lunes, 26 de diciembre de 2011

Descalza


Me descalzo en la entrada, dejo volar los zapatos por el aire y me siento en el centro del sillón para contemplar cómo empieza a despedirse el año, dejando el vestigio de lo irrepetible, para bien o para mal.

Le digo chau, de pie y frente a un nuevo calendario, mientras sostengo tizas nuevas para empezar a escribir lo que va sucediendo. Trazo los planes tentativos en color amarillo, los pendientes en azul, los que resumen todas mis esperanzas en verde. Y ahora a seguir.

Tizas rojas para la persona capaz de prestarme los diez dedos para acariciar una promesa. Las violetas para los amigos y el café que arregla el mundo en una charla. Las naranjas para dibujar el sol que me recuerde a la playa en el invierno. Las negras para subrayar y resaltar lo impostergable. Y finalmente las tizas blancas para dejar espacio a la sorpresa y al asombro.

Me quiero ahogar de entusiasmo en un litro de champagne y sacudir la copa del árbol de Navidad hasta que caigan los mejores recuerdos de la infancia. Que de la mano de Abuela y colgada de una pandorga voladora, pueda ir de paseo hasta el Asteroide B 612 que colgó del cielo a Saint-Exupéry de la mano del Principito.



Para terminar este 2011 armo una listita de mentiritas piadosas que me permitan escapar al horario de trabajo para disfrutar la vida que transcurre más allá de la computadora, entre documentos, notas y mails. Para que a las 19:00 estemos todos presentes en un reencuentro ya sea en el cordón de una vereda, en el banquito de una plaza, en el tumulto de la parada de colectivo o en el relax total y absoluto de nuestros hogares.


Que este 2011 tratemos de ponerle onda y un toque de sabor a estos últimos días que nos quedan de lo que será año viejo el domingo y que tratemos de prolongarlo para el estreno del que está viniendo.

Que la consigna de cada uno de nosotros sea disfrutar, vivir a pleno e ir en busca de todo aquello que el tiempo va a transformar en grandes y gratos recuerdos.

Por un 2012 cargado de momentos de los que propone Coca-Cola: Momentos de Felicidad.

Feliz año a todos.
Y gracias por ser parte de este espacio.

jueves, 15 de diciembre de 2011

La víspera


Cuando era chica, como dos o tres meses antes ya empezaba la cuenta regresiva hasta llegar a mi cumpleaños, y allá por el 16 de noviembre –un mes antes-, ya empezaba a vivir todo como una fiesta.

Tachaba los días como esos presos que en sus celdas cuentan los días para ser liberados. Yo lo hacía anhelando que llegara el gran día, buscando sumar un año más, deseando crecer (¿?).

Quería que el tiempo pasara a toda velocidad, dejar de ser una niña, para no escuchar más ese “no estás en edad de saber”, que ya no me trataran como a una adolescente y me dijeran más “cuando seas grande vas a entender”, que me dejaran tomar mis propias decisiones sin juzgarme ni criticarme, y que finalmente pudiera hacerme cargo de mi vida de adulta. Ahora me doy cuenta que lo único bueno de “no estar en edad” es el hecho de no estarlo para manejar un auto.

Y ahora que estoy en ese proceso, ya camino a los 25, no me parece simpático que me crean mayor, sin embargo me enorgullece que algunas veces me crean una niña. Qué ironía.

Sigo sin usar crema anti-age, cosa que me prometí en lo posible no hacerlo nunca, quizás mi falta de glamour me juegue en contra, pero bueno. Si ni el maquillaje, ni los tacos, ni nada que se les parezca me caen bien, debería pensar que ya es tiempo de asimilar que soy de otro planeta.

Todo suena irónico, porque hay días en los que reniego de tener que hacerme cargo, y extraño –lo que estaba charlando con un amigo hace un rato-, épocas de colegio o de vagancia en que podía vivir siendo una mantenida total. Ahora ya no puedo poner las cartas sobre la mesa, vestirme el piyama y calzarme la pantuflas y decidir quedarme toda la mañana en la cama o tomarme una semana para estar al pedo. Ahora si lo hago, sufriría de insomnio una semana por saber que tengo responsabilidades y no las cumplo.

A fin de cuentas, alguien tiene que pagar mis cuentas. No reniego de lo que soy, es la ley de la vida. Solo que me da por extrañar esos años en que podía optar porque me lleven y me traigan de una fiesta, que nunca tuviera que manejar porque no “estaba en edad”, que podía explotar ajitos, fosforitos y prender estrellitas y pasearme por toda la casa, o en tiempo de carnaval tirar globitos de agua por la ventanilla del auto mientras papá se burlaba de nuestra “rebeldía”, no tener que organizar los 10% y 5% para poder pagar IVA a fin de mes, doce veces al año, ver la sonrisa de abuela y bueno… No tener que hacerme cargo de nada. En que las fiestas de fin de año no me deprimían para nada y resultaban ser las mejores épocas del año.

Hoy reniego de estas fechas, veintitrés años después, que están acá, dando vueltas en el almanaque, y que son como un semáforo amarillo intermitente, que me indica que es tiempo de… ¿de qué?

De hacer un repaso.

Siempre tuve sueños comunes para una niña, ser una súper estrella, terminar una carrera, formar una familia, recorrer el mundo, ser buena persona…

Y hoy, como en la Noche Buena que antecede a la Navidad, es la víspera de mi ingreso a una edad que se acerca cada vez más a o que debería ser el verdadero clímax de una vida adulta.

¿Desde cuándo cumplir años dejó de ser un motivo exclusivamente de festejos y empezó a convertirse en un motivo de más reflexión y planteos? A lo mejor desde que decidí que no me importan los años, mientras los sueños se mantengan y mientras todavía existan ganas de cumplirlos.

Tampoco me lamento. Cumplir años nunca significó una carga para mí, siempre fue placentero, divertido, sorpresivo y liberador.

Ya no me importa tanto si fulana o sultana no pueden venir… A fin de cuentas sé que todos tenemos una vida, a veces se puede, a veces no… Total, sé perfectamente quiénes son las personas que a la hora de la verdad me van a acompañar. Ya me lo demostraron una vez, y sé que lo volverían a hacer.

Hoy día no me preocupan más tantos los regalos, sí los globos, la torta y las palabras de aliento de gente que nunca me ha abandonado. No planifico grandes encuentros.

Solamente agradezco haber conocido a gente que hoy me ve cara a cara y me sigue dando su confianza.

Espero no seguir planificando un mes antes a decorar mentalmente la torta.

Ahora lo que me importa es crecer más que el año anterior. En experiencias, digo.

Estar mejor parada que el año pasado. Que las cifras nunca consigan marearme ni detenerme, que no me mantengan distraída, ni equivocada.

Sigo peleando porque alguna vez logre tachar todos los sueños de mi listita, pero decidí ya no apurarme. Que las cosas zarpen a su ritmo.

Hoy tengo un desafío, que si las cosas salen como las espero, será una misión cumplida. Y después puedo ponerme a preparar las maletas para continuar con los demás proyectos lo más lejos posible. Y ese es mi sueño desde hace años.

Nadie me saca de la cabeza que se puede.

Hay cosas que aprendí y que quisiera tatuármelo como el protagonista de Memento:
- Que los afectos verdaderos, solamente se cuentan con los dedos de una mano. Y los que me conocen y entienden de corazón, sin cuestionarme, podrán dar fe de esto.
- Los verdaderos amigos no aparecen y desaparecen, simplemente están ahí, física o mentalmente, pero están. Y no es muy difícil notarlo.
- La mitad de la gente que creés que va a estar ahí, es la que desaparece cuando la necesitás.
- Las esperas interminables no hacen más que desesperar, a veces cuando algo llega puede ser muy distinto a lo que esperás y al principio te termina desilusionando.
- Pero había sido las cosas “distintas” muchas veces terminan marcando nuestras vidas. Créanme, yo sé por qué se los digo.
- Nunca es tarde, pero el tiempo pasa rápido, así que no hay que tardar demasiado en decidir qué hacer, porque de pronto dejás de tener 18 años y cumplís 5 más.
- No hay que dar sin medida sin saber realmente quién es el que está recibiendo.
- Una pareja no es sinónimo de felicidad, pero tampoco de dominio. Una pareja es aquella que te da libertad de elegir, que no te deja caminar detrás ni adelante, sino la que te toma de la mano y deja que camines a su lado.
- El amor es algo complejo, requiere mucha dedicación, es una conjugación de las cosas más difíciles del universo, necesita paciencia, empatía y comprensión.
- Y sobre todo, el amor es como una plantita, hay que regarla todos los días y su peor enemiga es la rutina.
- Que por amor y de amor… Definitivamente no muere nadie.
- La vida no es tan básica como nos la contaron. Nacer, crecer, reproducirse y morir es para las plantas. Yo pretendo mucho más.

Me despido de mis veintidós. Pensando en sueños que todavía no cumplí. Decía que al terminar el colegio quería tirar la toalla, coger la mochila y largarme para ningún lado, y ya me ven. Pasó todo lo contrario. Estoy terminando una carrera, trabajo en lo que elegí y vivo de lo que escogí vivir. Pero juro que mi espíritu nómada y mi alma bohemia es mucho más fuerte. Y mi meta no pasa de los 30.

Por el momento, con la listita en la mano para leerla cada tanto y no olvidar un solo dato mientras la memorizo bien, el próximo año espero no arrepentirme de haber cometido algún error de esos que creía saberme de memoria.

martes, 29 de noviembre de 2011

Insomnio & Ansiedad


El silencio de la oficina es como un generador de pensamientos, como si fuera una rueda mágica que pone en marcha mi mente y que me hace preguntarme y repreguntarme cómo fue que llegué al lugar en donde estoy.

Me acuerdo que no fue un camino para nada fácil. Después de cierto tiempo sabático, volver al ruedo no fue precisamente lo más sencillo que se me presentó. Y para más conociendo que tendría nuevos desafíos que al principio me hicieron temblar.

En ese tiempo tampoco podía dormir. Así como estas últimas semanas, en que padezco un mortal insomnio y todo se me hace aburrido, estresante, monótono. Noches como la de ayer en que empiezo a creer que el tiempo se detiene y que lo que queda de noviembre es eterno. Me pasa siempre en esta época del año. Lo de creer que noviembre es eterno, no lo del insomnio.

En esta época, y más que nunca este año, se me presenta una incertidumbre como si fuese un cajón donde se almacena una inmensa cantidad de signos de interrogación.
Donde se cría y se malcría la duda.

Es un estado raro, y sé que no es precisamente porque esté por cumplir un año más. Al contrario, la fecha de mi cumpleaños creo que es la única fecha capaz de alegrarme el mes y la que es capaz de hacerme olvidar todo lo malo del año, de forma a balancear positivamente los 364 días restantes. Más bien, diría que es por una serie de cosas que no dejan de trabajarme mentalmente, bueno, no una serie de cosas, más bien sólo una. No sé. Es como que se me encarna cierta ansiedad, que yo espero transformarla en una taza de café negro para mantener los ojos bien abiertos mientras consigo mantenerme bien despierta para continuar con mis labores.

Este insomnio es como una denuncia interior, un duelo entre la posibilidad de modificar una variable de la existencia y la comodidad de la permanencia en el estado conocido. Y su amiga la incertidumbre es la principal causante de que hoy día el cotidiano ritual de la vida me haya puesto de pie frente a la rutina y que últimamente ande sólo por inercia, haciendo el mismo recorrido una y otra vez.

Es como que últimamente estuve retenida, no presa ni encarcelada, sino retenida en mí misma. Como si lo rutinario empezara a pesarme y en realidad no es que quiera cargar con eso, puesto que en mi mundo perfecto no se vive para trabajar ni se trabaja para sobrevivir, sino que se trabaja por placer y haciendo lo que uno ama. Aunque claro, hay muchas otras cosas que también me gustaría hacer después de esto. Y en eso estoy. Así que no es ese el problema. Simplemente que me tracé prioridades que juro que estoy poniendo todo de mí para cumplirlas.

Primero que nada, terminar la asignatura pendiente que ya sufrió varios retardos. Y sé que eso es lo que no me deja dormir ni despabilarme. Y es que llegué a un punto en que sencillamente estoy necesitando salir, largar todo y perseguir un cambio tan demorado y deseado, como prometido. Tengo una vocación y ya no quiero estancarme.

Sé que no hay vuelta que dar. No puedo dar la vuelta la página porque sin ese cartoncito al que todos le dan tanto valor, casi nada de lo propuesto podría ser concretado. Esa materia pendiente es la receta infalible para terminar lo que empezó cuatro (cinco ya) años atrás en una clase de la universidad con unos cuantos extraños, de los cuales rescaté grandes amigos. Sé que primero debo terminar de impregnarme con lo que inicié, llevarlo a su final y recién después emprender vuelo. No sólo le prometí a papá y a mamá, a eso me comprometí conmigo misma una vez que decidí ser PERIODISTA.

Y si hay algo que tengo claro es que quiero perseguir mis sueños. Hasta ahora, cosas que parecían imposibles, las concreté. Sé que ni una avalancha ya me va a detener. Quemé etapas, dejé de vivir momentos importantes, postergué hobbies y pasiones, y dejé pasar otras interesantes oportunidades solamente porque mi mente estaba puesta en el tan anhelado cartoncito. El culpable de esta mala costumbre del insomnio.

Por suerte, espero que todo esto se disipe esta noche, con un buen baño, una copa de vino y una luna redonda, redonda como cómplice de una nueva noche en la que detrás de un futuro incierto, se esconde la posibilidad de un éxito más, de otro sueño alcanzado. No aguanto la ansiedad, esto de vivir adelantada no facilita las cosas. Pero soy consciente de que este es sólo el primer paso antes de dar el definitivo, antes de conseguir la chance que vengo esperando desde hace tanto tiempo, de espaldas al cierre de una etapa que todavía se encuentra esperando, sentada en cuclillas una nueva oportunidad.

Estoy agotada, mental y físicamente se me están acabando las energías. Necesito un descanso, un respiro que ayude a recargar las energías para los tiempos que se vienen. Y da la casualidad de que justo ahora siento la presión por todos lados, todos me piden un rato para compartir con ellos, y yo sólo necesito tiempo para compartir conmigo misma. La parte final de la dichosa tesis es la más complicada. Y lo más duro, recién está por llegar.

Ahora lo veo como un castigo, que a duras penas debo cumplir. Pero sé que este “grandioso castigo” tiene un fruto mucho más maravilloso al final. Como la leyenda de los duendes. Requiere mucho esfuerzo subir el arcoíris, pero la recompensa que hay al final, hace que todo el sacrificio haya valido la pena. Así que lo mío ya no puede esperar.

La siesta sí puede esperar. Sólo quería que entiendan por qué le tengo algo abandonado al espacio interplanetario, por qué me volví algo antisocial. Y aclarar que no es por nada personal.

Lo único que les digo, para terminar, es que necesité un puñado extra de voluntad para escribir esta entrada. Y sobre todo para terminarla.

Cualquier otro país del mundo, me espera! Y yo quiero emprender vuelo, por loq ue estoy dispuesta a renunciar a lo que tenga renunciar con tal de terminar de una buena vez, esa otra asignatura pendiente con la que me comprometí, porque eso es lo que quise, y quiero desde siempre.

Gracias por la comprensión, desde ya.

martes, 18 de octubre de 2011

Desde la jungla hasta el Paraíso, tocando las puertas del cielo

¡La espera valió la pena!

Diez y media de la noche. “A tu lado”, de Flou, que mientras era coreada por 60.000 almas, también se podían sentir en el aire los corazones alterados y acelerados al ver el helicóptero que traía a una estrella. Clima perfecto. Bilirrubina elevada a la enésima potencia. Y euforia contenida en unos 26 años de espera, que se vio corrompida por un enérgico “Buenas fucking noches”, que más que traducirla como una grosería, fue la indescriptible embriaguez de emociones que finalmente hizo explotar la bomba, multiplicado por seis veces diez mil.



La noche sin precedentes se aclimataba con algo leve: “Chinese Democracy”, canción que da nombre al último disco de la banda, cuando con jeans gastados, chaqueta negra, cadenas, pañoleta en el pasacintos, lentes oscuros y un sombrero blanco, una leyenda viviente del hard rock de los 80 hacía su histórica aparición en el Jockey Club Paraguayo: esa espesísima jungla que Axl ni su banda, nunca antes habían explorado, premiando a miles de almas que vivieron casi tres horas de un show sencillamente alucinante. Y hasta se podría decir que casi casi… Brillante.

La adrenalina, la potencia y el ‘pogo’ masivo fueron consecuencia del impacto logrado al sonar los primeros acordes de la mítica "Welcome to the jungle". La sensación contagiante y única, hizo de esa noche, cómplice y aliada de la banda, que ya tenía enfrente a un público completamente extasiado hasta la médula. Pero con el frenético sonido de uno de sus temas más emblemáticos, la multitud buscaba la manera de ordenar las emociones que corrían entre el antojo de lo muy bueno, lo máximo, lo mágico y lo indescriptible: “ You know where you are?”.

El excelente clima y el mejor sonido, acompañado de un seductor espectáculo de luces y una impresionante estética, hicieron que la aún privilegiada voz de Axl Rose se conjugara perfectamente con el leit motiv correctamente acomodado y que fueron suficientes para vivir una velada de pura magia rockera, que rugió con el detonador sonido de la guitarra de DJ Ashba, un talentoso músico que inició su particular romance con el público metiéndoselos en el bolsillo. Y así, la pluma de la historia recién empezaba a escribir el verdadero éxtasis de la noche cuando Dizzy, Chris, Tommy, Richard, Ashba, Bumblefoot y Frank jugueteaban con los primeros acordes de aquel legendario y representativo, casi un himno que Guns N Roses adoptó con el correr de los años: “Sweet Child O’ Mine”. Y el clímax llegó a su ebullición.

La noche se aceleraba, las luces deslumbraban a la par de la música. Ni siquiera el imponente mar de cabecitas que coparon el campo y las plateas se quedaban atrás, saltando, cantando, coreando y saludando a uno de los referentes más grandiosos de los últimos 30 años. Para quienes decían que Axl Rose ya estaba muerto. Ahí estaba. Imponente y sobriamente convertido en todo un showman que con su sola figura, hacía posible contemplar un majestuoso cuadro que bastaría para complementar los chispazos de la llamarada. Las expectativas erróneas estaban ahí, al pie del cañón, retorciéndose en los adentros, de donde nunca debieron salir.



La noche no terminaba ahí. El exquisito rockstar pretendía una prolongada velada. Y continuó dirigiendo gritos de ovación con “Live and let die”, ”It’s so easy“, ”Rocket Queen”, “Street of Dreams”, “Nightrain”, “Mr. Brownstone”, y su infaltable “You could be mine”. No faltó nada. Desde una excelente performance y una predisposición diferente del líder y cofundador (actualmente único miembro original del grupo) de la legendaria banda que a mediados de los 80 supiera ser un supremo referente del hard rock, hasta unos solos de guitarra y piano, a cargo de Richard Fortus, Ron “Bumblefoot” Thal, DJ Ashba y Dizzi Reed, perfectamente ejecutados.



Y ahí estaban. Sobrios, y soberbiamente magistrales y pintorescos, tan impecables que eran capaces de espantar a los fantasmas de Izzy, de Rob y del mismísimo Slash. La ansiedad rebosó solamente al ver el piano en el centro del escenario y a un Axl totalmente relajado y carismático (pocas veces visto), y la emoción colectiva elevó el impacto: “November Rain” superó todas las expectativas y el furor del público irrumpió todo el Jockey gritando a todo pulmón la letra de una de las principales canciones de toda su historia, Rose y sus 7 músicos parecían iluminar el escenario, tornasolando una noche tan épica como aliada. La luna estaba de nuestro lado. Borrosa y lejana, veía desde muy lejos, el fabuloso desvelo de rock que vivía toda Asunción, y hasta el mismísimo Paraguay.

Volvió ese momento cumbre, de esos que hacen que hasta el rock consiga emocionar y excitar a unos cuantos soñadores. Una potente introducción de Thal indicaba que un coro compuesto por 60.000 almas interpretaba una melodiosa y tradicional balada: “Don’t Cry”. La batuta comandada por un Axl Rose perfectamente coordinado consiguió llegar a un momento más que cumbre, celestial, se hacía presente en la versión de esa canción escrita por uno de los más grandes músicos de todos los tiempos, Bob Dylan, y diametralmente catapultada a la fama gracias a los Guns N Roses: “Knockin’ on Heaven’s Door”. El público cantó en su totalidad.



El estruendo pirotécnico y un impresionante juego de luces haciendo alusión a la cultura oriental, sumado a “Paradise City”, casi tres horas después, y el micrófono que Axl tiró al público apenas terminada la canción, marcaban el final de una odisea épica. Una hermosa historia que inició en la jungla, pasando por China y ese Paraíso que duró casi toda una madrugada agitada, que dejó un sabor insatisfecho con la ausencia de “Patiente” o de “I used to love her”, pero que no hacía incapaz de palpar ese sueño que 26 años estuvo acorralado, preso y pudoroso de salir. Y que solo esa noche, pudo liberar su furia, escaparse y morir en la tranquilidad de haberlo conseguido.

Y ya no quedaban dudas. Si cayó alguna gota, no fue nada más que algunas lágrimas de un público eufórico e ilusionado, pues esa noche fue lo más cercano que estuvimos de tocar las puertas del cielo…



Y lo vi en mi país. Y esa misma noche dormí en mi cama, sonriendo, sabiendo que yo estuve allí, fui parte de esa épica odisea que Axl trajo a Paraguay. ¡23 años –mi edad- sí valieron la pena!





*Las fotos que ilustran esta nota corresponden a www.paraguay.com. Las tomé prestadas porque mi presencia en la zona Guns del concierto, hacen que hoy me lamente el no haber llevado un solo celular para al menor tener una imagen histórica de esa noche que jamás se me cruzó por la cabeza que podría suceder en Paraguay. Gracias Axl, gracias Guns, y sobre todo, gracias Garzia Group por confiar en el público paraguayo, por usar la música y la venida de los grandes grupos como medio de subsistencia, por apostar por el rock, por los fanáticos que todavía quedamos de esta corriente tan apasionante. ¿Quedó demostrado quiénes ganamos, o no? :D

viernes, 23 de septiembre de 2011

De recuerdo: Música que alimenta el alma






“To our Fans and Friends: As R.E.M., and as lifelong friends and co-conspirators, we have decided to call it day as a band. We walk away with a great sense of gratitude, of finality, and of astonishment at all we have accomplished. To anyone who ever felt touched by our music, our deepest thanks for listening” R.E.M.



Bajo este mensaje se daba a conocer una de las noticias musicales más tristes de los últimos años. Tal y como dos años atrás, una nueva discusión entre los hermanos Gallagher generaba la disolución definitiva de Oasis (bajo ese nombre y sin la presencia de Noel), la separación del trío norteamericano luego de 30 años generaba un revuelo impresionante entre sus fanáticos de todo el mundo. Y entonces los tributos, recuerdos, conmemoraciones y homenajes no se hicieron esperar.

Y es que no es fácil recibir como un balde de agua fría la noticia de que una de las bandas más emblemáticas de los últimos 30 años haya decidido tirar la toalla, tras el anuncio de su disolución el miércoles 21, después de poco más de 3 décadas de carrera en la que grabaron una quincena de álbumes de estudio como “Out of Time” (1991), “Automatic for the People” (1992) y “Monster” (1994), y crearon temas célebres como “Man of the Moon”, “Losing my Religion”, “Everybody Hurts”, o “What’s the Frequency, Kenneth?”.


Desde siempre escuché música. Pop, rock, en inglés y español, latinos… Y si bien es cierto que siempre terminaba inclinándome por el rock, en mi infancia tuve varios íconos que marcaron mi soundtrack oficial. Desde Jon Bon Jovi, pasando por The Cranberries, U2, Ace of Base (no viene al caso mencionar mi fanatismo por importantes artistas sudamericanos)… Y así se fueron sucediendo hasta llegar con lo que hoy día me he quedado. Pocas bandas musicales significaron y significan lo que R.E.M. marcó para mí. Si bien Coldplay ocupa el primer escalón de prioridades, lo es solamente por una ínfima diferencia. Y quizás porque primero me empeciné en conocer la música de Chris Martin para que a través de su grupo pueda reconocer en R.E.M. a esa banda que en definitiva también me acompañaría por el resto de mis días. No tuve la oportunidad de llorar por John Lennon, ni fui muy fanática de Oasis para acompañar otra separación tan histórica para la música. Esta es la primera vez que puedo sentir bronca y conmoción por ver la disolución de una banda a la que nunca vi en vivo, pero de la que disfruté (y lo seguiré haciendo) cada letra, cada acorde, cada canción… Quizás esto (o algo parecido, a lo mejor) sólo me vuelva a pasar con Coldplay, que por suerte hasta el momento, parece ser una banda que vino para quedarse.

R.E.M. ha aguantado el paso del tiempo más que dignamente, entregando álbum tras álbum, quizás con algún que otro altibajo, pero entregando obras maestras de las que siempre se podía extraer algún destello, algún momento de brillantez. A los fans de la banda de Michael Stipe nos cayó de sorpresa la noticia, y es que a lo mejor cuando las cosas son así de inesperadas y repentinas, quizás duelan un poco menos, pero igualmente, cuesta mucho creérselas.


Además de aclarar que no había sido una decisión para nada fácil y dar las gracias a todo el mundo, el vocalista Michael Stipe lanzó frases como:

“Un hombre sabio dijo una vez que saber ir a una fiesta es saber cuándo retirarse”.

Y así, a simple vista, esto habla de la dignidad que tiene la banda, pretendiendo no mostrarnos uno de esos finales agónicos en los que sólo ellos parecen no darse cuenta de que están acabados. La salida que tomaron es bastante digna. Por lo menos nos queda el consuelo, si es que a alguien le consuela una noticia como ésta, de saber que tienen preparado un recopilatorio en el que ellos mismos han trabajo, por lo tanto, al menos sabemos que estaremos ante los que el mismísimo trío considera los hitos más importantes de su carrera y que no será un tipo de subproducto como los que suelen entregar los sellos discográficos solamente para vender unas cuantas copias más.


Mientras salen a la luz los verdaderos motivos de la disolución, si es que alguna vez salieran a la luz, por el momento es bien sabido que está lejos de la polémica y controversia, sin fuerzas para seguir con el proyecto, tomaron la decisión de irse, simplemente porque “es el momento de hacerlo”. Los revolucionarios de la industria se despiden a su manera, dirigiendo palabras a sus amigos y fans, “hemos decidido dejar de funcionar como banda, con una gran sensación de gratitud, de finalidad, y de asombro por todo lo que hemos logrado. Para cualquiera que alguna vez se sintió tocado por nuestra música, nuestro más profundo agradecimiento”.

Si quedara un solo ápice de consuelo, ese sería “Part Lies, Part Heart, Part Truth, Part Garbage (1982-2011)”, el disco doble compuesto por 40 canciones y que pasará a ser el último Grandes Éxitos de la banda, que saldrá a la venta en noviembre y que incluirá dos singles inéditos: “A Month of Saturdays, We All Go Back To Where We Belong” y “Hallelujah”, grabados durante las sesiones de su último disco, “Colapse Into Now” (2011), título con el cual el trío ya nos daba una pista de su estado de agotamiento musical, y que hoy día queda como broche de oro que pone punto final a su extraordinaria trayectoria.


R.E.M., formada en Athens (Georgia) en el año 1979 bajo el significado de Rapid Eye Movement (M.O.R. Movimientos Oculares Rápidos, en español), y que a lo largo de su historia vendió 30 millones de discos. Hoy dejan al rock toda una marca de época. Quizás haciendo honor al nombre de su banda, que designa una fase del sueño que es aquella en la que ocurren los ensueños más profundos. Con canciones tan intensas y profundas como Imitation of Life o el mismo Everybody Hurts, capaces de convertir cualquier ambiente en una atmósfera surrealista.

Así, Michael Stipe, Peter Buck y Mike Mills se despiden del rock, dando por terminada su brillante asociación musical y toda una era de una banda que fue ícono clave en la década de los ’80 dentro del mapa del rock alterativo y que en su momento llegaron a convertirse en un modelo a seguir para grandes y posteriores bandas como Radiohead y Nirvana. De hecho, Kurt Cobain se asombraba al ver cómo la fama no afectaba en absoluto al líder de R.E.M., que se mantenía firme todo el tiempo con los pies sobre la tierra.


“Necesitábamos probar, no solo a nuestros fans y críticos, sino a nosotros mismos que podíamos aún hacer grandes discos, e hicimos dos, ‘Accelerate’ y ‘Collapse Into Now’”, dijo Mills, bajista y tecladista. “Pensamos: ya lo hemos hecho. Ahora hagamos algo que ninguna otra banda ha hecho: darnos la mano y separarnos como amigos”, manifestó el músico.

Algunos haremos cierto duelo musical, por la disolución de un trío que marcó significativos momentos, pero eso sí, de muchos éxitos. Solamente podemos estar seguros de una cosa... No quedan dudas de que si bien 31 años de música llegaron a su fin… Siempre seguirán alimentando nuestras almas.

''Being a part of your lives has been an unbelievable gift. Thank you.''
Peter Bruck.


No, gracias a ellos, por permitir que su música sea parte de nuestro soundtrack, por regalarnos frases tan célebres que nos hacen ir más allá de la realidad y que a la vez nos dejan despegar los pies de la tierra e ir librementes a soñar.


Para terminar, uno de esos temas que más inspiran. De esos que nos transportan a un mundo de colores, donde crecen las flores, y donde todavía hay gente feliz y brillante... Tomadas de la mano y sonriendo...


Tracklist del disco doble "Part Lies, Part Heart, Part Truth, Part Garbage (1982 – 2011)":
Disco 1
01. Gardening At Night
02. Radio Free Europe
03. Talk About The Passion
04. Sitting Still
05. So. Central Rain
06. (Don’t Go Back To) Rockville
07. Driver 8
08. Life And How To Live It
09. Begin The Begin
10. Fall On Me
11. Finest Worksong
12. It’s The End Of The World As We Know It (And I Feel Fine)
13. The One I Love
14. Stand
15. Pop Song 89
16. Get Up
17. Orange Crush
18. Losing My Religion
19. Country Feedback
20. Shiny Happy People

Disco 2
01. The Sidewinder Sleeps Tonite
02. Everybody Hurts
03. Man On The Moon
04. Nightswimming
05. What’s The Frequency, Kenneth?
06. New Test Leper
07. Electrolite
08. At My Most Beautiful
09. The Great Beyond
10. Imitation Of Life
11. Bad Day
12. Leaving New York
13. Living Well Is The Best Revenge
14. Supernatural Superserious
15. Überlin
16. Oh My Heart
17. Alligator_Aviator_Autopilot_Antimatter
18. A Month of Saturdays
19. We All Go Back To Where We Belong
20. Hallelujah

jueves, 1 de septiembre de 2011

Aquella bocanada de amor


Uno no elige de quién enamorarse. Y no es una tregua, porque se revela como un hecho consumado.

Recuerdo haber rogado que no me persiguiera ese encuentro, que no me sucediera la magia, que no me atraviese el sutil encanto de esa mirada, que no me llegase ningún roce que me dejara sin argumentos, que un suspiro nunca sea capaz de morderme el corazón. Sin embargo, nunca pudo haber descuidos porque el amor siempre me puso en desventaja.

Siempre acorraló mis inseguridades propias, siempre negó mis certezas, siempre me distanció de lo que hasta ese momento era fiable y me sacudió tanto, que me distrajo y me hizo tambalear… Hasta hoy.
Hoy día en que mi cabeza es un desorden de paisajes, en que extraño voces amigas que mi cabeza me hace retumbar cada instante, hoy en que recuerdo rincones, olores, colores…

Mi amor nunca entendió un NO sin fundamentos, ni siquiera un castigo sin premio alguno. Y siempre llevó deshabilitado el botoncito ese de ‘scape’ o de ‘cancel’ o lo que es peor: ‘CTRL Z’. Pero mi amor sobre todo es incapaz de extirpar y destruir esos afectos que ya se anclaron. No entiende de excusas ni de improvisaciones y ni siquiera está preparado para ausencias imprevistas.

Lo mío no es más que un amor imperfecto, con estrías y hombros caídos, cansado de pelear y de ir contra la corriente. Que solamente se dio cuenta, un poco tarde tal vez, de que luego de volver, la calabaza todavía no se convirtió en carroza. Y que a lo mejor nunca va a ser así. Si yo misma decía que los cuentos de hadas no existían, sin embargo cuando empecé a creer que sí… Ya era momento de reemplazar mi disfraz de princesa sin corona por el pijama e ir a dormir.

Creo que siempre tuve que correr en busca de eso que me pintara la sonrisa en acuarela, que me hiciera trenzas en el pelo, de un amor descalzo y a cara lavada, sin maquillajes de por medio. Al fin y al cabo era eso lo que siempre quise. Que me arrancaran las espinas que los últimos rosales dejaron olvidados en mis talones, y que convirtiera en terrones de azúcar esas piedras que aún tenía atoradas en mí andar. Un amor que me suba a la calesita para que en cada giro se mareen todos mis fantasmas. Y al final, pedir otra vuelta colgada de sus brazos como si con ello pudiera acercarme a las estrellas.

No sé cuál será la ficha que sigue, la que empuje el resto para que el efecto dominó se perpetúe en el tiempo. Ni siquiera sé si eso existe en realidad. Ya gasté más energía de la que puede albergar mi cuerpo buscando volver a lo que era antes, detalles ínfimos como un mensaje, una foto o un comentario positivo que quizás hasta parecían insignificantes, pero que en el fondo pasaban a ser piezas fundamentales del rompecabezas que trataba de armar.

Pero al final volví… Y no, la calabaza seguía ahí firme, no volvió a ser una flamante carroza como la de antes. Hoy me conformaría con que sea una carreta que solamente albergara pequeños detalles que son capaces de conmover y de transformarme.

Y sigo temblando con solo descubrir que lo que más miedo me da no es la soledad, sino esta enorme desventaja de sentirme vulnerable, sobre todo cuando le miro y me doy cuenta que me deshago como un terrón de azúcar en el fondo de una taza de café…

Me gustaría ya no exigirle ni reclamarle y conformarme solamente con vigilar su desvelo y detrás de la cerradura verlo dormir… ¡Pero vaya que cuesta desacostumbrarse de su grata compañía!

Por el momento aún espero aprender alguna técnica para prolongar la felicidad, quisiera dejar los pies elevados del suelo y poder archivar debajo de los párpados la mayor cantidad de buenos momentos posibles.

jueves, 7 de julio de 2011

Cara de éxito


Nunca me pude olvidar de lo que me dijo aquel señor, al que no conocía de nada, pero compartía una mesa con mamá, con tía, con Vanessa, con Freddy y conmigo en una reunión del Sheraton, allá por el año 2005 o 2006, era italiano o alemán. Me preguntó cuántos años tenía y qué hacía, por ese entonces estaba terminando el bachillerato informática y andaba con la danza. Me miró y me dijo en seco ‘tu rostro me dice que vos tenés cara de éxito’. No sé a qué se debió eso. Primero me extrañé y después me reí. Que él sabía, al ver el rostro y los ojos de una persona, si la misma era alguien capaz de lograr lo que se proponía. Me parecía una farsa. ¿Éxito? Todavía era dependiente y vivía en la cajita de cristal que papá y mamá habían fabricado para mí. Más adelante me empecé a sentir incapaz de emprender un proyecto por mí misma siquiera y aún hoy me lo sigo preguntando: ¿Qué me habrá querido decir? ¿Qué éxito podría tener? No sé, quizás recién lo empiece a entender vagamente. Y solamente ahora me doy cuenta que lo mío recién comienza.

Quería empezar con esa anécdota extraña esta entrada que nace en una más de esas frías madrugadas en que tengo tanta efedrina encima que me cuesta dormirme.

Pareciera que hace una eternidad que ando alejada del ruedo, y sin embargo pasaron 4 meses. Tiempo suficiente para que mi vida haya hecho un giro de 360 grados…

Empecé a perder el entusiasmo. Así. Tajante. ¿Qué quieren que les diga? Las primeras semanas me deprimí, me bajoneé tanto que llegué a pensar que ya no valía la pena. Y en realidad, una parte de mí, en el fondo, estaba feliz. Nunca quise bajar los brazos, a abuela no le habría gustado eso. Pero me costó levantar la cabeza y asumir la realidad. Hasta que llegué a reconocer que perdí mi tiempo en cosas banales, en lugar de invertirlo en termina la tesis, que hasta aquel momento, era mi prioridad. Pero no fue fácil.

Nunca dije que el trabajo no me gustara, sí me quejé por el trato y la mala onda que abundaba en el ambiente y que resultaba sumamente contagioso. Y tengo que confesar que al salir, divinamente desaparecieron los fuertes e interminables dolores de espalda y de cabeza. Aún así, yo decidí bajar la persiana y encerrarme en mis cuatro paredes para sobrevivir hasta que valga la pena asomar nuevamente la cabeza. Mis filosofías de que todo pasa por algo y que en esta vida todo te vuelve quedaron vilmente olvidadas en el tiempo. Ya no me importaba nada.

Dejé pasar el tiempo en vez de ocuparlo en terminar la tesis que significaría el primer paso al gran sueño de mi vida, desde que tengo memoria: una beca. Por hacerme murciélagos en la cabeza, desperdicié mi tiempo en planear mi futuro sin bajar un cambio y detenerme a mirar mi presente, y limitarme a disfrutarlo. Sentí que me iba a derrumbar. No pensé que el camino después de salir de un trabajo sería tan complicado. Y es que resultaba difícil, casi imposible imaginarse que después de sentirse una tan plena, con un trabajo que le encantaba (pese a todo lo negativo que conllevaba la gente con la que trabajaba), una familia disfuncionalmente feliz y un novio generoso, que me sorprendía haciéndome llegar flores y canasta de desayuno a la oficina y que aguantando mis malos humores y mis desplantes casi diarios aún seguía a mi lado, y que de repente todo o casi todo se fuera a derrumbar.

Toda la vida dije que mi realización personal estaba basada en mi profesión y mi independencia. Y de repente ver derrumbado parte de ese panorama… Comprenderán que no fue sencillo reponerse. Así que no me quedó de otra que levantarme de la queja en la que me había sentado los últimos tiempos y salir en la búsqueda de soluciones concretas que evitaran el caos. Por lo que empecé a trabajar con la tesis, mañana, tarde, noche y madrugada. Tenía que ocupar mi mente hasta que consiguiera algo.


Pero a lo lejos vislumbré una luz. Me ofrecieron un trabajo freelance y me tocó aprender oficios y áreas de mi profesión que quizás nunca ni pensé que podría hacerlo, me vi enfrentada a unos cuantos retos a los que tuve que hacer frente. Y no me fue nada mal, les cuento. La partecita de esa ventanita que se me abrió era un desafío nuevo, pero bastante tentador. Y no por la plata, sino por la comodidad y por la experiencia de aprender algo nuevo.


Con los años me prometí a mí misma nunca trabajar sola y únicamente motivada por el dinero. Y así también aprendí que primero que nada estaban mis filosofías, baratas o no, pero mis principios al fin. Recibí esa llamada por la que esperé tanto tiempo. Y fue la razón por la cual quizás en un mal momento, decidí rechazar tentadas ofertas de trabajo por jugarme a entrar en el diario, y llegar a una de esas metas que me puse en mi vida laboral. No sabía en qué iba a desembarcar esa experiencia. Pero me esforcé. Y aunque no me movilice el dinero, es evidente que hoy nadie está para regalar su trabajo, y menos cuando te preparaste tanto para ello. Igual no duró mucho. Y por un momento estuve a punto de sentirme esclava de mis propias palabras, pero eso sí, nunca de mis actos. Con ellos estaba más que satisfecha. Era lo que quería y sabía que el tiempo que duró, me había entregado todo lo que pude al trabajo. No fui recompensada, pero no me arrepentí.

Algunas personas no coincidieron conmigo y se pusieron en desacuerdo. Derecho de piso, empezar desde abajo, trabajo es trabajo… Hasta que mamá me dijo que me admiraba. Sí, eso, me admiraba. Tuve los pantalones para hacerme valer como profesional y tengo el carácter para hacerme respetar y hacer valer mi trabajo. Muy probablemente tomé una mala decisión, no dudo de eso. A lo mejor en vez de hablar debía limitarme a contestar y a acatar órdenes. Pero hoy vuelvo a pensar que todo pasó por algo. Si no salía de aquel trabajo, jamás me habría animado a trabajar en redes sociales y otros ámbitos de la comunicación que hasta ese momento eran bastante desconocidos por mi persona. Y si no rechazaba aquella oferta laboral, nunca hubiera tenido la experiencia de demostrar mi trabajo en el diario. En síntesis, de no haber ocurrido nada de lo ocurrido, quizás hoy seguiría estancada en el mismo conocimiento de siempre y viviendo en la misma caja de siempre. Así que no tengo de qué arrepentirme. No laburo solo por dinero, pero si amo tanto y me gusta lo que hago, y encima de eso me pagan y valoran mi trabajo, no puedo pedir nada más. Así de simple es.

Ahora a lo que iba. Llevo semanas sin poder dormir como la gente normal. Dormir entre 3 a 4 horas diarias no es tan saludable que digamos. Y acá estoy, sentada en mi cama, a la madrugada, después de tanto tiempo, queriendo escribir algo que no me sale. No sé. Se me ocurre que estos días estuve medio detenida. Esto de estar a la espera de una respuesta que no llega nunca, como que me dejó suspendida en el tiempo. Y alguna vez tenía que estallar. Y eso pasó la semana pasada, cuando empecé a perder la fe. Cuando empecé casi a maldecir ciertas etapas de mi vida, cuando empecé a culparme por ser malísima administradora y pésima en matemáticas para no saber calcular mis tiempos. Y lloré. Y reventé. Y no di más. Grité. Zapateé. Pataleé. Me lamenté. Sentí que no me quedaba de otra más que amenazar con que estaba al borde del precipicio para ver si algún barbudo me oía. Ya sé que mi fe puede llegar a ser de dudosa credibilidad, pero necesitaba con urgencia hacerme escuchar de alguna manera.

No dejé de escuchar voces, tres sobre todo, que me decían que algo grande me esperaba, que solamente tengo que tener paciencia (justamente el fallo técnico que traje de fábrica). No se me da para nada esperar, ese es el punto en mi contra. Como si fuese que planificando mi vida paso por paso, como lo vengo haciendo desde hace años, vaya a recuperar mis energías y mis ganas. Con que les diga que estos tiempos no pude escribir ni dos líneas y que casi no me relacioné con la gente. Y creo que fue uno de los principales motivos por los que invertí una buena plata en un guitar hero, para no tener que salir de casa hasta no sentirme preparada.

Luego de estallar, de ponerme a llorar y a gritar como una desquiciada, entendí que ahí estaba la señal, esa señal que me indicaba que si no terminaba con el problema, el problema iba a terminar conmigo. Abrí los ojos después de que mi canoa se desplazara en aguas turbulentas (llegué a una etapa en mi vida en que dejé de hablar de vías de trenes y sus vagones para pasar a hablar de canoas y aguas turbulentas). La mamá de una amiga falleció tras 15 meses de intensa lucha contra el cáncer. Ella no hizo luto, porque su mamá no se lo hubiera permitido. Pero sí hizo la lista de cosas que prometió hacerlas ahora, después de haber estado meses luchando junto a su mamá. Y una de ellas, y creo que la principal, es sonreír más. No hay duda de que la raza humana nunca terminará de sorprenderme. Siempre planeé mi vida, pero nunca me puse a pensar que sería de ella sin mamá, sin papá, sin alguien de los míos. Ni siquiera esa opción de ‘ya no están’ figura en mi lista de alternativas. Y yo poniéndome mal por cosas casi superficiales. Eso le contesté cuando le di mis pésames.

Empecé a comprender todo lo que tenía y tengo conmigo y que era y es absolutamente irreemplazable. Nunca perdí mis afectos, ni siquiera ellos me perdieron a mí. Vi el caudal de apoyo y de cariño que me rodean y al cual le estaba haciendo oídos sordos. Y en lugar de aprovechar más con ellos, decidí encerrarme en mi burbuja de ‘Yo que todo lo puedo’, la autosuficiente, la independiente, la inmortal… Cuando solamente yo resultaba ser una más. Estando a medio paso del tan soñado título, el contar con el apoyo de papá cuando supo de la beca que quiero alcanzar, el saber que todavía hay gente que confía en mí pese o gracias a mi errores y decisiones.

No sé lo que viene después. Hice promesas y siempre las cumplo, pese que aún tenga pendiente la última, que sí o sí será cumplida antes de fin de año. Estoy peleando por no perder mi fe, porque este síndrome maníaco-depresivo que presento a veces, no me gane la pulseada. Esta semana tuve uno de esos días raros, tuve dos entrevistas de trabajo en una tarde. Y en una de ellas me dijeron que Dios pone a las personas donde deben estar y que si no me llamaban de ahí, me llamarían del otro trabajo. Me sorprendió. La que me entrevistó me dijo ciertas cosas que parecían ser sabias y pese a que yo no fuera tan practicante, sus palabras también me hicieron recuperar las ganas de sostener que se viene algo mejor. Y nadie me quita de la cabeza que todo esto y todo lo que siga pasando de hoy en más, es el camino que voy a tener que seguir para alcanzar cada éxito al que proyecte mi vida. Los proyectos de los cuales desistí por sentirme desilusionada y defraudada conmigo mismo, o por a o b motivo, volverán a proyectarse. Casi toqué fondo, pero maravillosamente logré ver un paisaje transformado y grandes razones que me impulsaron a volver a ponerme de pie, más optimista y con la frente en alto.

Pasé otro examen, de esos miles que condimentan y dan sentido a nuestros días. Pude sacar la cabeza de la guillotina cuando estuvo a punto de ejecutarme. Pude cortar los barrotes de la prisión con esa vista horrible en la que se consumía parte de mi vida sin placer alguno.

Con estas experiencias vuelvo a confirmar que el camino está lleno de bifurcaciones que no son más que puentes hacia otro lugar. Sin duda, el miedo a lo desconocido viaja siempre en nuestra mochila, pero basta con mantener la vista fija en el horizonte para mantener el equilibrio y orientar los pasos hacia nuestro destino.

Yo ya lustré mis zapatos y llené de agua mi cantimplora, dispuesta a recorrer este nuevo paisaje.
Ahora simplemente voy viendo una orilla donde tal vez pueda descansar. Lo tengo merecido creo, después de tanta espera.




Gracias mamá y papá, porque a pesar de advertírmelo mil veces, me dejaron ser. Soy terca, si me dicen que no vaya al pozo porque me puedo caer, lo voy a hacer, porque está en mi naturaleza querer probar las cosas por mí misma.
Gracias a mi hermano Albi, desde que tengo memoria él era mi soporte, mi mano contínua, mi alter ego, mi mayor respaldo después de caer, porque nunca dejó de darme la mano, así la necesitase o no, y muchas veces yo no supe corresponderle. Porque jamás dejó de creer en mí. Y eso me reconforta.
Gracias a mi hermano mayor Oscar y a mi abuelo, por las veces que me dieron su apoyo y su comprensión. Porque aunque no digan mucho, sé que en el fondo siguen confiando en las decisiones que tomo.
Gracias a Edu, por estar ahí nomás, que ya es más que suficiente. El hecho de estar conmigo desde hace más de un año, soportar mis desplantes medio psicóticos, mi bipolaridad a veces, mi sensibilidad crónica, mi pésimo humor y fácil pérdida de la paciencia me hacen valorarte, admirarte y respetarte cada vez más. Sé que nada de eso es fácil.
Gracias a todos los amigos que me aguantaron en este laaaargo proceso de cambio, de standby, de querer salir y no poder, de poder salir y no querer. Gracias por alegrarme cada hora de mi vida.
Gracias a todos los que sin querer o sin saber lo que me estaba pasando, me dijeron palabras demasiado oportunas como haciéndome saber que estaban conmigo.
Gracias a todos ustedes, que de alguna manera, hacen que me sienta acompañada en mis decisiones.