roosevelt y fue declarado muerto a su llegada.

Lo curioso del asunto era que a principio de la tarde, Lennon le había autografiado a Chapman una copia del álbum Double Fantasy.

“No hay funeral para John Lennon”, declaraba su esposa al día siguiente, pidiendo que se ore por él, con el mismo fervor con que Lennon “amaba y rezaba por la raza humana”.

Su cuerpo fue incinerado en el Cementerio Ferncliff, en Nueva York, y Ono esparció sus cenizas en el Central Park, donde más tarde se creó el memorial Strawberry Fields. Chapman se declaró culpable por asesinato en segundo grado y fue condenado a 20 años de prisión. Actualmente, aún permanece en la cárcel, después de haberle sido negada en repetidas ocasiones la libertad condicional.

Jonh Winston Ono Lennon fue un músico y compositor que junto a Paul McCartney formó una de las parejas de compositores más exitosas del siglo XX. El 8 de octubre de 1940, Liverpool ve nacer a uno de sus hijos más famosos, al mismo que años más tarde revolucionaría la música de los años 60 y 70. El mismo que años después, inspiraría con su música a miles de artistas y de quien su pérdida resultaría una de las más lamentables en la historia de la música.

Lennon tuvo un gran impacto en la cultura musical. La influencia de The Beatles en la transformación de los estilos musicales llevados a cabo entre los años 50 y 60, definen cierta revolución del sonido, el estilo y la actitud, abriendo las puertas del rock and roll a una ola de grupos británicos. Los Beatles pasaron el resto de la década ampliando las fronteras estilísticas del rock. Y han sido una importante influencia y fuente de inspiración identificativos de grandes artistas actuales.


John fue un luchador incansable, creador de álbumes críticamente aclamados como John Lennon/Plastic Ono Band e Imagine, e icónicas canciones como Give Peace a Chance e Imagine. Demostró un carácter rebelde y un ingenio mordaz en la música. Fue polémico a través de sus acciones ativistas por la paz. En 1971, se mudó a Nueva York, donde su oposición a la Guerra de Vietnam dio lugar a numerosos intentos de gobierno por parte de Richard Nixon a expulsarlo del país, mientras que sus canciones eran adoptadas como himnos para el movimiento contra la Guerra.

Razones suficientes existen para que este año, la memoria de John Lennon esté más viva que nunca. No sólo porque su esposa, Yoko Ono haya remasterizado todos sus éxitos en un box set especial pretendiendo homenajear a uno de los más grandes músicos de todos los tiempos. Sino porque además se cumplieron 70 años de su nacimiento, tres décadas de su asesinato en Nueva York, medio siglo de la creación de los Beatles y 40 años de la disolución de la banda más famosa de la historia.

Motivos sobran, para que 30 años después de su partida, el mundo entero siga recordando a quien en aquellos años dorados reconociera ser “más grandes que el mismísimo Jesucristo”.

"Imagine all the people
living life in peace...”


Y yo sigo creyendo (ingenuamente, quizás) que en el fondo, muchos aún conservamos algo de aquel espíritu soñador e idealista de Lennon...

"You may say i'm a dreamer
but i'm not the only one
I hope someday you'll join us
and the world will live as one..."


jueves, 7 de octubre de 2010

Buscando ese lugar


No fue fácil volver al ruedo.
Anduve esperando mucho tiempo que llegara este día, en que empezara a hacer algo que además de apasionarme, me llene de orgullo.

Y así empecé a trabajar arduamente durante mi primer mes de trabajo para causar buena impresión, aprender algo con lo que pueda quedarme después, y al final ver los resultados: salió la primera revista que produje (sale Pedro Guggiari en la tapa).

Sobre todo, este periodo de cambios y acostumbramientos, me hizo descubrir ciertas cosas. Como por ejemplo que desearía tener un avión que en hora pico me llevara al trabajo sin necesidad de estresarme por el camino. O que ir en auto pasa a ser toda una odisea espacial. Pero de todos modos, el gusto por hacer algo te hace pensar que nada podría opacar las cosas.

Llegó la primavera, y con ella, el buen humor. No sé si por las flores o por la alegría que me inspiran ver de nuevo tantos colores. Sí, es de público conocimiento que el invierno, la lluvia y las tormentas (al igual que las fiestas y cenas de fin de año, que ya están por llegar otra vez) me deprimen. Es que el solo ver que los árboles de las plazas revolotean de un lado a otro, me pone nostálgica.

Entró la primavera y con ella, un ápice de felicidad. La facultad que está por acabar, y a los que llamaría los tres meses más duros de mi vida. Pero tres meses que verán sus importantes frutos si mantengo la frente en alto pensando sin decaer. Y es que eso es lo que me motiva, empezar por cumplir un objetivo trazado hace años, cuando en mi habitación escribía frases, muchas veces sin sentido, con la ilusión de que alguna vez alguien las leería y se sintiera identificado con esas palabras. Fue así como nació este blog. Aún así, sigo andando. Y lo pienso seguir haciendo aún con el título de licenciada. No sé cuán alto será el pico al que voy a llegar, pero quiero ir quemando metas, que las situaciones me sigan sorprendiendo, porque a fin de cuentas, el ser humano siempre busca más, o por lo general. Está constantemente buscando ese lugar. Ya sea lejos, allá en el horizonte, en la punta de una montaña, o a la orilla del mar.


No abandoné este espacio virtual, solo me tomé mi tiempo para adaptarme a las nuevas circunstancias, para encontrar ese no sé qué que me impulse a continuar pedaleando esta bicicleta, o como quién diría, a seguir remando. Siempre, siempre... para adelante. Eso sí.

Por estos tiempos, en que mi inspiración se enfoca más en artículos para una revista de gourmet y mis tiempos se dedican más a monografías y exámenes de la universidad, me queda poco espacio para crear historias, y seguir activando en ese espacio de ocio en el que hago catarsis.

Sin embargo, nunca dejo de imaginarme algo que me haga sacar a flote nuevamente esa inspiración. Pero seguiré buscando hasta que me vuelva a nacer alguna entrada entretenida y sobre todo, como acostumbro a ser, realista.
Me puse una gorra para taparme del sol y de la lluvia mientras encuentro ese lugar del que les hablaba.

Pero me la voy a quitar después, porque siento que opaca cierta alegría.


A continuación, un tema y el video de un ídolo personal. Banda sonora de la película argentina "Caballos Salvajes", del año 95. Qué mejor forma de volver.
¡Enjoy it!






P.D.: Entrada para la materia de Periodismo Digital de la facultad, que me permitió volver a sacar inspiración del fooondo del mar y mantenerles un poco al tanto de mi vida, después de un mes sin postear.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Un olor a felicidad

Un día amanece y todo parece malo. Y de la nada, empieza otro día en que pareciera que todo empieza a encaminarse.
Así parece que lentamente, las imágenes de un pasado con frustraciones parecen dar paso a un paisaje más alentador.

Los sueños de a poco se cumplen. Y las metas, si bien siguen estando a una distancia considerable, ahora lo ves como algo posible de que suceda. Y te das cuenta que remando un poco más, quizás lo alcances.

No es una cuestión fortuita. Nunca creí en eso del azar y de la suerte. Tampoco estoy muy segura de que exista cierto destino predestinado. Pero de que las cosas suceden cuando deben suceder, no quedan dudas. Primero que nada, todo requiere de un cambio de mentalidad y de una forma de actuar que transforme la mala experiencia en un buen aprendizaje. Y pasa a ser más importante prever antes que solucionar. Hechos en lugar de lamentos.
Siempre me subestimaron por ser una soñadora nata. Para lo mucho que te sirve, me solían decir. Reconozco que me llegué a detener unos días a pensar que el camino que había elegido perdía poco a poco el encanto tras la inseguridad de la incertidumbre. Que mi decisión podría dejarme en la cuerda floja, sin llegar a ser la principal atracción del circo. Me llegué a preguntar qué era lo que quería para el futuro, inminente, lejano, incierto, pero real. Siempre me tracé prioridades, desde niña. Y arriba de todo estaba mi familia. Hasta que empezamos a disentir en nuestras decisiones. No quería ser contadora. Así que separé lo imposible de lo probable. Y tiré la caña al mar sin saber a dónde mismo iría a parar ni estar segura de nada, solo de que quería hacerlo. Al principio, ningún pez mordió el anzuelo. Ni la segunda vez, ni la tercera…

Nunca me pareció divertido depender de otras personas, irónicamente me tuve que pasar mucho tiempo haciéndolo. Aunque eso no me quita que hoy siga siendo demasiado importante para mí la opinión de papá y de mamá. Pero al menos sé que ellos aprendieron lo que intentaba hacerles ver. Que me dejaran probar y equivocarme por mí misma para aprender. Hasta hoy no tomé una decisión por la que me mostré arrepentida. O sí, algunas cosas no salieron como esperaba, pero hoy ya sé que todo es evolutivo.
Empecé una nueva vida que requiere de cinco días a la semana sin descanso en un lugar donde hago lo que considero es una de las cosas que mejor se me da: escribir. Además de tener que jugar un poco con mi imaginación empolvada y mi creatividad de practicante.

No sé cómo cambiará mi impresión más adelante. Creo que ya no veo tanto el futuro, sino el presente. Y empiezo a pensar que detrás de esa puerta que hoy se me abrió, hay un montón de pequeños proyectos dorándose en el horno de mi cocina. Y que todos tienen que ver con lo que más me gusta. Lo que elegí para que me mantenga, para que me acompañe día tras día y que me haga sentir realizada. Si hay algo que nunca me olvido que me había enseñado mi profesor de Oratoria es que eso es con lo que vamos a vivir, que la carrera que uno elige es con quien se va a casar de por vida, y que es lo que te va a acompañar sin divorcios ni separaciones de por medio.
Muchos de estos proyectos, estarán listos en unos meses para servir a la mesa de quien supo esperar por su llegada.

No quiero hacer un rápido repaso de este 2010. Tengo mucho que decir, cosas positivas y negativas también. Alegrías infinitas. Tropiezos y caídas incontables. Un par de experiencias frustrantes y llantos desconsolados. Pero detrás de todo siempre terminaba encontrando algo mucho más positivo y que no estaba acostumbrada a ver: lo que lo malo provocó en mí. Muchas veces pude haberme detenido a lamentarme en cada esquina de lo que estaba ocurriendo, de hecho, mil veces lo hice. Me quejé por este medio y por todos los que conocía, pero si bien es cierto que más de una vez me paralicé y estuve dispuesta a tirar todo por la borda, a no buscar más, a dejar que todo suceda como por arte de magia, hoy creo que todo fue nada más que para usar ese corrector vital y rediseñar el camino.

No es fácil descubrir la clave para estar bien. Lo cierto y lo concreto es que siempre creí en el poder incomparable de la mente, pero cuando eso ni yo misma sabía lo que significaba. Ahora sí. Es tan simple como focalizarse en lo bueno que uno puede ir consiguiendo o que ya lo consiguió, sin pegarse con el látigo por los errores cometidos o el tiempo perdido, con ganas de ir por más.
Una intuición se agiganta en mi interior y cobra cada vez más fuerza, como si una vocecita quisiera avisarme que me prepare, que lo que se huele en el aire no es olor a tierra mojada, sino una felicidad que se acerca. Ojalá no me falle ese instinto.

Siento que todo se me desborda por las pupilas y las manos.
Siento una gran felicidad, pero yo la quiero hacer chiquita para que quepa en un frasquito, así me la puedo llevar en el bolsillo y olerla en los momentos en que se me viene el existencialismo crónico.

Hoy puede ser ese día que tanto tiempo anduve esperando.
¿Por qué no?