viernes, 23 de septiembre de 2011

De recuerdo: Música que alimenta el alma






“To our Fans and Friends: As R.E.M., and as lifelong friends and co-conspirators, we have decided to call it day as a band. We walk away with a great sense of gratitude, of finality, and of astonishment at all we have accomplished. To anyone who ever felt touched by our music, our deepest thanks for listening” R.E.M.



Bajo este mensaje se daba a conocer una de las noticias musicales más tristes de los últimos años. Tal y como dos años atrás, una nueva discusión entre los hermanos Gallagher generaba la disolución definitiva de Oasis (bajo ese nombre y sin la presencia de Noel), la separación del trío norteamericano luego de 30 años generaba un revuelo impresionante entre sus fanáticos de todo el mundo. Y entonces los tributos, recuerdos, conmemoraciones y homenajes no se hicieron esperar.

Y es que no es fácil recibir como un balde de agua fría la noticia de que una de las bandas más emblemáticas de los últimos 30 años haya decidido tirar la toalla, tras el anuncio de su disolución el miércoles 21, después de poco más de 3 décadas de carrera en la que grabaron una quincena de álbumes de estudio como “Out of Time” (1991), “Automatic for the People” (1992) y “Monster” (1994), y crearon temas célebres como “Man of the Moon”, “Losing my Religion”, “Everybody Hurts”, o “What’s the Frequency, Kenneth?”.


Desde siempre escuché música. Pop, rock, en inglés y español, latinos… Y si bien es cierto que siempre terminaba inclinándome por el rock, en mi infancia tuve varios íconos que marcaron mi soundtrack oficial. Desde Jon Bon Jovi, pasando por The Cranberries, U2, Ace of Base (no viene al caso mencionar mi fanatismo por importantes artistas sudamericanos)… Y así se fueron sucediendo hasta llegar con lo que hoy día me he quedado. Pocas bandas musicales significaron y significan lo que R.E.M. marcó para mí. Si bien Coldplay ocupa el primer escalón de prioridades, lo es solamente por una ínfima diferencia. Y quizás porque primero me empeciné en conocer la música de Chris Martin para que a través de su grupo pueda reconocer en R.E.M. a esa banda que en definitiva también me acompañaría por el resto de mis días. No tuve la oportunidad de llorar por John Lennon, ni fui muy fanática de Oasis para acompañar otra separación tan histórica para la música. Esta es la primera vez que puedo sentir bronca y conmoción por ver la disolución de una banda a la que nunca vi en vivo, pero de la que disfruté (y lo seguiré haciendo) cada letra, cada acorde, cada canción… Quizás esto (o algo parecido, a lo mejor) sólo me vuelva a pasar con Coldplay, que por suerte hasta el momento, parece ser una banda que vino para quedarse.

R.E.M. ha aguantado el paso del tiempo más que dignamente, entregando álbum tras álbum, quizás con algún que otro altibajo, pero entregando obras maestras de las que siempre se podía extraer algún destello, algún momento de brillantez. A los fans de la banda de Michael Stipe nos cayó de sorpresa la noticia, y es que a lo mejor cuando las cosas son así de inesperadas y repentinas, quizás duelan un poco menos, pero igualmente, cuesta mucho creérselas.


Además de aclarar que no había sido una decisión para nada fácil y dar las gracias a todo el mundo, el vocalista Michael Stipe lanzó frases como:

“Un hombre sabio dijo una vez que saber ir a una fiesta es saber cuándo retirarse”.

Y así, a simple vista, esto habla de la dignidad que tiene la banda, pretendiendo no mostrarnos uno de esos finales agónicos en los que sólo ellos parecen no darse cuenta de que están acabados. La salida que tomaron es bastante digna. Por lo menos nos queda el consuelo, si es que a alguien le consuela una noticia como ésta, de saber que tienen preparado un recopilatorio en el que ellos mismos han trabajo, por lo tanto, al menos sabemos que estaremos ante los que el mismísimo trío considera los hitos más importantes de su carrera y que no será un tipo de subproducto como los que suelen entregar los sellos discográficos solamente para vender unas cuantas copias más.


Mientras salen a la luz los verdaderos motivos de la disolución, si es que alguna vez salieran a la luz, por el momento es bien sabido que está lejos de la polémica y controversia, sin fuerzas para seguir con el proyecto, tomaron la decisión de irse, simplemente porque “es el momento de hacerlo”. Los revolucionarios de la industria se despiden a su manera, dirigiendo palabras a sus amigos y fans, “hemos decidido dejar de funcionar como banda, con una gran sensación de gratitud, de finalidad, y de asombro por todo lo que hemos logrado. Para cualquiera que alguna vez se sintió tocado por nuestra música, nuestro más profundo agradecimiento”.

Si quedara un solo ápice de consuelo, ese sería “Part Lies, Part Heart, Part Truth, Part Garbage (1982-2011)”, el disco doble compuesto por 40 canciones y que pasará a ser el último Grandes Éxitos de la banda, que saldrá a la venta en noviembre y que incluirá dos singles inéditos: “A Month of Saturdays, We All Go Back To Where We Belong” y “Hallelujah”, grabados durante las sesiones de su último disco, “Colapse Into Now” (2011), título con el cual el trío ya nos daba una pista de su estado de agotamiento musical, y que hoy día queda como broche de oro que pone punto final a su extraordinaria trayectoria.


R.E.M., formada en Athens (Georgia) en el año 1979 bajo el significado de Rapid Eye Movement (M.O.R. Movimientos Oculares Rápidos, en español), y que a lo largo de su historia vendió 30 millones de discos. Hoy dejan al rock toda una marca de época. Quizás haciendo honor al nombre de su banda, que designa una fase del sueño que es aquella en la que ocurren los ensueños más profundos. Con canciones tan intensas y profundas como Imitation of Life o el mismo Everybody Hurts, capaces de convertir cualquier ambiente en una atmósfera surrealista.

Así, Michael Stipe, Peter Buck y Mike Mills se despiden del rock, dando por terminada su brillante asociación musical y toda una era de una banda que fue ícono clave en la década de los ’80 dentro del mapa del rock alterativo y que en su momento llegaron a convertirse en un modelo a seguir para grandes y posteriores bandas como Radiohead y Nirvana. De hecho, Kurt Cobain se asombraba al ver cómo la fama no afectaba en absoluto al líder de R.E.M., que se mantenía firme todo el tiempo con los pies sobre la tierra.


“Necesitábamos probar, no solo a nuestros fans y críticos, sino a nosotros mismos que podíamos aún hacer grandes discos, e hicimos dos, ‘Accelerate’ y ‘Collapse Into Now’”, dijo Mills, bajista y tecladista. “Pensamos: ya lo hemos hecho. Ahora hagamos algo que ninguna otra banda ha hecho: darnos la mano y separarnos como amigos”, manifestó el músico.

Algunos haremos cierto duelo musical, por la disolución de un trío que marcó significativos momentos, pero eso sí, de muchos éxitos. Solamente podemos estar seguros de una cosa... No quedan dudas de que si bien 31 años de música llegaron a su fin… Siempre seguirán alimentando nuestras almas.

''Being a part of your lives has been an unbelievable gift. Thank you.''
Peter Bruck.


No, gracias a ellos, por permitir que su música sea parte de nuestro soundtrack, por regalarnos frases tan célebres que nos hacen ir más allá de la realidad y que a la vez nos dejan despegar los pies de la tierra e ir librementes a soñar.


Para terminar, uno de esos temas que más inspiran. De esos que nos transportan a un mundo de colores, donde crecen las flores, y donde todavía hay gente feliz y brillante... Tomadas de la mano y sonriendo...


Tracklist del disco doble "Part Lies, Part Heart, Part Truth, Part Garbage (1982 – 2011)":
Disco 1
01. Gardening At Night
02. Radio Free Europe
03. Talk About The Passion
04. Sitting Still
05. So. Central Rain
06. (Don’t Go Back To) Rockville
07. Driver 8
08. Life And How To Live It
09. Begin The Begin
10. Fall On Me
11. Finest Worksong
12. It’s The End Of The World As We Know It (And I Feel Fine)
13. The One I Love
14. Stand
15. Pop Song 89
16. Get Up
17. Orange Crush
18. Losing My Religion
19. Country Feedback
20. Shiny Happy People

Disco 2
01. The Sidewinder Sleeps Tonite
02. Everybody Hurts
03. Man On The Moon
04. Nightswimming
05. What’s The Frequency, Kenneth?
06. New Test Leper
07. Electrolite
08. At My Most Beautiful
09. The Great Beyond
10. Imitation Of Life
11. Bad Day
12. Leaving New York
13. Living Well Is The Best Revenge
14. Supernatural Superserious
15. Überlin
16. Oh My Heart
17. Alligator_Aviator_Autopilot_Antimatter
18. A Month of Saturdays
19. We All Go Back To Where We Belong
20. Hallelujah

jueves, 1 de septiembre de 2011

Aquella bocanada de amor


Uno no elige de quién enamorarse. Y no es una tregua, porque se revela como un hecho consumado.

Recuerdo haber rogado que no me persiguiera ese encuentro, que no me sucediera la magia, que no me atraviese el sutil encanto de esa mirada, que no me llegase ningún roce que me dejara sin argumentos, que un suspiro nunca sea capaz de morderme el corazón. Sin embargo, nunca pudo haber descuidos porque el amor siempre me puso en desventaja.

Siempre acorraló mis inseguridades propias, siempre negó mis certezas, siempre me distanció de lo que hasta ese momento era fiable y me sacudió tanto, que me distrajo y me hizo tambalear… Hasta hoy.
Hoy día en que mi cabeza es un desorden de paisajes, en que extraño voces amigas que mi cabeza me hace retumbar cada instante, hoy en que recuerdo rincones, olores, colores…

Mi amor nunca entendió un NO sin fundamentos, ni siquiera un castigo sin premio alguno. Y siempre llevó deshabilitado el botoncito ese de ‘scape’ o de ‘cancel’ o lo que es peor: ‘CTRL Z’. Pero mi amor sobre todo es incapaz de extirpar y destruir esos afectos que ya se anclaron. No entiende de excusas ni de improvisaciones y ni siquiera está preparado para ausencias imprevistas.

Lo mío no es más que un amor imperfecto, con estrías y hombros caídos, cansado de pelear y de ir contra la corriente. Que solamente se dio cuenta, un poco tarde tal vez, de que luego de volver, la calabaza todavía no se convirtió en carroza. Y que a lo mejor nunca va a ser así. Si yo misma decía que los cuentos de hadas no existían, sin embargo cuando empecé a creer que sí… Ya era momento de reemplazar mi disfraz de princesa sin corona por el pijama e ir a dormir.

Creo que siempre tuve que correr en busca de eso que me pintara la sonrisa en acuarela, que me hiciera trenzas en el pelo, de un amor descalzo y a cara lavada, sin maquillajes de por medio. Al fin y al cabo era eso lo que siempre quise. Que me arrancaran las espinas que los últimos rosales dejaron olvidados en mis talones, y que convirtiera en terrones de azúcar esas piedras que aún tenía atoradas en mí andar. Un amor que me suba a la calesita para que en cada giro se mareen todos mis fantasmas. Y al final, pedir otra vuelta colgada de sus brazos como si con ello pudiera acercarme a las estrellas.

No sé cuál será la ficha que sigue, la que empuje el resto para que el efecto dominó se perpetúe en el tiempo. Ni siquiera sé si eso existe en realidad. Ya gasté más energía de la que puede albergar mi cuerpo buscando volver a lo que era antes, detalles ínfimos como un mensaje, una foto o un comentario positivo que quizás hasta parecían insignificantes, pero que en el fondo pasaban a ser piezas fundamentales del rompecabezas que trataba de armar.

Pero al final volví… Y no, la calabaza seguía ahí firme, no volvió a ser una flamante carroza como la de antes. Hoy me conformaría con que sea una carreta que solamente albergara pequeños detalles que son capaces de conmover y de transformarme.

Y sigo temblando con solo descubrir que lo que más miedo me da no es la soledad, sino esta enorme desventaja de sentirme vulnerable, sobre todo cuando le miro y me doy cuenta que me deshago como un terrón de azúcar en el fondo de una taza de café…

Me gustaría ya no exigirle ni reclamarle y conformarme solamente con vigilar su desvelo y detrás de la cerradura verlo dormir… ¡Pero vaya que cuesta desacostumbrarse de su grata compañía!

Por el momento aún espero aprender alguna técnica para prolongar la felicidad, quisiera dejar los pies elevados del suelo y poder archivar debajo de los párpados la mayor cantidad de buenos momentos posibles.

jueves, 7 de julio de 2011

Cara de éxito


Nunca me pude olvidar de lo que me dijo aquel señor, al que no conocía de nada, pero compartía una mesa con mamá, con tía, con Vanessa, con Freddy y conmigo en una reunión del Sheraton, allá por el año 2005 o 2006, era italiano o alemán. Me preguntó cuántos años tenía y qué hacía, por ese entonces estaba terminando el bachillerato informática y andaba con la danza. Me miró y me dijo en seco ‘tu rostro me dice que vos tenés cara de éxito’. No sé a qué se debió eso. Primero me extrañé y después me reí. Que él sabía, al ver el rostro y los ojos de una persona, si la misma era alguien capaz de lograr lo que se proponía. Me parecía una farsa. ¿Éxito? Todavía era dependiente y vivía en la cajita de cristal que papá y mamá habían fabricado para mí. Más adelante me empecé a sentir incapaz de emprender un proyecto por mí misma siquiera y aún hoy me lo sigo preguntando: ¿Qué me habrá querido decir? ¿Qué éxito podría tener? No sé, quizás recién lo empiece a entender vagamente. Y solamente ahora me doy cuenta que lo mío recién comienza.

Quería empezar con esa anécdota extraña esta entrada que nace en una más de esas frías madrugadas en que tengo tanta efedrina encima que me cuesta dormirme.

Pareciera que hace una eternidad que ando alejada del ruedo, y sin embargo pasaron 4 meses. Tiempo suficiente para que mi vida haya hecho un giro de 360 grados…

Empecé a perder el entusiasmo. Así. Tajante. ¿Qué quieren que les diga? Las primeras semanas me deprimí, me bajoneé tanto que llegué a pensar que ya no valía la pena. Y en realidad, una parte de mí, en el fondo, estaba feliz. Nunca quise bajar los brazos, a abuela no le habría gustado eso. Pero me costó levantar la cabeza y asumir la realidad. Hasta que llegué a reconocer que perdí mi tiempo en cosas banales, en lugar de invertirlo en termina la tesis, que hasta aquel momento, era mi prioridad. Pero no fue fácil.

Nunca dije que el trabajo no me gustara, sí me quejé por el trato y la mala onda que abundaba en el ambiente y que resultaba sumamente contagioso. Y tengo que confesar que al salir, divinamente desaparecieron los fuertes e interminables dolores de espalda y de cabeza. Aún así, yo decidí bajar la persiana y encerrarme en mis cuatro paredes para sobrevivir hasta que valga la pena asomar nuevamente la cabeza. Mis filosofías de que todo pasa por algo y que en esta vida todo te vuelve quedaron vilmente olvidadas en el tiempo. Ya no me importaba nada.

Dejé pasar el tiempo en vez de ocuparlo en terminar la tesis que significaría el primer paso al gran sueño de mi vida, desde que tengo memoria: una beca. Por hacerme murciélagos en la cabeza, desperdicié mi tiempo en planear mi futuro sin bajar un cambio y detenerme a mirar mi presente, y limitarme a disfrutarlo. Sentí que me iba a derrumbar. No pensé que el camino después de salir de un trabajo sería tan complicado. Y es que resultaba difícil, casi imposible imaginarse que después de sentirse una tan plena, con un trabajo que le encantaba (pese a todo lo negativo que conllevaba la gente con la que trabajaba), una familia disfuncionalmente feliz y un novio generoso, que me sorprendía haciéndome llegar flores y canasta de desayuno a la oficina y que aguantando mis malos humores y mis desplantes casi diarios aún seguía a mi lado, y que de repente todo o casi todo se fuera a derrumbar.

Toda la vida dije que mi realización personal estaba basada en mi profesión y mi independencia. Y de repente ver derrumbado parte de ese panorama… Comprenderán que no fue sencillo reponerse. Así que no me quedó de otra que levantarme de la queja en la que me había sentado los últimos tiempos y salir en la búsqueda de soluciones concretas que evitaran el caos. Por lo que empecé a trabajar con la tesis, mañana, tarde, noche y madrugada. Tenía que ocupar mi mente hasta que consiguiera algo.


Pero a lo lejos vislumbré una luz. Me ofrecieron un trabajo freelance y me tocó aprender oficios y áreas de mi profesión que quizás nunca ni pensé que podría hacerlo, me vi enfrentada a unos cuantos retos a los que tuve que hacer frente. Y no me fue nada mal, les cuento. La partecita de esa ventanita que se me abrió era un desafío nuevo, pero bastante tentador. Y no por la plata, sino por la comodidad y por la experiencia de aprender algo nuevo.


Con los años me prometí a mí misma nunca trabajar sola y únicamente motivada por el dinero. Y así también aprendí que primero que nada estaban mis filosofías, baratas o no, pero mis principios al fin. Recibí esa llamada por la que esperé tanto tiempo. Y fue la razón por la cual quizás en un mal momento, decidí rechazar tentadas ofertas de trabajo por jugarme a entrar en el diario, y llegar a una de esas metas que me puse en mi vida laboral. No sabía en qué iba a desembarcar esa experiencia. Pero me esforcé. Y aunque no me movilice el dinero, es evidente que hoy nadie está para regalar su trabajo, y menos cuando te preparaste tanto para ello. Igual no duró mucho. Y por un momento estuve a punto de sentirme esclava de mis propias palabras, pero eso sí, nunca de mis actos. Con ellos estaba más que satisfecha. Era lo que quería y sabía que el tiempo que duró, me había entregado todo lo que pude al trabajo. No fui recompensada, pero no me arrepentí.

Algunas personas no coincidieron conmigo y se pusieron en desacuerdo. Derecho de piso, empezar desde abajo, trabajo es trabajo… Hasta que mamá me dijo que me admiraba. Sí, eso, me admiraba. Tuve los pantalones para hacerme valer como profesional y tengo el carácter para hacerme respetar y hacer valer mi trabajo. Muy probablemente tomé una mala decisión, no dudo de eso. A lo mejor en vez de hablar debía limitarme a contestar y a acatar órdenes. Pero hoy vuelvo a pensar que todo pasó por algo. Si no salía de aquel trabajo, jamás me habría animado a trabajar en redes sociales y otros ámbitos de la comunicación que hasta ese momento eran bastante desconocidos por mi persona. Y si no rechazaba aquella oferta laboral, nunca hubiera tenido la experiencia de demostrar mi trabajo en el diario. En síntesis, de no haber ocurrido nada de lo ocurrido, quizás hoy seguiría estancada en el mismo conocimiento de siempre y viviendo en la misma caja de siempre. Así que no tengo de qué arrepentirme. No laburo solo por dinero, pero si amo tanto y me gusta lo que hago, y encima de eso me pagan y valoran mi trabajo, no puedo pedir nada más. Así de simple es.

Ahora a lo que iba. Llevo semanas sin poder dormir como la gente normal. Dormir entre 3 a 4 horas diarias no es tan saludable que digamos. Y acá estoy, sentada en mi cama, a la madrugada, después de tanto tiempo, queriendo escribir algo que no me sale. No sé. Se me ocurre que estos días estuve medio detenida. Esto de estar a la espera de una respuesta que no llega nunca, como que me dejó suspendida en el tiempo. Y alguna vez tenía que estallar. Y eso pasó la semana pasada, cuando empecé a perder la fe. Cuando empecé casi a maldecir ciertas etapas de mi vida, cuando empecé a culparme por ser malísima administradora y pésima en matemáticas para no saber calcular mis tiempos. Y lloré. Y reventé. Y no di más. Grité. Zapateé. Pataleé. Me lamenté. Sentí que no me quedaba de otra más que amenazar con que estaba al borde del precipicio para ver si algún barbudo me oía. Ya sé que mi fe puede llegar a ser de dudosa credibilidad, pero necesitaba con urgencia hacerme escuchar de alguna manera.

No dejé de escuchar voces, tres sobre todo, que me decían que algo grande me esperaba, que solamente tengo que tener paciencia (justamente el fallo técnico que traje de fábrica). No se me da para nada esperar, ese es el punto en mi contra. Como si fuese que planificando mi vida paso por paso, como lo vengo haciendo desde hace años, vaya a recuperar mis energías y mis ganas. Con que les diga que estos tiempos no pude escribir ni dos líneas y que casi no me relacioné con la gente. Y creo que fue uno de los principales motivos por los que invertí una buena plata en un guitar hero, para no tener que salir de casa hasta no sentirme preparada.

Luego de estallar, de ponerme a llorar y a gritar como una desquiciada, entendí que ahí estaba la señal, esa señal que me indicaba que si no terminaba con el problema, el problema iba a terminar conmigo. Abrí los ojos después de que mi canoa se desplazara en aguas turbulentas (llegué a una etapa en mi vida en que dejé de hablar de vías de trenes y sus vagones para pasar a hablar de canoas y aguas turbulentas). La mamá de una amiga falleció tras 15 meses de intensa lucha contra el cáncer. Ella no hizo luto, porque su mamá no se lo hubiera permitido. Pero sí hizo la lista de cosas que prometió hacerlas ahora, después de haber estado meses luchando junto a su mamá. Y una de ellas, y creo que la principal, es sonreír más. No hay duda de que la raza humana nunca terminará de sorprenderme. Siempre planeé mi vida, pero nunca me puse a pensar que sería de ella sin mamá, sin papá, sin alguien de los míos. Ni siquiera esa opción de ‘ya no están’ figura en mi lista de alternativas. Y yo poniéndome mal por cosas casi superficiales. Eso le contesté cuando le di mis pésames.

Empecé a comprender todo lo que tenía y tengo conmigo y que era y es absolutamente irreemplazable. Nunca perdí mis afectos, ni siquiera ellos me perdieron a mí. Vi el caudal de apoyo y de cariño que me rodean y al cual le estaba haciendo oídos sordos. Y en lugar de aprovechar más con ellos, decidí encerrarme en mi burbuja de ‘Yo que todo lo puedo’, la autosuficiente, la independiente, la inmortal… Cuando solamente yo resultaba ser una más. Estando a medio paso del tan soñado título, el contar con el apoyo de papá cuando supo de la beca que quiero alcanzar, el saber que todavía hay gente que confía en mí pese o gracias a mi errores y decisiones.

No sé lo que viene después. Hice promesas y siempre las cumplo, pese que aún tenga pendiente la última, que sí o sí será cumplida antes de fin de año. Estoy peleando por no perder mi fe, porque este síndrome maníaco-depresivo que presento a veces, no me gane la pulseada. Esta semana tuve uno de esos días raros, tuve dos entrevistas de trabajo en una tarde. Y en una de ellas me dijeron que Dios pone a las personas donde deben estar y que si no me llamaban de ahí, me llamarían del otro trabajo. Me sorprendió. La que me entrevistó me dijo ciertas cosas que parecían ser sabias y pese a que yo no fuera tan practicante, sus palabras también me hicieron recuperar las ganas de sostener que se viene algo mejor. Y nadie me quita de la cabeza que todo esto y todo lo que siga pasando de hoy en más, es el camino que voy a tener que seguir para alcanzar cada éxito al que proyecte mi vida. Los proyectos de los cuales desistí por sentirme desilusionada y defraudada conmigo mismo, o por a o b motivo, volverán a proyectarse. Casi toqué fondo, pero maravillosamente logré ver un paisaje transformado y grandes razones que me impulsaron a volver a ponerme de pie, más optimista y con la frente en alto.

Pasé otro examen, de esos miles que condimentan y dan sentido a nuestros días. Pude sacar la cabeza de la guillotina cuando estuvo a punto de ejecutarme. Pude cortar los barrotes de la prisión con esa vista horrible en la que se consumía parte de mi vida sin placer alguno.

Con estas experiencias vuelvo a confirmar que el camino está lleno de bifurcaciones que no son más que puentes hacia otro lugar. Sin duda, el miedo a lo desconocido viaja siempre en nuestra mochila, pero basta con mantener la vista fija en el horizonte para mantener el equilibrio y orientar los pasos hacia nuestro destino.

Yo ya lustré mis zapatos y llené de agua mi cantimplora, dispuesta a recorrer este nuevo paisaje.
Ahora simplemente voy viendo una orilla donde tal vez pueda descansar. Lo tengo merecido creo, después de tanta espera.




Gracias mamá y papá, porque a pesar de advertírmelo mil veces, me dejaron ser. Soy terca, si me dicen que no vaya al pozo porque me puedo caer, lo voy a hacer, porque está en mi naturaleza querer probar las cosas por mí misma.
Gracias a mi hermano Albi, desde que tengo memoria él era mi soporte, mi mano contínua, mi alter ego, mi mayor respaldo después de caer, porque nunca dejó de darme la mano, así la necesitase o no, y muchas veces yo no supe corresponderle. Porque jamás dejó de creer en mí. Y eso me reconforta.
Gracias a mi hermano mayor Oscar y a mi abuelo, por las veces que me dieron su apoyo y su comprensión. Porque aunque no digan mucho, sé que en el fondo siguen confiando en las decisiones que tomo.
Gracias a Edu, por estar ahí nomás, que ya es más que suficiente. El hecho de estar conmigo desde hace más de un año, soportar mis desplantes medio psicóticos, mi bipolaridad a veces, mi sensibilidad crónica, mi pésimo humor y fácil pérdida de la paciencia me hacen valorarte, admirarte y respetarte cada vez más. Sé que nada de eso es fácil.
Gracias a todos los amigos que me aguantaron en este laaaargo proceso de cambio, de standby, de querer salir y no poder, de poder salir y no querer. Gracias por alegrarme cada hora de mi vida.
Gracias a todos los que sin querer o sin saber lo que me estaba pasando, me dijeron palabras demasiado oportunas como haciéndome saber que estaban conmigo.
Gracias a todos ustedes, que de alguna manera, hacen que me sienta acompañada en mis decisiones.

domingo, 8 de mayo de 2011

Eso que llaman Amor


Siempre dije que las cosas y las personas, con el tiempo y las circunstancias, cambian, se transforman. Y después de cierto tiempo, comprendí, que indefectiblemente, las relaciones también.

Entendí lo ilógico que resulta pensar que todo puede ser como fue al inicio, los detalles, las demostraciones de afecto, las sorpresas inminentes, las ocurrencias chistosas, las charlas sin sentido... Y hasta los mensajes diarios. Esos mensajes de texto que al instante de leerlos, ya hacen que el día no pueda ser malo aunque se cayera el cielo.

No sé en qué momento cambiamos tanto. Luego de un tiempo, ambos creímos conocernos tan bien como para querer adaptarnos a la forma de ser del otro. Y se volvió recíproco. Tanto, que de un día para otro fue como que todas esas acciones se esfumaron y dejaron de tener la importancia real que alguna vez llegaron a tener. Hasta llegar al primer año y sentir el peso de la rutina, en que los 14 de febreros desaparecieron del calendario, y el primer aniversario... ¡EL PRIMERO! pasa a ser un día más, de lo más normal en el reloj biológico.

Y yo me pregunto en qué momento perdimos el interés de impresionarnos el uno al otro. ¿Cuándo dejamos que la rutina se interponga al medio e intentara exterminar el amor sin darnos cuenta? Soy firmemente conciente de lo difícil que es mantener una relación. Si bien mi portuario amoroso no está enumerado por rango de durabilidad, comprendo prefectamente lo difícil que es construir algo de a dos. No es sencillo sumar pasado, experiencias, miedos, mañas y pedacitos de corazones esparcidos por ahí. ¡No! Nada de eso es tarea sencilla. Y aprendí que sólo los valientes se animan a creer que en el riesgo está la ganancia.

Enamorarse... Sublime palabra. Pero no me refiero a ese idilio instantáneo al que frívolamente llaman ''amor a primera vista''. Mi crónico idealismo siempre se negó a creer ese tipo de amor tan superficial, que entra por la vista y termina en el afecto no mutuo. Todavía creo, quizás ciegamente, en ese enamoramiento compartido, en que yo sé que soy parte de su vida, así como él lo es de la mía. Pero resulta algo tan... Extraño. Una sensación tan extraña esa de querer enamorarse. No se trata del hecho de no saber de quién hacerlo o tener de quién y no darse cuenta nomás. Pero esa impresión es parecida al hecho de estar frente a un hermoso paisaje y no tener a nadie que nos saque la foto. O estar a la orilla del mar viendo un atardecer (siempre quise ver un atardecer a la orilla del mar!!!) y no tener con quién compartirlo.

Quisiera saber si sólo son épocas, momentos en que uno se sienta a contemplar lo que dejó el vendaval y se entretiene juntando las partes de ese todo que supimos ser, o que en realidad,nunca supimos ser. Y de pronto nos vemos modificados, frente a ese espejo imaginario que nos regala el paso del tiempo y en el que nos obliga a mirarnos de vez en cuando para que podamos maquillarnos las ganas y retocar los errores.

Por algún extraño motivo, o por alguna extraña conjugación de los astros, hace un año decidí abandonar la entrañable soledad que me acurrucaba en el invierno y de la que ya me había hecho tan amiga en el verano. Me costó abandonarla, pero algo dentro de mí creía que era hora de planchar las viejas arrugas del corazón, y prometerle al oído que volvería a latir lleno de asombro frente a un ramo de rosas, un par de velas encendidas o un beso robado bajo la lluvia de otoño.

Hoy comprendí que la rutina nos está agotando. Y no sé si serán ya los primeros acordes que anuncian la pronta venida del invierno los que me provocan esta sensación de andar extrañando ese ascensor que sube y baja por el estómago ante la mera prsencia del ser amado.

Con las pupilas empañadas me pongo a pensar que tal vez solamente se trate de una locura descomunal de querer lanzarme por ese tobogán de sensaciones que sólo el amor llegó a generar un año atrás. Cuando creía que mi propio mar, antes revuelto, finalmente estaba calmo y me permitía mirar más allá.


Hoy... vuelvo a necesitar sus abrazos que trituran los huesos y las penas de la jornada con igual intensidad, sus abrazos que devuelven la sonrisa perdida en un vagón y que sacuden el cansancio de la semana.

Hoy... añoro ese mordizco en el aire plagado de magia, esa bocanada de amor que colma el espíritu y que llena los pulmones de esperanza.

Hoy...extraño esa presencia de su alguien que un año atrás conocí, y que sin embargo, hoy me sigue sonando tan familiar. Que cambió por mí, cuando en realidad era yo la que necesitaba cambiar. Cuando era yo la que necesitaba con suma urgencia acostumbrarse a los nuevos designios que el amor tenía preparado para mí.

No quiero que las arterias de mi corazón ni del suyo vuelvan a pasar por la sala de terapia intensiva. Quiero que nuestros diálogos se incrementen como antes, que nuestras charlas se debatan entre divagues existenciales, política, religión y preguntas sin sentido. Quiero creer, que como en las películas, un otro puede sentir a la par. Quiero que mi maldita histeria, finalmente, me permita disfrutar, esperar y entregarme al juego de la reconquista. Me cuesta mucho esfuerzo, pero de verdad deseo de todo corazón volver a emocionarme frente a él, que me hace sentir indefensa y desprotegida en un baldío a medianoche, con los ojos vendados y el resto de los sentidos en pausa.

Quiero tener de nuevo la posibilidad de que compartamos la idea de atracción, de empatía y de afecto que automáticamente me convierten. No aguanto la espera, la intriga, que a medida que pasan las horas se convierten en murciélagos dispuestos a vampirizar mi alegría. No quiero tener más miedo a demostrar todo lo lindo que hay en mi interior. No quiero que ese miedo se siente a desayunar a mi lado todas las mañanas, ni que viaje en mi mismo colectivo para transportarme en un descuido a la maldita rutina cotidiana ni que se duerma abrazando mis mismos sueños.

Quiero serla protagonista de la historia. Ya no quiero encerrarme en mi caparazón sin ventanas. Por el simple hecho de que hace un año aposté a que todo saliera bien, y aunque estaba aterrada porque algunas veces me salió mal, tomé la decisión de no escapar y buscar que sea la desilusión quien no me vuelva a alcanzar. Quiero, que así como hace un año empecé a sentir esas mariposas en la panza, volver a sentir que vuelo y que me transporto a ese lugar donde descubrí que no todo siempre es blanco y negro, que todo tiene sus matices. Y que una vez que se reencuentren, nuestras miradas volverán a ser multicolores.

Seguramente hay muchas cosas que todavía no aprendí, pero alguien me dijo una vez que a pesar de la lluvia, siempre volverá a salir el sol.

Quiero volver a sorprenderme con las cosas que hace o que dice, porque siento que quiero estar con él, no sé ni dónde, ni cuándo ni cómo, pero estar. No quiero que nadie me robe la felicidad que él me hace sentir. Porque es lindo despertarme sabiendo que lo voy a ver, que me va a decir o escribir algo lindo que irremediablemente me va a mejorar el día.

No sé si ilusamente sueño con un cuento de hadas o lo imagino así para pensar que esta vez sí va a funcionar. Pero hay una ecuación básica y cuasi elemental. Quiero espantar a esos miedos que me acechan y que me dejan con las manos vacías sin poderlo intentar. No me creo ser lo más, pero es demasiado lindo que alguien, de vez en cuando, me lo haga creer, por más lejos que esté de la realidad.

Entonces, ¿cómo el amor incrementó tanto, pero la rutina puede terminar ganándonos la jugada? Luego de todo lo expresado, vale la pena, entonces. Pelear digo :)



No quiero que pase, de ninguna manera, lo que dice esta canción de este gran dúo español. No creo estar preprada para enfrentarlo. Así que manos a la obra!

lunes, 25 de abril de 2011

Amor Postergado (Cuento Corto)

Mi primer cuento vio la luz.

Ya me topé con la experiencia de que mucha gente comente mi manera de escribir, mi afán de inspiración y medio de catarsis, como lo denominé yo al crear este blog. En muchas ocasiones ya me aconsejaron hacer algo que pueda trascender y que de paso, claro está, me abriera muchas puertas, como escribir un libro. Mi cuñada me contó a grandes rasgos la historia de un compañero hondureño, en la facultad de Cuba, que luego de lanzar un librito con 17 poemas escritos por él mismo, su vida dio un giro tremendo, los homenajes y titulos honoríficos empezaron a venir y muchas puertas se empezaron a abrir.

Otra cuestión es la de presentarme a concursos literarios. Y es acá donde hago una pausa y resiro profundo, para luego empezar a escupir unas cuantas espinas atoradas tras unos intentos fallidos por trascender y no haberlo conseguido. Mi blog no ganó el primer puesto y ni siquiera quedó enre los 10 mejores blogs en el concurso organizado por Última Hora el año pasado. Round 1.

Participé de un concurso en agosto del año pasado, por el Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto. ¿Y adivinen qué? No me gané nada, más que el sacrificio y las ganas de escribir algo que pensaba que nunca me iba a salir. No me da escribir cuentos. Varias veces intenté escribir guiones y hasta historias largas, y todas están ahí incompletas en el Disco D de mi computadora, en una carpeta de papeles viejos y amarillentos y en un rincón de mi memoria que todavía recuerda parte de la trama. Y bueno, uno a veces hace cosas nada más que por amor al arte, a lo que hace. ¡Cuántas cosas ya no habré hecho yo por eso! Round 2.

Y nada. Quería nomás dar esta introducción a mi primer cuento y hacerlo oficialmente público. No sé en qué me inspiré. Quizás en varias de esas historias de amor y desengaño que tanto veía proyectadas en las novelas mexicanas cuando era chica, mezclada con alguna que otra película de época y qué sé yo, seguramete entreveradas a la par con algún que otro relato de Jane Austen, mi autora de cabecera (a lo mejor estamos conectadas o algo parecido, por el hecho de que al igual que yo, nació un 16 de diciembre).

Les presento, oficial y públicamente, a mi primer cuentito, ''Amor Postergado''. No será lo más, pero salió del corazón y dicen que todo lo que sale de ahí, siempre es bueno. Disfrútenlo y si es posible, trátenlo con mucho, mucho cariño, porque costó días de insomnio, horas frente a la computadora con la mente en blanco y una laguna mental terrible y además costó inspiración y sentimentalismo, para variar.





Me gustan y no me gustan las historias de amor.

Siempre son cursis, suenan a historias conocidas, pero siempre… Huelen a sueños.

Supongo que por eso no me canso de oírlas, se me pone la piel de gallina y respiro profundo mientras mis ojos, ya grandes de por sí, se abren más y más, dejando entrar recuerdos, y a veces… Hasta un hilo de esperanza.

Ellos dicen que no recuerdan cómo se conocieron, tal vez fue un domingo soleado por la tarde, que sin quererlo cruzaron sus miradas en la plaza mientras hacían sus caminatas vespertinas o sacaban a pasear al perro. O a lo mejor fue cualquier mañana mientras esperaban el bus que los llevase al trabajo, o en la fila larga e interminable del supermercado, cuando él quitó el carrito del camino para que ella pudiera pasar.

En la mayoría de las historias de amor, identificar el momento preciso en que nació la relación es un dato anecdótico, y más para contarlo en una ronda de amigos cuando ya los años pasaron y aparece en escena ese pregunta… La aparentemente impostergable.

No son amigos de toda la vida, sin embargo ellos sienten que se conocen desde chicos, y con eso les basta. Con creer que compartieron hamaca, paseos en el parque, las escondidas, la pelota muerta o el juego de la botella. O imaginan que llegaron a subir juntos a la copa del árbol más alto de la casa de campo o que corrían y trataban de escapar de los globitos de agua en pleno Carnaval. Fueron esos primeros años, imaginados, los que hoy recuerdan como sus primeras experiencias juntos, aunque por aquel entonces no tuvieran ni noción de que la vida, el destino, un ser superior o como quieran llamarlo, estaba haciendo que sus caminos se crucen.

¿No son insospechados los designios del amor… O de la vida misma, en este caso?

La misma vida que hizo de ellos personas adultas, cada uno en su camino, con distintas anécdotas. Tan distantes como disparejas.

Él vivía el día a día, siempre vivió al margen de lo que sus humildes padres ya mayores podían ofrecerles, desde niño trabajó para comprarse los útiles de la escuela y el uniforme. Nunca tuvo todos los juguetes que quería, la vidriera de cualquier juguetería era como una carabela que él quería invadir vestido de pirata. Sí, soñaba ser pirata, quería irrumpir cualquier barco que viera en el mar, para luego naufragar hasta caer en una isla de la cual pudiera ser amo y señor, hasta que finalmente extrañase la tierra firme y pudiera guardar un mensaje en una botella y lanzarla al mar hasta que alguien la encontrara.

Ella era la consentida de la familia, tenía tantos juguetes que nunca sabía con cuál de ellos empezar a jugar. ¡Tenía tantos! Que no le alcanzaba un solo día para jugar con todos. Si había algo que quisiera, bastaba con chasquear los dedos para que se lo concedieran. Constantemente tenía ropa nueva, de moda y de temporada, vestidos que la hacían parecer más princesita de lo que en realidad era y con los cuales se lucía orgullosa en la plaza. Y siempre muy llamativa por el color casi transparente de sus ojos y sus ricitos rubios que parecían hilos de oro, como el de las modelos que aparecen en la televisión. Y su piel tersa y suave como el de una muñequita de porcelana.

Él, en más de un invierno pasó frío en la plaza. A ella le sobraban abrigos. Él se contentaba con ir a la feria los fines de semana y si le alcanzaban las monedas comprarse algún boleto a los juegos y ganarse algo que pudiera llevar a casa triunfante para regalárselo a su hermanita. Ella era hija única, lo tenía todo, no le faltaba nada… Pero no era feliz.

Desde uno de los juegos del parque no dejaba de mirarla, ahí en la hamaca, ella con su soledad, que aparentaba aturdida y desconsolada, observando cómo lucía su bella cabellera al viento, su deslumbrante vestuario, sus ojos más lindos que el mismísimo cielo y esa mirada… Esa mirada triste. Ella era su niña… Aunque ella no lo sabía.

¿Quién lo diría? Jamás nadie, ni siquiera alguno de ellos dos, podría suponer que algo terminaría pasando entre ellos.

Era verano, y parecía que ese iba a ser el más caluroso de los últimos años. Para él, el calor nunca significó un problema. Creía que siempre vivió abajo mismo de los rayos del sol, sin embargo siempre sabía cómo encontrar una corriente de aire fresco que le ventilara el rostro, dándole algún respiro. Tampoco tenía inconvenientes en refrescarse bajo cualquier canilla que encontrara abierta.

Para ella, la estela de calor hacía sus días agobiantes. Durante el día disfrutaba del aire acondicionado de la casa. Mientras él y su familia lo soportaban a fuerza de persianas bajas y ventiladores con aletas que ya apenas giraban.

Llegó Navidad. La costumbre era esperar las 12 dentro de un ambiente festivo que se colaba por cada casa del barrio. Familias enteras, pobres y ricas, se juntaban bajo los árboles con sus reposeras para recibir el viento fresco que rozaba las mejillas.

Quizás por primera vez, sus miradas se cruzaron. Ella lo miró de pies a cabeza, su rostro moreno, fijando la vista sobre esos ojos oscuros, que la hacían sentir cierto estremecimiento que jamás lo pudo explicar. Él ya estaba acostumbrado a dejar que sus ojos se clavaran en ella, pero ahora, por primera vez sintió cómo los de ella también le correspondían.

Tal vez el susurro del viento, el tenue calor de la noche o el deseo desbordado de ambos fue lo que llevó a que en segundos, los dos se liberaran. El suave y verde pasto en la parte trasera del parque fue el escenario ideal para algo que para ellos se convirtió en algo mágico, como si lo esperaran desde hace tanto… Desde siempre. Parecían haberse reservado para esa primera vez, para esa noche en que sus cuerpos se encontrarían. No se conocían. Ella ni siquiera sabía su nombre, pero sabía que esa mirada le transmitía seguridad y confianza. Pese a que esa noche no pudieron consumar el idilio, debido a una pizca de inseguridad por parte de ella, siguieron viéndose. Un poco a escondidas… Un poco a la vista de todos. Más adelante, lo llegaron a consumar.

La vida los alejó. Él se dedicó a atender el almacén del barrio, que alguna vez perteneció a su padre. Y ella… Ella se marchó. Él nunca supo por qué. Sus padres la alejaron de quien consideraban culpable de que su pequeña se haya corrompido. Ella se negaba a hablar con él. La siguió hasta el puerto. La interceptó a escondidas de su padre y le propuso escaparse juntos para vivir y disfrutar de su amor. Ella sólo pudo desviar la mirada para esconder las lágrimas que empezaron a resbalar y escaparse por su mejilla. Salió corriendo y subió al barco que la alejaría para siempre del amor de su vida.

Él se quedó a la orilla como si esperase que el barco cambiara de rumbo y regresara a la ciudad. Pero no. Fue la última vez que la vio.



P.D.: Dedicado a todos mis amig@s y no tan amig@s que todavía creen en el amor, a aquell@s esperanzad@s e idealistas. A quienes escuchan 'En el muelle de San Blás' de Maná, y que por puro sentimentalismo, se les pone la piel de gallina y les da esas locas y raras ganas de llorar.

lunes, 4 de abril de 2011

Coca-Cola tiene razones para creer en un mundo mejor

En el marco de la celebración del 125° aniversario de Coca-Cola, la compañía The Coca-Cola Company lanzó su campaña "Razones para creer en un mundo mejor", plataforma de comunicación que busca inspirar en la gente la confianza de un futuro mejor, y como parte de ello, determinó cuáles son las causas que hacen felices a la mayoría de las personas alrededor del mundo.

Coca-Cola es una de las empresas con un alto valor comercial en el mundo debido a sus siempre deslumbrantes estrategias de márketing, destacándose siempre por la buena publicidad de cada una de sus campañas, los que poseen mensajes originales y optimistas relacionados siempre con la felicidad, el amor y la amistad.

Y creo que más allá de la representación de los valores corporativos de Coca-Cola, sus campañas son muy distintas entre sí, pero todas, casi siempre, resultan ser muy buenas. Probablemente recuerden "Para todos", "Enamorada", "El hombre más viejo tiene algo que decirle al bebé más joven", "Levante la mano", "Generación 80", "Reconciliación", o la recordada "Fábrica de la Felicidad", sólo por mencionar algunas de las más conocidas.

El comercial más reciente se basa en un estudio realizado en el 2010 sobre la situación actual del mundo, que narra una serie de frases comparativas de que pese a cada cosa mala que exista, las cosas buenas terminan ganando. Y finaliza con la frase "Hay razones para creer en un mundo mejor". Publicidad, que para muchos (y me incluyo) se ha vuelto en uno de los mejores comerciales de la historia de Coca-Cola, que a través de sus datos intenta mostrar cierta esperanza de un mundo mejor. Cuando el mundo va tan mal y se confirma a diario en las noticias, un spot publicitario como el de Coca-Cola persigue la contravía de la obviedad para buscar reacciones.

Entrando en el contexto de la realidad, los datos que se sopesan no tienen gran relevancia, ya que la visión es algo ilógica y hasta carece de mucho sentido, al comparar por ejemplo tanques de guerra con la fabricación de peluches, cuando se sabe el daño que pueden ocasionar los tanques. El diseño de una sola arma puede causar millones de muertes.

En síntesis, nos muestran una serie de datos estadísticos obtenidos a través del Instituto de la Felicidad, supuestamente de un estudio el año pasado. Podemos decir que es un anuncio con un mensaje pacifista y con bastante crítica social. Y cabe destacar esto. Aunque suena lógico que una corporación gigantesca como Coca-Cola no se desentienda y sea conciente de los problemas reales del planeta, aportando una visión optimista de las cosas.

Pese a ello, me parece medio frívolo que se compare una bebida mundialmente conocida con la fabricación de armas. Si bien Coca-Cola, es más que obvio que se ha ganado un estatus en el mercado, estas cifras muestran que en el mundo hay más gente afectada por los grandes problemas de la humanidad que se compara en el comercial. Equiparando cosas tremendas y que afectan a miles de personas con acciones cotidianas, que en su mayoría por razones del tipo emotivo, asociamos a algo positivo. Y lo hace aún no estando enfrentandas ni siendo compatibles ni nada.

Si bien es cierto, la campaña contrapone datos negativos a datos positivos con el siempre influyente ropaje de las estadísticas. Y no dudo que las mismas no sean mentirosas, de lo que no estoy muy segura es de la relación causal entre unos y otros. Podemos interpretarlo como datos optimistas, y lo son. Pero aún así creo que todos tenemos más o menos claro que un incremento de la cantidad de peluches fabricados no supone un descenso en la producción de armas. Y que ni una mayor cantidad de donantes de sangre implica que haya menos corrupción entre nuestros políticos.

Me sorprende lo simple y sencillo que resulta conmovernos a los seres humanos. Y es que es muy difícil no congeniar con un comercial que se posiciona en contra de la guerra, de la miseria y la injusticia y más si lo hace mostrando imágenes de un coro de niños multiétnicos del Young People's Chorus de Nueva York cantando uno de los mejores temas de Oasis (Whatever) y que sobre todo, transmite felicidad y armonía. La publicidad intenta establecer un vínculo emocional entre consumidor y marca. Claro, a todos nos gusta un anuncio que conmueva. A fin de cuentas, las emociones son maleables. En fin. Todo comercial es con el fin de lucrar. Así funciona el mundo desde hace cientos de años, persuadiendo para llegar al consumismo. No vale entrar en detalles acerca de la responsabilidad social y pública, cuando pienso que somos nosotros mismos quienes debemos aprender a pasar por un filtro crítico aquello que vemos o escuchamos.

Mucho más allá de todas las polémicas que está causando este comercial a nivel mundial, en esta época en donde los conflictos, las guerras, la crisis, la corrupción y el pesimismo pasaron a ser el pan nuestro de cada día, un poco de optimismo no le viene mal a nadie. Y ojalá el mundo tenga claro que hay que ser más optimistas y que con esto, todos tratemos de creer más en los cambios que podemos lograr con las pequeñas contribuciones individuales, creer en eso más que creer en las grandes movilizaciones masivas que parecen pertenecer a otros para lograr un mundo mejor. Ser optimista, sin embargo, no debe reñir con poner los pies sobre la tierra y tener una clara idea de la realidad, es decir, ser realistas, que la realidad aunque sea agobiante y menos glamorosa, es el entorno cotidiano de cada uno.

Coca-Cola no es la mejor marca del mundo, pero cabe destacar dos grandes aportes de The Coca-Cola Company. Uno es el aporte a la creatividad publicitaria, a las grandes y excelentes ideas de cómo hacer enormes campañas publicitarias a nivel mundial. Y lo segundo, lo cual creo que es lo más importante de esta cuestión, que es una de las pocas marcas de todo el mundo que sí se preocupa por enviar mensajes positivos a la gente, sean adultos, jóvenes, abuelos o niños. Al final de todo, ese siempre ha sido el objetivo principal de la empresa, enviar un mensaje universal.

Y le guste a quien le guste, es un excelente mensaje para este 2011, para dar un poco de esperanza a todos aquellos que a veces sentimos que este país y este mundo ya no tiene arreglo. Coca-Cola todavía cree que tenemos razones para creer en un mundo mejor. Y yo tengo razones para creer en un mundo mejor con o sin Coca-Cola, y ese ya es un buen comienzo. Y más si como soundtrack del mundo ideal que queremos ponemos Whatever, de Oasis!

jueves, 31 de marzo de 2011

Miranda Priestly WANNABE!

No sé de dónde partir para comenzar esta entrada. A lo mejor la falta de práctica hizo que mi instinto creativo se atrofiara un poco… Mucho… Bastante, mejor dicho. Un mes de ausencia... No, un mes y medio… Poco más de un mes y medio entonces, si tenemos en cuenta que febrero solo trae 28 días, no 30 o 31 como todos los demás.

Lo más extraño de todo es que pasaron tantas cosas, viví tantas situaciones que casi debería de escribir una entrada chasqueando los dedos nomás ya. Pero no es tan fácil.

Algunas situaciones no resultan tan dignas de enorgullecer, otras no terminan de dar bronca y cierto sentido homicida. Y otras… Y no otras no dejan de dar cierta nostalgia y cierta tristeza… Humana.

Pocos días antes de que mi ser completito explotara y antes de que me pusiera a pegar gritos y dar patadas por toda la oficina, y después de terminar trabajos que no me correspondían, terminar la edición de abril de la revista y entregarlo casi casi completita, solamente por una cosa ínfima, las publicidades que faltaban recibir de los respectivos clientes. Era el 11 de marzo.

Después de completar 198 de las 200 recetas ara un especial, la edición de mayo estaba totalmente servida en bandeja de plata. Eran las 17:30 del viernes 11. Atrás quedaron los seis meses de trabajo duro, de parecer un pulpo sin tentáculos, de laburar horas extras (pagadas una sola vez), madrugar los sábados, cerrar la oficina a las ocho y no a las seis y media como ‘dictaba’ el horario normal, perderme una hora de almuerzo, de la una hora y media correspondiente, para asistir a sesiones de fotos, para entregar a algún compañero free lance los materiales de producción o esperar, en vano, que él llegara con los mismos en mano. O simplemente para hacer cualquier otra cosa que una persona trabajadora normal que vive dentro de los cánones normales no haría en su hora de descanso. Y todo por priorizar la labor para la cual me contrataron: producir una revista mensual. Negarme a hacer inventarios, a cambio de calentar agua para el mate o ir a comprar yerba para la media mañana de Miranda Priestly, WANNABE (sí, el personaje de Meryl Streep en El Diablo viste a la Moda o The Devil wears Prada).

Así es ella. Todo para qué, se preguntarán. Para ‘reestructurar la empresa’ (primera yo y después quién sabe). Así, en seco. Y encima de todo, no se hace cargo. Lo manda decir por otro séquito esclavo de Miranda WANNABE. Tarea fácil, sabrán los que me conocen, no fue tragarme mi orgullo. Ese afán de perseguir y defender siempre la verdad y los principios de una… Quedaron asquerosamente pisoteados. Una hora antes del horario de salida. Lindo mecanismo para que hoy se nieguen a dar certificado de trabajo que por decreto, derecho, ley y Código Laboral corresponde. Pero bueno. La injusticia gana, una vez más. Qué lo que tanto. Ni de referencia laboral sirvieron.

Atrás, pero muuuuy atrás quedaron esos seis meses de intento y esfuerzo. De pasar de no tener idea a manejar todo casi por completo. De ser contratada como productora, pero terminar siendo ordenanza, experta en planillas y hojas de cálculo de Open Office, excelente preparadora de mates y por poco yuyera también!

Por suerte, o por desgracia, me gustaría expresar en este caso, papá, mamá y Don Creador no me hicieron una persona desagradecida. Al contrario, me enseñaron a ser agradecida hasta con lo más ínfimo de este universo, a no renegar de nada, a no hacer algo de lo que pueda arrepentirme, a poner frente y dar la cara a los desafíos. A entregar el pellejo para sentirme satisfecha conmigo misma.

Y acá estoy. Desempleada, pero feliz. Feliz y satisfecha con el trabajo que hice, con lo aprendido en estos meses de ajetreo laboral y existencial algunas veces. Completa, por la experiencia adquirida. Experiencia que me enseñó a amar aún más lo que hago, muy por encima de las críticas destructivas. Me enseñó a reconocer qué, cuáles y cómo vienen las críticas constructivas y sobre todo, de quiénes vienen. Me permitió conocer el otro amplio mundo de la comunicación y el periodismo, que había sido no son los medios masivos nomás, que hay mucho más detrás.

Que existen personas retorcidas y por supuesto, demasiada competencia, que te hacen exigirte alcanzar la perfección, y que fugazmente uno se vuelve capaz de reconocer a quienes valen la pena y que muy probablemente estarán, ya desde siempre, en el futuro.

No me arrepiento de no haber hecho algo ni de haberlo hecho siquiera. Di mucho más de lo que creía estar dispuesta a dar y bastante más de lo que podía. Me equivoqué, fallé. Obvio, soy humana, de carne y hueso. Y ellos también. No soy rencorosa, pero con esta clase de gente eso se vuelve inevitable. Miranda Priestly WANNABE queda completamente eliminada de mi disco duro, le doy Shift+Delete y fin de la historia. Pero la experiencia vivida en su equipo de trabajo, perdura.

Mientras tanto sigo demasiado esperanzada, más que nunca diría. Me jodieron una vez más después de salir del nido de lagartos, como le llamamos unas cuantas. Pero ya fue. Pillé que estresarse por gente que no vale la pena, enferma, destruye y agota.

Las demás experiencias vividas en estas semanas están relacionadas a las viditas de Mica y Linda. Y de eso no me es grato hablar, de la negligencia y del uso de la medicina veterinaria nada más que como medio lucrativo.

Así puedo llegar a la conclusión de que marzo quizás no fue el mejor mes de lo que va del año. Pero no me da ser del todo pesimista, y acá entran mis amigos y mi familia, que supieron apoyarme en momentos de tempestad.

Además empieza abril, continúa el otoño y como diría Paiko, es hora de poder barrer viejas historias de ayer, tiempo de poder cambiar, de caminar y de correr. Ya no hay hojas secas en mi cabeza. No, definitivamente. Ni Miranda Priestly WANNABE pasándonos Biblias y más Biblias ni mirándome con ojos de búho guardián, como ella creía.

BORRÓN Y CUENTA NUEVA!

Si tengo que empezar de cero, adelante. A cuatro meses de ser licenciada, los proyectos y las ideas siguen cocinándose en el horno de mi cocina. Y las ganas... Más campantes que nunca. Ya no le puedo decir que no a lo que elegí. No tengo ganas de decirle que no.




Por cierto, si quieren conocer más esta historia, vean The Devil Wears Prada. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.


P.D.: Gracias a la amiga Lupe, quien me hizo ver esta película (la historia de nuestras vidas amiga!). Se las recomiendo, por cierto! :D

P.D. 2: Desde hoy, espero conservar mi libertad en el lugar al que vaya a laburar para poder escribir más seguido.